Agosto 2009 Estambul

Hemos viajado a la Constantinopla del imperio Bizantino, Estambul para el imperio Otomano.
En el colegio estudiábamos aquello de “La caída de Constantinopla marca en Europa el final de la Edad Media...”
Es curioso que hayamos escogido esta impresionante ciudad tan llena de historia y tan llena de “antes y después” para las que pensamos serán las últimas vacaciones solos antes de emprender el viaje más largo y esperado de nuestras vidas: la paternidad (Kazajstán.)


De esta ciudad me han impresionado muchas cosas: sus mujeres muchas de las cuales van tapadas desde la cabeza hasta los pies con mas o menos rigor, cubiertas con el hijab (sobremanera las ataviadas de túnicas y velos en negro riguroso, solo permitiendo ver un minúsculo triangulo de su cara: apenas los ojos y la parte alta de la nariz, incluso con guantes negros superando los 35 grados centígrados). Las llamadas a la oración desde los minaretes de las múltiples mezquitas diseminadas por doquier, sus cementerios integrados en la ciudad sin tenebrismo alguno. el Ramadán presente en las calles con los parques tapizados de familias esperando la caída del sol para comer, los puestos de comida callejeros, los de kebab, los de dulces, de helados –y sus famosos heladeros-, por supuesto los bazares y mercados desde los mas conocidos a los menos turísticos, vida por todas partes y a todas horas, los colores, los olores, los sabores…
Estambul es una cuidad infinita, no se acaba nunca porque es una ciudad viva (pero no por ello ruidosa) que cambia con los acontecimientos mas grandes (el día 30 de agosto fue el “día grande o día de la victoria” y la ciudad apareció engalanada con banderas por todas partes y con carteles de festejos) y con los hechos cotidianos: asombra pasear por las calles después de las siete de la tarde porque desaparecen todos los puestos y las
tiendas de las calles no turísticas, cambiando totalmente el apariencia del paseo.
El Bósforo, que recorrimos en una fantástica travesía. Sus mas emblemáticos monumentos: torre Galata, Aya Sofía, la mezquita azul la de Ortakoy (y muchas mas), el palacio Topkapi, y el Dolmanbahce (su sala ceremonial es apabullante) , la intimista cisterna de Yerebatan y sus dos impresionantes medusas con la cabeza acostada …


Estambul la puerta de Europa, ha sido toda una experiencia para los sentidos en un momento muy emocionante de mi vida, donde he dejado atrás un años duros y en particular un invierno y primavera durísimo, y quiero pensar que hemos cruzado esa puerta mágica que nos ha asomado a Asia, donde nos esperan nuestros hijos y nuestro futuro.

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