Feliz Navidad romántica y tradicional

Seré una romántica pero la Navidad siempre me ha gustado, pese a que desde muy pronto en casa hubo que dividirse cómo y con quién se celebraba la Noche buena y la Noche vieja, pero con las luces se me encendía y aún todavía se me enciende el espíritu navideño, echo muchísimo de menos a los que me faltan, tengo ganas de abrazar y felicitar a la gente que me resulta simpática, lloro con el anuncio de turrones "El almendro" (la canción me toca especialmente la fibra sensible) y mi memoria no deja de evocar recuerdo tras recuerdo de momentos "Coca-Cola" de esos perfectos en los que tu vida parece un anuncio.
Después de unos años en los que las preocupaciones y/o los agobios no nos han dejado disfrutar de la Navidad...ni de casi nada, este año quisiera fabricar con mi familia muchos de esos momentos, ¡que los que tenía ya casi los veía en color sepia!Ojalá esta Navidad sea con todo y para todos un tiempo especial, que aunque sea sólo porque es Navidad, nos volvamos un poco más amables y afectuosos, y menos ácidos y egoístas. ¿Quién sabe si volvemos a tomarle el gustillo y lo prolongamos el resto del año?
Pensemos en el efecto espejo... los demás casi siempre nos devuelven la sonrisa.
Bueno ahí va mi deseo, el mío y el de mi familia.
Encended los altavoces,si no se visualiza bien este es el enlace:

Con todo nuestro cariño.

Inteligencia emocional en niños adoptados.

El sábado estuvimos en Granada en un taller sobre Inteligencia emocional (IE) aplicada a la adopción que organizaba la asociación AFAM en colaboración con la Obra Social Caja Granada, lo impartió Marina Pons Vidal, psicóloga y técnico de valoración de adopción durante dos horas y media que se hicieron cortas, -escasas más bien- .
Bajo el lema “"NO SOMOS RESPONSABLES DE LAS EMOCIONES, PERO SÍ DE LO QUE HACEMOS CON ELLAS".
Fue una toma de contacto con el concepto de inteligencia emocional, un dar a conocer en qué consiste y para qué sirve.
Se trata de tener o potenciar la habilidad para identificar y conocer nuestras emociones y las de los demás, y conseguir la destreza para manejarlas.
Algo que parece sencillo, que se supone todos debíamos si no nacer con ello, si desarrollarlo a medida que fuéramos creciendo de manera intuitiva o “aprehendida” de nuestros mayores, de esa “Tribu” educadora que cada día es menos sólida y más provisional, por lo que cada vez es más complicado que nuestros hijos y nosotros mismos seamos capaces de aplicar, de “rentabilizar” lo que sentimos, y sentimos siempre, con todo y con todos, continuamente, pero...¿somos conscientes de que lo hacemos, de lo que provocamos en los demás? .
Parece que la IE hablara de sentimientos en términos mercantiles pero es que se trata de aprender a inventariar nuestros sentimientos, de reconocer y clasificar nuestras emociones y poder controlarlas o adaptarlas a las situaciones a las que nos enfrentamos con ellas de manera habitual de forma que, al ser más conscientes de lo que las distintas situaciones provocan en nosotros, seamos capaces de dar respuestas cada vez más adecuadas a las circunstancias.
No es fácil, pensemos en algo que nos saca de quicio de manera sistemática y de lo mucho que nos disgusta que la ira o el enfado, se apoderen de nosotros, nos hagan su presa y no podamos reaccionar de manera calmada o racional. A veces ni nos reconocemos en situaciones como por ejemplo conducir, o cuando pensamos que nos están “usurpando” algún privilegio, alguna cosa o beneficio que consideremos que nos pertenece por “derecho”. Más o menos se trataría de reconocer esas emociones como violentas o paralizantes o lo que quiera que desencadenen en nosotros y cuantificarlas y dosificarlas, para que no se apoderen de nosotros y nos impidan manejar cualquier situación de forma más adecuada. Con lo que nos sentiremos mejor al ser capaces de manejar nosotros las emociones y no ser manejados por ellas y todo esto trasmitírselo a nuestros hijos para que aprendan a hacerlo. (Ahí es nada) Sin saber que tenía denominación de origen llevo toda mi vida intentando hacerlo, sobre todo en lo que se refiere a emociones viscerales, pero cuando creo que ya lo tengo conseguido siempre aparece alguna nueva situación que da al traste con mi sensación de superación.
Tal vez por eso me preocupa más el ser capaz de trasmitírselo a mis hijos. Todavía es peor el hecho de que desde que ellos han llegado también se ha ido al traste mi armonía, y la persona medida y centrada que creía haber llegado a ser.
Ahora mis emociones se desbordan cada día, a veces positivamente y otras todo lo contrario, me conmuevo con sus cosas o me disgusto y me enfado y han convertido mi vida en un carrusel…bueno más bien en una montaña rusa de emociones.
Supongo que la adaptación es para todos y desde luego que tengo que trabajar mi propia IE hasta conseguir lo que en el taller nos propusieron.

Mi madre decía a menudo que los niños vienen al mundo con cinco sentidos y que de los padres depende que les dotemos además del sentido común y les desarrollemos el sentido del humor. También me decía muy a menudo que tenía que domar mi carácter impetuoso y pasional… Ella cuarenta años atrás ya conocía el tema aunque no supiera denominarlo.
Y es que si se piensa un poco se trata nada más -ni nada menos- de sentimientos, emociones, reaciones con más o menos espontaneidad... todo esto es primario y elemental pero vamos tan deprisa y estamos tan preocupados por las cosas urgentes de cada día que es necesario que alguien nos reúna en un aula, una tarde de sábado de diciembre y nos explique todas estas cosas que pertenecen a nuestra intimidad, emociones y sentimientos intrínsecos a nuestros hijos y a nosotros, tan personales pero a las que no prestamos la debida atención.
Gracias Loreto y Marina por hacerlo.

Noviembre, mes de celebraciones.

Empezó Noviembre, mes de recuerdo para los que no nos acompañan y sin dejar paso a la melancólica tristeza, empezaron las celebraciones:
Primero el cumpleaños de nuestras amigas Ayana y Adolfina, que convirtió una reunión de amigos en un simpático día de campo, de encuentros entrañables con padres e hijos y consiguió implicar a los niños para que se afanaran en preparar pizzas que luego nos comimos niños y mayores e hizo para la ocasión un bizcocho que es uno de los más ricos que he probado en mi vida. Ese día además pudimos compartir un ratito con otras madres y padres conocidos de otras reuniones y ver y abrazar de nuevo a mucha de nuestra "familia por adopción", coincidir con compañeros de fatigas de cursos adoptivos y pasar un rato especial con Emelina, prima de Adolfina con la que está muy unida y que nos llevó dando agradable paseo a su casa a conocer a su madre. ¡Es la familia más acogedora y entrañable del mundo! Entre todos hicieron posible un día de juegos y tertulia estupendo en el que estuvimos muy muy a gusto.

Tres días después, Diana celebraba su octavo cumpleaños; si todos los cumpleaños son importantes este nos parecía aún más porque era su primer cumpleaños en España y probablemente el primero que festejaba así en su corta vida.
El año pasado en Ust-kamenogorsk tuvo regalos de nuestra parte, pero tuvimos que adelantarlos un día, ya que nuestro vuelo de regreso a España era justo el día de su cumpleaños. Así que lo celebramos en una pequeña pizzería en un pueblecito cerca de nuestra casa con risas, juegos y pizzas...

Lo celebramos el martes porque el sábado anterior era la fiesta de Ayana y el siguiente la boda de mi hermano pequeño. Pudimos compartir una tarde de fiesta con un puñado de amigos, menos de los que nos hubiera gustado, pero al ser “entre semana” muchos no pudieron asistir, de los que nos acordamos muchísimo, y sabemos que no hubieran faltado, por ejemplo Evelyn y Nikita de no ser día laborable, si pudieron asistir y acompañarnos a un acontecimiento tan especial: Adolfina, Teresa, la madre de Noelia, Paco y Rosa, Nuestra querida Sandra y su hija Adriana...
Los niños que pudieron venir, jugaron hasta hartarse en uno de esos peque-parques llenos de bolas de colorines, toboganes y columpios acolchados. Se lo pasaron tan bien que el horario previsto aún se prolongó una hora más y a los padres el tiempo se nos fue volando, entre conversación, risas y confidencias. Siempre sucede la magia del tiempo y su vuelo cuando se está a gusto.

Los preparativos.
Preparar una boda familiar siempre es complicado, aunque sólo se trate de vestir a los de casa, y encargarte de detalles o pormenores sin mucha importancia pero a los que les pones tal carga de afecto que para una se vuelven trascendentales. Nos hacía mucha ilusión esta boda en parte esa ilusión venía contagiada por la que le pusieron los novios, queríamos que todo saliera bien y cada uno en nuestra familia pusimos nuestro pequeña aportación en el campo que nos tocaba, el coche perfecto y a punto, los niños que llevarían las arras y los anillos super guapos... y aquí es donde lo tuvimos más complicado, Diana está muy grande para sus recién estrenados 8 años y buscar un vestido talla 12 para la ocasión entrañó su dificultad, los que eran adecuados para su edad sólo los encontrábamos en tallas pequeñas (como mucho hasta la 10) y los de su talla parecían más propios para dar un concierto a lo Hannah Montana, que para entregar unas arras.

A quince días de la celebración aún no teníamos vestido aunque y el problema era encontrar una modista que sin patrón hiciera el vestido que yo tenía pensado a un precio razonable,(hay que tener en cuenta que al ritmo que están creciendo nuestros hijos en un mes la ropa ya no les sirve y este iba a ser un vestido para ponérselo seguramente en esta única ocasión) busqué en internet por marcas, por tiendas y nada... así que tiré por la calle del medio y entré en una pagina web ( http://www.gamgam.es/ ) donde ofrecían vestidos que se ajustaban mucho a la idea que yo tenía confeccionados a partir de sus patrones pudiendo escoger entre modelos, tejidos y colores.

Me puse en contacto vía email, me dieron precio y me mostraron su preocupación por el escaso tiempo que les daba para hacerlo si aceptaba el presupuesto. El vestido salía a un precio más que razonable, era lo que yo quería y el precio mucho más asequible que lo que yo había visto en tiendas, donde ni encontraba talla ni acababan de gustarme los modelos, así que escogí las telas,(ya que el modelo lo tenía clarísimo) les mandé las medidas que me pidieron e ingresé en su cuenta la mitad del dinero que me pedían y el día prometido me enviaron vía MRW el vestido, pagué la otra mitad y bueno... He quedado tan contenta por su seriedad y por el resultado que he decidido añadir su pagina a mi lista de favoritos.
Y llegó el sábado…

Desafiando a la fatalidad mi hermano y su ya mujer escogieron el día 13 a la hora 13 para sellar un compromiso que ya llevaban cumpliendo más de 25 años. ¡Ay los pobres! la de bromas que han tenido que soportar :“que si mira que os lo habéis pensado”… “que si anda que os habéis dado prisa”…bueno, bromas todas para un ambiente distendido y cargado de cariño, lleno de gente que se quería y exento de malos rollos.
El día amaneció radiante, El famoso sol que siempre se dijo que pasa sus inviernos en esta ciudad que nos acoge y ocupa, lució con todo su brillo y sin “chispa” de viento (como dicen aquí).

En casa todo fueron nervios y prisas hasta el momento exacto de llegar a la Plaza Vieja y encontrarnos con la familia de la novia y los amigos de ambos, los de siempre, los de toda la vida, ninguno quiso perderse el acompañar a mi hermano y su ahora mujer en un momento tan importante. Luego enseguida llegó el novio y la madrina con mi hermano mayor y mi cuñada Elena,todos guapísimos para el evento. Nacho apenas vio a mi hermano mayor salió corriendo a sus brazos. Y después la novia envuelta en seda y moaré con el padrino y el fotógrafo, conductor y padre de mis hijos.También nos encontramos con María Muñiz, que era la que oficiaría la ceremonia y a la que debemos agradecer el que hiciera de un acto tan protocolario algo menos árido y además permitió que nuestra entrañable amiga pudiera decir unas palabras sencillas pero emocionantes.
Elena, nuestra muy querida amiga, a la que conocimos por medio de nuestra madre hace más de treinta años y que es una parte importante de nuestra familia, vino desde Zaragoza y desde allí se ocupó de los detalles de la ceremonia desde el cojín para los anillos (que elaboró con esmero su hermana Carmina),confeccionar y editar un precioso pasquín recordatorio del momento, poner música al acontecimiento, y como digo, con una tremenda sencillez, y su preciosa voz de locutora recitar un poemita, y hacer presentes a nuestros seres queridos, los que ya no tenemos con nosotros.


El poema decía así:"El amor de una pareja
no es el que se tuvieron
o el que se prometen tener,
si no aquel que cada mañana
les hace elegir estar juntos.
Es aquel por el que
se ayudan mutuamente.
Es aquel que les hace crecer
como individuos y
y como pareja.
Es aquel que les anima
a hacerse felices uno a otro.
Es el amor por el que deciden,
día a día, compartir la vida. "



Luego Elena ayudó a Diana a decir en Kazajo un emotivo “vivan los novios” que también traía preparado, no se le escapa un detalle...


El acto así resulto memorable más si añadimos las anécdotas de un Nachete que se negaba a entregar el cojín con los anillos que le había sido confiado y que permaneció inquieto aunque atento a pie de mesa de celebración distendiendo aún más el ambiente solemne que suelen tener estos momentos, una de sus ocurrencias fue el entretenerse en enrollar su corbatita y dejarla caer como si de un matasuegras se tratara, todo él muy concentrado en la ceremonia, lo que resultaba de lo más cómico.
Después del beso nupcial y tras los abrazos de parabienes, las felicitaciones, las fotos con los novios, familiares y amigos y las travesuras constantes de Nacho, fuimos al banquete, que empezó con una copa de bienvenida acompañada de unos aperitivos y canapés exquisitos, se notaba que los invitados se encontraban cómodos, no éramos muchos, cincuenta personas entre familiares y amigos, bebiendo, comiendo, charlando y riendo entre si, los niños corriendo y haciendo peligrar a los camareros que con destreza les sorteaban. Diana que no paraba de picar creo que lo probó todo y hasta Nacho se cameló a un camarero para que cada vez que pasara por su lado le bajara a su altura los canapés y así poder participar en el ágape.
Luego la comida, servida en un acogedor comedor en el que dispusieron varias mesas redondas donde teníamos cada cuál asignado nuestra mesa y nuestro sitio y como quiera que en el buen criterio en colocar a los invitados reside una parte importante del éxito de estos banquetes, cada invitado estuvo sentado y acompañado de manera que el buen ambiente reinó durante toda la celebración.

Comimos fenomenal -casi pantagruélico-, charlamos, compartimos y reímos, hubo detalles para todos y luego tras la tarta nupcial, que estaba muy rica y con las mesas levantadas, los manteles ajados, los novios más que vitoreados, llegó el rato de barra libre, y libres ya del “glamour” del principio bailamos niños y mayores sin miedo al ridículo desde la Yenka al kasachok, pasando por –como no- el Aserejé y la Macarena y música de los ochenta, salsa, merengue–y aquí se animó -sólo un par de pasos- hasta el novio.¡Cómo nos divertimos!
Fue un día lleno de alegría y colmado de cariño. Ver a mi hermano pequeño feliz y a su mujer contenta, a los padres de ella orgullosos, compartir todo esto con los más allegados a nosotros, nuestros hijos tan adaptados y recibiendo tantas muestras de cariño por parte de todos y observar a todo el mundo encantado, hizo que fuera para mi otro de los días más felices de mi vida. Uno de esos días perfectos que son geniales porque los vives y compartes desde el cariño más profundo.
Era un día importante una nueva familia se consolidaba, dos familias se hacían una y al mismo tiempo fue la “presentación en sociedad” de Diana y de Nacho, nuestros hijos, que obtuvieron una cálida y afectuosa bienvenida.

El Aniversario. Y la última celebración de este Noviembre de acontecimientos ya que Eduardo y yo decidimos tropezar por segunda vez en el ara del matrimonio un 19 de Noviembre de hace ahora cinco años, ninguno aportaba hijos, pero ambos teníamos mucha ilusión en formar una familia.
En aquel 2005 Diana ya llevaba dos años en el mundo y Nacho nacería dos años después, cuando ya llevábamos un año de entresijos burocráticos recopilando papeles, certificados, superando idoneidades y pruebas para elaborar un expediente que finalmente viajaría a China…Curiosamente en Noviembre de ese mismo 2007 decidimos abrir un segundo expediente para Kazajstán, expediente que aún tardaría dos años y muchísimos sucesos antes de que se resolviera.
Fue el Noviembre pasado cuando al fin un juez de Ust-kamenogorsk, el juez más alto del mundo, nos concedería la paternidad de nuestros hijos.

Mes de Noviembre cargado de recuerdos al que se le suman muchos más con cosas para celebrar. Preludio de Diciembre, otro mes de celebraciones y de recuerdos. Hemos pasado los años anteriores a nuestros hijos añorando un futuro con ellos, persiguiendo a la salud, escapando de presentes inciertos y desafortunados, buscando la manera de escapar a la adversidad con el impulso que nos daba el sueño común de edificar nuestro futuro. Un futuro que ya está aquí.
Ahora quiero vivir el presente, aprender a dejar a un lado -siempre que sea posible -lo urgente para concentrarme en lo importante.


Ahora que los días de este mes -para nosotros, el mes más especial del año-, vuelven a ser corrientes, quiero aprender a disfrutar de su rutina, de las cosas pequeñas de los pequeños momentos que no van a volver y pararme sólo a meditar -si es preciso- de Noviembre a Noviembre.

Halloween, tarde de brujas.

Mi incursión en el mundo de las brujas siempre estuvo marcado por la factoría Disney, Creo que la bruja más típica, la bruja por excelencia es la bruja de Blanca Nieves,(me parecía terrible de pequeña y me lo sigue pareciendo ahora que entiendo más el tema de la rivalidad entre La Reina Grimhilde con la pobre Blanca Nieves), que además todos confundían con la mala malísima Maléfica –bruja de la Bella durmiente- y su sed de venganza.

Las Brujas de mi infancia.



Cuando era una niña me encantaba una serie de televisión que se llamaba “Embrujada”. No se me olvidan sus personajes: Samantha, Darrin, su hija Tabatha, Larry -el jefe de Darrin- y la malvada pero divertidísima Endora madre de Samantha, y de esa serie y por su delicioso recuerdo he usado alguna vez en internet el nick de Tábata y llevo en mi móvil desde que los móviles permitieron personalizar los tonos de llamada, la banda sonora de la serie.
Quien no ha pensado alguna vez que sería fantástico arreglar entuertos a golpe de movimientos de nariz o con un chasquido de los dedos. Nada metafísico, nada trascendental cosas como -por ejemplo-, al buscar desesperada un aparcamiento me hubiera encantado tener ese poder para recomponer la colocación de los coches que sin ningún miramiento al prójimo aparcan como si abundaran los huecos para estacionar, entonces…un golpecillo de nariz y los correría haciéndome sitio y acabando así mi suplicio de todas las mañanas, o un chasquido de dedos y el petardo que aparca ocupando dos huecos en el centro comercial se encontraría su coche con las ruedas hacia arriba, como escarmiento….
Ahora como madre y ama de casa saturada, también me hubiera encantado poseer el don maravilloso de Mary Poppins para ordenar habitaciones y organizar juguetes y ropas y tener su habilidad para transportar a los niños a mágicos mundos de un solo salto y para cambiar los sabores de un mismo frasco de jarabe en cada cucharada…

Ya lo se…Como romántica impenitente mi arraigada idea de bruja es estereotipada e inalterable y con el paso de los años contrasta y choca de frente con las brujas de moda o las de la festividad de Halloween, que estereotipadas también a su modo, vienen a despojarme de mi imagen idealista, aunque a estas yo prefiero llamarlas hechiceras, que suena más a lechuzas y a maleficios.
Yo nunca me disfracé de bruja, de princesa… ¡claro que sí! de niña con cualquier camisón largo de mi madre y luego más mayor con algún vestido de fiesta, o vestida para contraer matrimonio me sentí cual princesa. Pero de bruja …no, y aborrezco las veces en las que me he sentido adivina –o más bien agorera- y hasta sibilina y no precisamente bajo ningún disfraz.
Tal vez por eso cuando Eduardo apareció con un disfraz de diablillo para Nacho y otro de bruja para Diana, tuve la imperiosa necesidad de modificarlo. El de Nacho apenas lo toqué –me pareció perfecto y el más indicado para él –con él está para comérselo- y apenas le añadimos unos diminutos y simpáticos cuernecillos, un rabote de diablo y un tridente que compramos en los chinos, un bigotillo con perilla y unas cejas levantadas con trazos de mis lápices de maquillaje y quedó perfecto!

Pero lo de Diana se complicó, acabé haciéndole para recogerle el pelo, una especie de tocado exótico, con trozos de cordeles de colores, tiras de tejido también de distintos colores y un par de bandas de tul dorado que tenía de la pasada navidad, todo cosido a una goma de pelo y para remate le añadí una pequeña marioneta verde: un cocodrilo.
Luego con otras tiras de ese mismo tul hice una sobrefalda de vuelo abullonada y un lazo que remataba la cintura.

Diana estaba loca de contenta con su traje de “bruja-bella” y Cuando me puse a pintarla de bruja y sin proponérmelo acabó pareciéndose a aquella cantante de opera de origen coreano llamada Kimera, que fue más famosa por el secuestro de su hija Melody que por sus meritos musicales. Unas estrellitas acabaron por enmarcarle las cejas y sustituir a la clásica berruga. El resultado, escoba incluida, no tenía nada que ver con lo que había imaginado inicialmente pero quedó original y “muy disfrazada”.
En la fiesta del colegio había disfraces para todos los gustos, todos los niños quieren jugar al miedo que tanto miedo les da y todos los niños iban disfrazados y casi en su totalidad la estética era la del terror, otros hacían sonreír por la ocurrencia de sus padres ( a uno lo liaron en papel de cocina y esparadrapos a modo de zombi momificado) y si hubiera tenido que dar un premio se lo hubiera dado a una niña que parecía la de la película “Los otros”, tan bien disfrazada iba que mirarla daba autentico miedo.
Hubo también algunas madres con verdadero sentido del humor que se disfrazaron a conciencia y que pusieron mucho empeño en la fiesta, decoraron el pabellón con motivos propios de Halloween recortados en cartulina e incluso contrataron a un par de seudo-magos humoristas que pese a la mala acústica del recinto y los desmadrados niños, hicieron reir y entretuvieron por un ratito a niños y padres con su deslucido espectáculo, el merito es que les pagaron cocinando bizcochos y aportando bebidas e imaginación que luego vendieron en generosas porciones a un euro incluida la bebida. Yo probé un plum-cake que estaba realmente rico.
Lo pasamos bien, pese al miedo que pasó Nacho en algunos momentos con el espectáculo, que creo no entendía y pudimos disfrutarlo más al compartirlo con mi hermano y la que pronto será su esposa, a quienes mis hijos adoran
Pero bueno, quien me iba a decir a mi que tan poco amiga soy de apropiamientos indebidos de tradiciones ajenas, que me iba a meter tan de lleno en estos festivales, debo reconocer que me ha hecho ilusión pero también me he agobiado un poco, pienso que es porque me faltan tablas y me sobra tensión.
Es la primera vez que celebro Halloween y sigo pensando que, de seguir así, adoptando tradiciones extranjeras, acabaremos festejando el 4 de Julio, ya me veo a Nacho disfrazado de Abraham Lincoln, y pintando caras con barras y estrellas…

Un año desde que nos conocimos

Esta mañana en la terraza de la cafetería de al lado de donde trabajo estaban sentadas en otra mesa, a mi lado cuatro mujeres hablando animadamente en ruso y me llegaban palabras sueltas que me han traído muchos recuerdos: Nichevo…jarashó…apashdala…En especial la voz de una de ellas me recordaba mucho el tono de Nadia, la directora de adopciones que nos acompañaba en Ust Kamenogorsk…kazajstán. La verdad es que poco hace falta para conectarme a mis recuerdos, llevo unos días que no dejo de revivir escenas, mi memoria , me trae constantemente a la cabeza lo que vivimos hace ahora un año…las noches de insomnio, los nervios, los preparativos, el demorado e interminable viaje, aquel encuentro con otras familias que como nosotros iban a conocer a sus hijos a siete mil kilómetros de su casa, el aeropuerto de Astana y su silencio tan diferente del de Frankfurt, en aquella madrugada del día nueve de octubre del año pasado, los nervios, las presentaciones, el intercambio de aventuras.
Astaná donde se cruzaron nuestras vidas, las de unas familias adoptantes que emprendían un viaje común que creo nos ha unido para siempre, aquel primer café pedido en ruso, y servido de manera enojosa, aquella madrugada de prisas en que éramos cinco zombis que nos movíamos como autómatas después de un interminable viaje de cambios de vuelos por aeropuertos europeos arrastrando equipaje de mano, documentos y ropas de abrigo para el frío. Fue desde luego que si, un alivio ver aparecer en la cinta transportadora las maletas que por fin logramos cerrar en España, con el peso justo para no tener que pagar el exceso.
Ya faltaba menos, de Astaná a Ust-kamenorgorsk nos pareció un suspirito de vuelo, y otro suspiro aliviados el encontrarnos al equipo de Gala –nuestra tramitadora- esperándonos casi a pié de escalera.
Nos separamos de las demás familias para ir con Víctor el chofer, Nadia –la directora de adopciones – y Raigul -nuestra traductora- al apartamento que nos tenían asignado. Aunque estábamos avisados para una mala impresión del portal y de las escaleras del edificio, el asombro era inevitable, por siniestro, lugubre y lamentable que era el estado de aquel edificio por dentro -el portal y sus escaleras-, menos mal que tras dos puertas:una e inmediatamente la otra, había un apartamento pequeño, sencillo pero cómodo y sobre todo muy céntrico.
Nos dieron apenas un ratito para cambiarnos y abrir las maletas y deprisa deprisa a la casa cuna a conocer primero a Nacho…
Al llegar apenas nos dio tiempo para echar un vistazo a la fachada principal del orfanato, otra de las familias españolas:Juan y Carmen ya estaban allí, entraron primero y en seguida les trajeron a la niña: una bebota preciosa rubia de ojos azules y de nombre Luba. Me recuerdo sentada en un sofá ante el despacho de la directora –que momento más tenso- y los acontecimientos que vivimos después…
El encuentro con Nacho no fué ni mucho menos idílico, más bien todo lo contrario, fue un encuentro dificil, angustioso y conmovedor, mitigada la angustia en gran parte por la tranquilidad que nuestra tramitadora -Gala- nos dió con su pronta presencia e intervención, nos sentimos respaldados y nos dimos cuenta de que estábamos en buenas manos -las mejores- habíamos acertado al apostar por ella en esta arriesgada apuesta que es la adopción.
Con Diana se produjo el encuentro unos días despues y entonces si vivimos uno de esos momentos sublimes semejante a lo que todos esperamos vivir.

Hoy con la perspectiva de los meses pasados, la tranquilidad de saberlos nuestros hijos, que están sanos y cómo están progresando todo se ve de otra manera, pero son momentos difíciles en los que si hay señales alarmantes, te asaltan los miedos, las dudas, la incertidumbre... no es para contarlo...ni tampoco para vivirlo.
Este fin de semana estuvimos con Evelyn y su hijo Nikita una de las familias monoparentales que se formaron allí, Nikita y Diana nos aguardaban en Ust Kamenogorsk en la misma casa de niños, las tardes las pasábamos todos juntos jugando en una sala, especie de gimnasio, que nos cedían para tal fin durante poco más de una hora cada día. En aquel recinto compartimos el periodo de adaptación con nuestra hija Diana, y el de Evelyn con Nikita ya que a Nacho lo visitábamos cada día en la otra casa cuna. Los dos centros de acogida no estaban muy lejos uno de otro y nos permitían recoger cada mañana en su orfanato a Diana para llevarla con nosotros a visitar a su hermano.
Así las mañanas se evaporaban entre juegos y risas de los cuatro en la antesala de la estancia donde se encontraba recogido Nacho y si hacía buen día, muy abrigaditos –eso si- bajábamos a jugar en el recinto de la casa cuna del niño donde había algunos columpios y zonas verdes, o simplemente a pasear rodeando el edificio.
El edificio era blanco con unas franjas de color azul, de aspecto deslucido, aunque lo estaban arreglando, de amplios ventanales en el que hacía un calor sofocante siempre. Todos los que hayan estado en ese edificio tendrán el mismo recuerdo: el olor, un olor extraño y penetrante a comida, siempre el mismo, a todas horas, un olor difícil de olvidar.
Por fuera unos jardines apagados tal vez por la llegada del otoño-invierno, unos viejos columpios y una carretera bacheada, por dentro escaleras de cemento con baranda de hierro, paredes pintadas de colores con dibujos sobre ellas de escenas de cuentos rusos –muy similares al del otro orfanato, con varias plantas de intrincados pasillos con puertas de madera pintadas mil veces pintura sobre pintura y detrás de cada puerta había como departamentos, en cada departamento vivían grupos de niños de edades similares con sus cuidadoras. Eran como estancias independientes con una antesala con taquillas para guardar la ropa de abrigo de los niños que habitaban en ese grupo, que daba paso a la clase o sala donde los niños jugaban, comían y pasaban el día, donde había otra puerta que daba a los baños y otra que debía ser la del dormitorio, todas las estancias tenían cubierto el suelo con enormes y desgastadas alfombras. Nunca pasamos de la primera estancia.
Alguna vez nos asomamos a la sala central y pudimos ver a nuestro hijo, jugando sin mucho interés con algún cacharro o comiendo el solito cuchara en mano y tazón en ristre, en medio de todos sus compañeros, distribuidos y sentados en sillas pequeñitas arrimados a mesas bajitas. No había mucho ruido allí y si mucho calor. No se me olvida la cara de aburrimiento que muchas veces tenía mi niño y como se le tornaba a alegría al vernos asomados allí observándole a hurtadillas. Y cuando empezó a llamarme “mamá hola”…
La casa de niños donde vivía Diana no se diferenciaba mucho de la de Nacho, salvo que la sala donde hacían la vida parecía más una clase y la de Nacho una guardería.
El día en que por fin los dos hermanos se volvieron a ver, los nervios y la alegría de Diana y la extrañeza de Nacho hacia su hermana, que no parecía reconocer, y las palabras de Diana cuando lo vio, “mira son nuestros papás, nuestra mamá y nuestro papá…”
Fueron días intensos de muchas emociones y experiencias condensadas en unas pocas horas, días de preocupación por lo que vivíamos y por lo que habíamos dejado en España. Días extraños con extrañas rutinas, días de prisas y parones en seco, mañanas muy ocupadas y tardes tempranamente ociosas, tempranamente oscuras imposibles de pasear. Domingos de reuniones de españoles con los que nos une ya mucho más que una amistad, días de recopilar datos y recuerdos , en una experiencia única que nunca se volverá a repetir, no de esa forma.
Hoy todos nos acordamos de todos y de todo y cuando nos juntamos o nos llamamos por teléfono siempre desempolvamos alguno de aquellos recuerdos de los que ya nos quedan en común para siempre grabados con la intensidad de lo que entonces allí estábamos viviendo, estábamos sintiendo.
En este día los recuerdos afloran de nuevo, y me veo sentada frente a la ventana de aquel céntrico apartamento una noche a oscuras viendo nevar, no se oía más que el silbido del viento y mientras miraba como se arremolinaban los copos empujados por el aire…quise atrapar ese instante como uno de los escasos momentos en que tuve absoluta consciencia de que estábamos allí, fue la primera ocasión en la que me apeé por un momento del frenesí de las prisas, los nervios, los miedos y el aturdimiento que me producía el que me llevaran a todas partes en volandas con apenas margen de autonomía. No necesito cerrar los ojos para mirar por aquella ventana a más de siete mil kilómetros y un año de mi vida, siento de nuevo todo lo que sentí en aquel momento y me encanta sentir de nuevo la consciencia de mi ser –como la sentí en aquel momento- el recuperar un momento la paz poder oír aquel murmullo y dejar por unos momentos el runrún de las cavilaciones, los ruidos del motor acelerado de aquel maremágnum de acontecimientos. La nieve me trajo aquella noche la consciencia del rumbo que iba a tomar mi vida, una dirección hacia la que llevaba dirigiendo mis pasos cuatro largos años y ”de pronto,” estábamos allí, cumpliendo un sueño, un doble sueño que de pronto había tomado forma caritas y piel.
Hace un año conocimos a nuestros hijos: dos caritas ajenas que ya son propias para siempre resulta tan extraño que tus hijos sean dos desconocidos integrales con los que apenas puedes comunicarte sin un montón de malentendidos y situaciones no siempre divertidas.
Hemos recorrido juntos mucho más que siete mil kilómetros : un largo tramo de adaptación, de encariñamiento y de conocimiento mutuo y lo más extraordinario es que ni un solo día de este año veloz ninguno de nosotros hemos dejado de descubrir algo nuevo, incluso de nosotros mismos. El mundo se ve con otros ojos, y con otra perspectiva, la vida cambia, por supuesto que si, y dejas ocasiones como esta para escudriñar el pasado, flashes de memoria para recordar de dónde venimos, pero aparte de esto los niños te obligan a mirar hacia delante.

Cada día que pasa tenemos más conciencia de quienes somos –una familia- y ahora estamos construyendo el camino hacia el futuro al que queremos dirigirnos. No es tarea fácil pero ¿Acaso lo era el llegar hasta aquí y llegar a estar juntos?