Ir al contenido principal

Primeras vacaciones de verano juntos

Soy autónoma, lo cual es un contrasentido porque me siento el ser menos autónomo del mundo, este año con el mes que pasamos en kaz, la semana después para recogerlos, los casi cinco meses de baja maternal…total que este año aunque me lo he currado de lo lindo, desdoblándome y tresdoblándome incluso, no he “trabajado” practicamente nada en mi profesión, por lo que "mi jefa" ha optado por no darme vacaciones, me he quedado cubriendo al personal, a quien ¡por fin! le llegaron las merecidas vacaciones ya que en todo el año no ha podido tomarse ni un sólo día. Yo me he tomado tan sólo la semana de feria que aquí se cierra por las tardes y por las mañanas apenas hay movimiento, salvo para la feria de medio día.
Las mini vacaciones las hemos pasado en Zaragoza, en casa de Elena, mi hermana escogida, mi amiga de toda la vida, tutora de nuestros hijos a los que ya conoció en una visita que nos hizo pero a la que no habíamos vuelto a ver en casi seis meses salvo a través del Skype, ese programilla por el que puedes hablar y ver a quien está al otro lado del ordenador aunque esté en la otra punta del mapa.
El mero hecho de pensar en movilizar a toda la familia, equipaje, organizar la marcha y la vuelta…
...Me daba una pereza tremenda,pero he de reconocer que ha valido la pena, han sido días de relajación y convivencia de tener ocasión de observar a nuestros hijos a través de ojos ajenos, de ver cómo se portaban en “sociedad” a lo que no están acostumbrados: casa ajena, visitas, comidas familiares…
Se han portado de maravilla han colaborado mucho y además se lo han pasado fenomenal y nos lo han hecho pasar muy bien.
Todo era nuevo y todo se convertía en un parque temático ¡hasta montar en autobús urbano les parecía emocionante y divertido! tanto, que sólo cogimos el coche en dos ocasiones para hacer dos excursiones una a Pamplona y otra al Monasterio de Piedra.
Montamos en telecabina y superado el miedo inicial les pareció como “ir en avión”, visitamos el acuario, ese día hacía tal torrija de calor que no había apenas nadie y no pararon de ir de aquí para allá descubriendo, señalando y alucinando con las especies de animales que se exhibían, Nacho imitaba con la boca a los peces, ponía cara de cocodrilo, soltaba un ¡“que agco!” enfrente de unas ranas -verdaderamente desagradables- que viven en las copas de los árboles, o se tronchaba de risa con un pez unicornio que parecía tener nariz y que resultaba de lo más cómico.
Diana al principio me preguntaba si tal o cual especie acuática era comestible y si estaba buena de sabor si se comía o a qué sabía, pasado ese primer momento en que más que en un acuario parecía estar en el mercado o la lonja del pescado, empezó a disfrutar también de lo lindo.
Mi hija es una todo terreno, y su entusiasmo la lleva a no quejarse de cansancio si hay algo nuevo esperando un poquito más allá, no importa de qué se trate, estos niños tan impresionables y tan conformables son una gozada.

Estuvimos visitando Olite que está a 42 kilómetros de Pamplona y su precioso castillo-palacio, Diana mi aprendiz de princesa en seguida preguntó por las princesas y príncipes moradores de tamaño palacio, cuando le explicamos que si que hubo un tiempo en que lo habitaron reyes, príncipes y caballeros, reinas, princesas y damiselas, pero que ahora no vivían allí, ella no se conformó y seguía preguntando a cada rato en toda la visita por los dormitorios de sus admiradas princesas, especialmente le interesaba ver el de Blancanieves…
Cuando comprendió por fin que no iba a ver realeza alguna ni sus aposentos, tal y como ella los imaginaba y viendo decaer un poco su interés se me ocurrió comentarle que posiblemente quien si habitaba los rincones del castillo sin ninguna duda serían las hadas y los duendes, que pequeños como cabeza de alfiler, seguro que estarían trasteando por los rincones de palacio observando...
No dejó rincón sin mirar e incluso le pareció ver un hada y su vuelo dorado en el reflejo que el sol hizo de la esfera de mi reloj sobre una de las paredes del castillo, fue tan fugaz que ella quedó del todo convencida de que aquella era una hada y el de Olite un castillo encantado.
Nacho subió sin quejarse y con decisión todas y cada una de las escaleras de caracol que nos encontramos, hasta el último tramo, saludando y haciendo gentes a su paso, comentando con su lengua de trapo lo que veía y asomándose también por cada hueco, pidiendo aupa para asomarse por cada ventana.
El no entendía de hadas ni de duendes, ni de reyes ni de caballeros, para el era como un inmenso Chiquipark donde ensayar sus saltos y poner a prueba nuestra forma física. Incansable Nacho, imparable, ni siquiera la ola de calor-que nos persiguió por todo Navarra y Aragón implacable-, mermaron un ápice su entusiasmo en ningún momento!
Los ratitos en que nos trasladábamos, en coche o autobús dormía lo suficiente como para recuperar –si es que las perdía- fuerzas para volver a la carga con energías renovadas.

Zaragoza, Olite, Pamplona, el Monasterio de Piedra, Albarracin... son lugares ya para nuevos recuerdos, los del primer verano juntos, las primeras vacaciones, escenarios para siempre inolvidables que forman ya parte de nosotros y los que recordaremos de forma especial en el álbum llamado “verano del 2010,” nuestro primer verano juntos.











Comentarios

Entradas populares de este blog

Tu hijo y el mío cumplirá años mañana.

Esta noche antes de que tu hijo y el mío cumpla 9 años, -siete de ellos conmigo-, y desde la oscuridad de un recuerdo que ni él ni yo tenemos de ti, quiero reservarte un hueco en mi pensamiento. Cómo no hacerlo en este aniversario de su alumbramiento, en este día en que celebraremos  que vino al mundo, porque lo trajiste tú. Pariste un ser que sin conocerte te quiere, que sin saber apenas de ti se preocupa porque no le olvides, por tus pensamientos y por tus sentimientos y que sin entenderlo, perdona el que no pudieras cuidarlo.  Diste a luz a un ser lleno de luz, un ser especial como pocos que vive y hace vivir intensamente a quien comparte su vida, su espacio o su momento, que te hace mirar un mundo que ilumina con sus ojos y convierte en un sitio mejor y mágico, pero, ¿cómo unos ojos tan pequeñitos y oscuros pueden proyectar tanta luz? Te lo estoy contando y el corazón henchido de orgullo se me escapa por las manos que teclean. No puedo dejar de pensar que esos ojos provienen de t…

ESE DUELO QUE NO CESA. El duelo por el vuelo adolescente

En estas fechas hay emociones removidas y duelos que si no se han superado, regresan con una gran fuerza. Aparte de las situaciones de pérdida por muerte de seres queridos o por bancarrota emocional  (en las relaciones sentimentales) en la vida hay muchos momentos de duelo, de riguroso luto interno, que son difíciles de superar. Momentos de pérdida, de desmoronamiento interior que te borra de un plumazo la realidad que tu creías a pies juntillas que de pronto se desdibuja, se evapora, ya no existe y te das cuenta de que aquello que creías que era o que iba a ser, ya ni será nunca ni tal vez existiera, salvo en tu cabeza, aunque para ti fuera la mayor de las realidades y en tu mundo fuera tan real como el aire que respiras, que tampoco lo ves pero existe y sabes que es el que te hace posible vivir cada día. Y sufres, y te apenas, y te bloqueas emocionalmente, y lo peor es que muchas veces lo tienes que hacer en silencio porque a tu alrededor todo el mundo le resta importancia, lo mini…

Kintsugi: el arte de hacer bello y fuerte lo frágil.Resiliencia

A todos los que nos movemos por el mundo de la adopción, a todos los que la vida ha roto alguna vez...a todos.


Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.

El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi. El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza. El kintsugi añade un nuevo nivel de complejidad estética a las piezas reparadas y hace que antiguas vasijas pegadas sean aún más valoradas que las que nunca se han roto. Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber es…