Nuestras primeras notas.

Nos han dado la primera evaluación de nuestra hija Diana, que llegó a España el 23 de diciembre y empezó el colegio el día 11 de enero, con apenas poco más de dos meses de clases a estas alturas del curso, las notas en si podían ser anecdóticas ya que con tan poco tiempo no se puede exigir ni pedir rendimiento académico para una niña que cuando llegó no hablaba español que nunca estuvo escolarizada, que nadie enseñó a escribir, a leer o a contar más allá de los dedos de la mano y que para ponerlo más difícil ni siquiera el alfabeto era el mismo ya que Diana estaba acostumbrada a ver (que no a leer) letras del alfabeto cirílico o kazajo.
Han sido y serán sin duda las notas más memorables de mi hija, aun con sus tres suspensos en lenguaje, matemáticas e inglés. Dejaremos a parte el inglés del que nada esperábamos porque por sentido común es una asignatura que debemos posponer.

No me llena de orgullo las calificaciones sino las notas al pie que su tutora ha tenido la gentileza de escribir de puño y letra y por las que merece la pena tanto esfuerzo de este tiempo, -corto para saber, pero largo y duro para aprender-, de tardes –todas- intentando fijar conceptos, reconocer letras y unirlas en palabras y estas hacerlas imágenes o conceptos para reconocer esos signos y sonidos e incorporarlos al vocabulario de Diana.

Doy por buenos los empachos de Lacasitos para aprender a sumar y restar –eso si, sin llevar- y para entender las decenas y las unidades.
Y sobre todo los esfuerzos por aprender a estudiar, e intentar desarrollar la memoria a corto y largo plazo, a los que hay que unir el desarrollo de mi propia paciencia e inventiva para conseguir
que las tardes de aprender fueran dentro de lo posible entretenidas ( permitidme que aquí me ponga una medallita para subirme la autoestima).
Esas anotaciones al pié de las calificaciones, son nuestra recompensa y nuestra gasolina para seguir trabajando. Hemos hecho fotocopia y se las hemos regalado a la familia.
Por mi parte casi me las he aprendido de tanto leerlas y me gustan tanto esas palabras escritas que no se si enmarcarlas o tatuármelas:

“-Aún presenta dificultades con el idioma, pero ha adquirido en poco tiempo bastante vocabulario, tanto activo como pasivo.

-El método de lecto-escritura seleccionado para ella es adecuado y se ve un avance importante, llegando a dominar las vocales, la m,l,p,d,t,c,n,h,s,z y r. Seguiremos trabajando como hasta ahora porque está dando muy buenos resultados.


-En cuanto a su relación con los compañeros, es correcta en el trato, respeta las normas de los juegos, participa y muestra mucho interés por sus compañeros. Ha ido venciendo sus problemas de comunicación utilizando diversas estrategias para expresarse y ser entendida.

-Es aceptada en el grupo y se ha integrado fácilmente, porque es una niña muy cariñosa y con muchas ganas de integrarse y participar en todas las actividades propuestas tanto por parte de los profesores como de sus compañeros.

-Cuida del material, respeta el de los demás y comparte el suyo cuando se lo piden prestado.



-Muestra mucho interés por aprender y el trabajo realizado se ve reforzado en casa. Es muy importante seguir trabajando en esta línea para llegar a obtener unos resultados positivos e ir alcanzando poco a poco el nivel óptimo en el idioma para trabajar con normalidad las asignaturas correspondientes a su nivel.

-El área de matemáticas también ha obtenido grandes resultados. Concepto de suma y resta, sin llevadas. Series y números de dos cifras.”
Fdo.La tutora.

Al leer esas frases de la tutora escritas también con orgullo y rebosantes de cariño: la Señorita Ruth María Peris López, a quien quiero desde aquí agradecer el empeño, el esfuerzo y su dedicación, haber sido la pieza del motor que ha impulsado a mi hija a aprender, a adaptarse y a sentirse en el colegio como una más.
Esa mujer desde el primer momento ya tenía avisados a sus alumnos de cómo debían acoger a Diana y cuanto iba a necesitar que sus compañeros la ayudaran, igual como se ha ganado a mi hija tiene a toda su clase ganada. Todos sabemos lo que vale tener una maestra no ya que nos enseñe bien –que eso ya vale todo- sino además por la que aprender, que nos mueva a hacerlo y consiga que nos guste y nos de gusto hacerlo por ella, por el cariño de ida y vuelta que le pone y porque lo hace divertido.
Por supuesto que no voy a olvidar la materia prima de la que está hecha mi hija, de voluntad, esfuerzo, perseverancia, simpatía y cariño a espuertas pero tan pequeña que es, necesita quien la guíe, quien le diga por donde ir porque ella por cariño está dispuesta a seguir hasta donde sea, por eso es tan importante que sus instructores sean de primera .
Todos sabemos lo importante que es tener una buena profesora, mi hija ha tenido la suerte de empezar con la mejor.
No se que nos deparará el futuro, pero ahora este presente lo paladeo con gusto y me siento orgullosa como madre, por la parte que me toca de hija linda que tenemos y por que parece que con nuestros más y con nuestros menos no lo estamos haciendo mal como padres primerizos.No lo digo yo...lo dicen nuestras primeras notas!


1 comentario:

  1. Ante tanta rotundidad y cariño que emana tu escrito, no se me ocurre decir nada más que felicidades...
    besos de ele.

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