De chuparse los dedos

Nacho se chupa el dedo, bueno, los dedos porque lo mismo le da el derecho que el izquierdo y suele acompañar su paladear con un trasiego en las orejas, casi siempre en la contraria al dedo que se mete en la boca ¿casi siempre? Si, tiene una oreja favorita, así que si la postura le invita a chuparse el dedo contrario a veces se las arregla para agarrársela aún en posturas imposibles, hay ocasiones en que se pasa la mano por detrás de la cabeza y se coge la oreja favorita que me la tiene que parece de goma, da grima ver cómo se la arruga, pliega y retuerce mientras chupetea.
Tiene casi tres años y hasta ahí puede parecer algo dentro de lo normal, sobre todo en niños que han vivido en casas cuna, todos los que conozco –exceptuando uno que ahora no recuerdo si lo hace- tienen la misma manía o costumbre en distintas modalidades, por ejemplo Luba y Lucas (los dos kazajos pero de casas cuna, regiones y razas diferentes – esto lo digo por si culturalmente podría influir-) se meten dos dedos, el índice y medio de una manera muy particular : con la palma de la mano hacia arriba.
Nacho prefiere la modalidad más tradicional, eso si con el persistente manoseo de orejas y no hay manera de persuadirle para que deje de hacerlo, le tenemos hasta una cancioncilla que dice “dedo no…Nacho dedo no…” música y letra de la que escribe y que le cantamos Diana y yo cada vez que se “engancha” que suele ser a la mínima, ya sea en la trona, en la cama , en el Wc, en el coche, en la silla de paseo, en brazos de pie o tumbado, hasta en la bañera si no está liado salpicando agua e inundando el baño o pescando ranas o “ahogando” patitos de goma, engancha su dedo y lo acaba arrugando -más si cabe- dale que te pego libando dedo y sobando oreja…
Estamos tratando de que sea en la hora de dormir –siesta o por la noche-donde únicamente recurra a esta práctica, porque ya no es sólo las orejillas sino también el paladar que se le está deformando.
Y la niña también…
Nuestra hija practica la modalidad de chuparse el índice y el medio con la palma de la mano hacia abajo y cuando llegó en vez de arrugarse la oreja ella se acariciaba la mejilla con el dedo meñique de la misma mano, como confortándose. Se me rompía el alma al verla, ella lo hacía tan natural que ni se daba cuenta …
Cuando fuimos al dentista, nos dijo que tenía cuatro muelas picadas y seguro que no era culpa de inflarse a chuches.
Ya en la primera visita -la de reconocimiento-, nada más verla el dentista le dijo:
-"¿Te chupas el dedo verdad?"
Diana se volvió a mí y me miró furiosa…
-"No, cariño, no me he chivado al doctor, pero fíjate si debes de tener mal los dientes por eso que sin decirle nada lo ha adivinado."
Entonces le estaban saliendo las paletas y el dentista le advirtió que si seguía con esa costumbre le saldrían torcidas.
Lleva intentando no meterse el dedo desde entonces pero hay noches (y siestas) en las que la encontramos dormidita con sus dos deditos en la boca… hemos intentado unas veces ponerle esparadrapo quirúrgico, y otras una tintura amarga pero sin mucho éxito.

Volvimos al dentista, tenía que empastarle esas cuatro muelas y la pobre estaba un poco asustada - a mi el dentista me da terror y en alguna ocasión la demora en la sala de espera me ha hecho que me “pesquen” intentando huir por el pasillo, menos mal que me conocen y me devuelven a la sala con promesas de atenderme pronto-.
Tengo claro que ese terror -ni ninguna de las fobias que tengo- no se lo voy a traspasar a mis hijos, intentaré infundirles responsabilidad y prudencia- al agua profunda, al aceite de la sartén al freir un huevo, etc- pero no terror, e intentaré inculcarles sentido común, mi madre así intentó hacerlo con mis hermanos y conmigo con más o menos éxito, y decía que los niños con suerte vienen al mundo con cinco sentidos y que es tarea de los padres complementarles con otros dos: el sentido común y el sentido del humor, ambos dos muy importantes para percibir el mundo y desenvolverse en el.
Así que cuando Diana a medida que se iba acercando la fecha para ir al dentista me preguntaba
–"¿Cómo es mamá? ¿Qué hace el doctor? "
Yo le respondía siempre:
-"El doctor hará lo que deba hacer, yo no lo sé porque no soy doctor, pero tu lo único que debes hacer es abrir bien la boca y mirar hacia arriba."
El día “D” Estábamos muy nerviosas las dos, ella por desconocimiento y yo por lo que le iban a hacer, se tumbó en el sillón, abrió mucho la boca y clavó los ojos en el cuadro de fluorescentes del techo. Se portó de maravilla, el dentista pudo hacer su trabajo tranquilamente, dándole las indicaciones pertinentes, sin tener que amonestarle ni una sola vez, ella sabiendo que yo la miraba desde la salita anterior de vez en cuando me indicaba con el dedo pulgar que todo iba bien.
Cuando por fin terminó, el dentista volvió a hablarle sobre los inconvenientes de chuparse el dedo, haciéndole hincapié en lo fea que estaría con los dientes torcidos.
Al salir y por su buen comportamiento le dimos un relojito de premio-está aprendiendo la hora- con la condición de que si se chupa el dedo se lo requisaremos.
Luego busqué en la red imágenes de dentaduras feas y bonitas y las rotulé a píe de foto “ se chupaba el dedo” “NO se chupaba el dedo” y se las mandé por correo a Eduardo. Cuando Diana llegó del colegio le pedí a su padre que mirara en el correo las imágenes que “nos había enviado el dentista para que viéramos los problemas que podía tener Diana si se seguía chupando el dedo”.

Cómo Diana ya sabe leer le pedimos que leyera los pie de foto y a medida que iba leyendo y viendo las imágenes ponía las caras de espanto que yo esperaba provocar. Parece que lo de una imagen vale más que mil palabras ha surtido efecto porque ahora es ella la que corrige constantemente a su hermano diciéndole la boca tan fea que se le va a poner si se chupa el dedo y ayer por la noche tras haber visto la película “La Bella Durmiente” añadió de su cosecha “ ¡...Y no te va a querer ninguna princesa!”.

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