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Cuando se paraliza un proceso adoptivo

Se están produciendo abandonos de aspirantes a padres adoptivos a los que se les agotaron las fuerzas de tanto nadar contra corriente.
Personas que se apean de su viaje interminable a ninguna parte, tras recorrer virtualmente países de todo el mundo, que dejan tras de si la posibilidad de ser padres, de amar y que les amen incondicionalmente.
Un viaje que probablemente les tenía paralizados todos sus otros proyectos, que les condicionaba la vida en aras de una promesa, que lejos de darles felicidad les estaba amargando la vida.

Y ahora esto... justo cuando creían estar tocando el cielo, sus expedientes ya estaban en el país, que tenían incluso asignada región de la que probablemente se conocían todos los datos: los orfanatos, el tiempo atmosférico, lugares donde ir, sitios donde comprar y por donde moverse... les quedaba nada...y les han cerrado las puertas en las narices.
Siempre se ha dicho que la "pasta" de la que están hechos los padres adoptantes es de una pasta especial, que si no sería imposible aguantar lo que se aguanta y no desistir. Pero la paciencia tiene un límite: 4...5...6 años...Cada cual sabe donde está el suyo, a veces el límite es la edad, no es lo mismo estrenarse como madre a los 40 que a los 48 ó 50...
Podemos añadir además a alguno de esos casos de renuncia los años anteriores de búsqueda de la maternidad por clínicas y hospitales.

Yo también me bajé del tren de la maternidad biológica tras años de viajar por probetas y tratamientos tras muchos intentos fallidos y someterme a un legrado a las 7 semanas e embarazo, volver a probar otra y otra vez y al final desistir porque a parte de la salud y entre otras cosas no puedes más con la desilusión.
Me apeé descreída de aquella noria, pensé que por alguna razón la maternidad me estaba negada y aún tuve que oír que era mejor que abandonara porque -y son palabras textuales-"a saber lo que Dios nos estaba evitando al no darnos hijos". No se me olvidará esa frase aunque ahora me sonrío... miro a mis hijos kazajos y me sonrío.

El camino de la paternidad y aún más si cabe el de la adopción por la manera en que se desarrolla, es personal e intransferible, pero casi todos pasamos por las mismas estaciones: la ilusión, el papeleo una y otra vez renovado, certificado, pasado por notario, apostillado, traducido y enviado... el "examen de padres" a veces dos y tres veces realizado, donde te miran con lupa tus intimidades y tus posibilidades... y lo más agotador: la persecución del expediente y ver cómo otros compañeros de viaje lo consiguen y tu -inexplicablemente- siempre te quedas atrás, a un paso, creyéndote cerca pero estando tan lejos como estas familias, estos aspirantes a adoptar en Kazajstán les ha ocurrido, están tan lejos como al principio.

La de la foto es mi hija cuando estábamos aún en Kazahastán, y se me ocurre pensar que en alguna parte, -quien sabe donde-, tal vez un niño sea abandonado por segunda vez, qué pena que el hado, la providencia, "Karma", la suerte o el destino de ese niño sea siempre el mismo, “las circunstancias”, las que hicieron que llegara a un orfanato, y las de ahora, las que le impedirán reunirse con quienes tanto desean amarle y cuidarle.
No se me ocurriría intentar convencer a nadie ni para que intente adoptar ni para que deje de hacerlo, del mismo modo que no se me ocurriría inmiscuirme en la historia ni decisión personal de nadie que, desde su corazón haya decidido que ya no puede más y que renuncia.
Tan solo me atrevería a decirle que si de corazón, sin apremios ni arrebatos, si el abandonar su sueño le produce algo parecido a quedarse paralizado,completamente exento de motivación, como si se le hubiese fundido el motor que le impulsaba- los hijos son motor de existencia-, esa tal vez sea la señal de que su viaje en busca de un hijo aún no ha terminado.
Mucha suerte.

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