Semana a ritmo de Samba

La semana pasada fue un horror.
La intervención que Eduardo tenía programada en Granada nos trajo de cabeza a todos y nervios a parte, no tuve un minuto de respiro:
Los niños: Nacho-un autentico ”espejo- esponja” que absorbe y refleja cualquier cambio de humor, de situación y al que afecta en su estado anímico incluso el tiempo meteorológico, que lleva dos semanas despertándose en mitad de la noche y no queriéndose volver a dormir.
Y Diana que empieza a creerse lo de “que somos para siempre” y ha empezado a portarse de una manera más “natural”…


En casa: Loli,-la inestimable ayuda en las labores domésticas- fallando por problemas familiares de diversa índole, a cual más justificado, pero el enorme papel que me hace una vez por semana y la puesta a punto de suelos , muebles puertas y ventanas llevan carentes de sus cuidados intensivos dos semanas y con esta tres…
En el trabajo: Sonia, otra maravilla de persona, a la que también quiero mucho y que me ha ayudado en la tienda y durante la enfermedad de mi hermano y la de Eduardo y en la baja maternal se hizo cargo de casi todo y a la que aun sigo necesitando pero me ha sido imposible conservar…
Justo ahora que ya no me creo ninguna superwoman ni de lejos, -¡vamos mas que “no me lo creo”, es que ahora se de primera mano y sin temor a equivocarme que no lo soy!- es cuando de pronto todo parece complicarse.
Tan enzarzada estaba yo en desliarme y organizarme para dejarlo todo bien dispuesto para marcharnos a Granada –no sabíamos por cuanto tiempo- a la operación de implante de la válvula fonatoria que devolverá la voz a Eduardo, que justo cuando ya tenía la maleta cerrada para mandar a los niños a pasar estos días a casa de mi hermano y mi cuñada, me avisa mi vecina Teresa que Nacho el viernes tendría que ir al colegio disfrazado porque era la fiesta de carnaval…la verdad es que si le dieron algún papel a Nacho (que seguro que su seño se lo dio) yo no hice acuse de recibo y ni tenía idea de que tenía fiesta ni que necesitaba disfraz... menos mal que con el aviso Teresa me dió la solución y me prestó un traje de espadachín tipo Cid Campeador con escudo incluido con el que vi el cielo abierto.
Lo que no pude ver fue la cara de consternación de Nacho cuando mi hermano y mi cuñada lo llevaron el viernes al colegio vestido de Mío Cid y se encontraron con la sorpresa de que tenía que ir disfrazado …si…PERO DE PAYASO!
Tras el éxito de la intervención, el despertar sin problemas de la anestesia y la tolerancia a los líquidos, le dieron el alta hospitalaria a Eduardo a última hora de la tarde y decidimos regresar a casa. Cuando llegamos aunque no era demasiado tarde , estábamos cansados y “postoperados” y decidimos de acuerdo con mi hermano, no ir a recoger a los niños para poder descansar esa noche en casa del día tan intenso que había sido el de la intervención. Además cada vez que había llamado para saber cómo se estaba desarrollando la visita había notado que tanto niños como tíos estaban muy a gusto juntos por lo que me relajé y también pude descansar.

Al día siguiente mi hermano con su fina ironía me puso al tanto del encuentro entre mi “oscuro” Cid campeador y sus coloridos compañeros…la cara de Nacho y la extrañeza de su “seño” que quedó muy sorprendida al ver a Nacho de tal guisa, pero no puso ningún problema. Isabel, nuestra “seño”, que es una mujer de lo más completo: muy guapa, simpatía a raudales con tablas y sentido del humor suficientes como para asumir meteduras de pata de madre primeriza mucho más importantes que esa y si que comentó de manera amable, su desilusión por no haber podido ver a Nacho vestido de payaso.
Cuando me llamó mi hermano yo estaba a punto de salir para ir a trabajar ya que Eduardo estaba estupendamente y había pasado una noche bastante tranquila.

No lo pensé, cogí del armario una camisa de cuadros un pantalón de peto y unos calcetines de rayas, pinturas de tocador y conduje hasta la tienda del chino que pertenece a nuestro distrito (creo que se ubican como las farmacias, por sectores o barriadas) y en cinco minutos compré una peluca morada y unas manoplas enormes amarillas aunque no tenían nariz de payaso y cinco minutos más tarde el amable Federico –conserje del colegio de mis hijos- me estaba acompañando al pabellón deportivo donde tenían reunidos a todos los niños pequeños disfrazados, una congregación de niños con coloridos disfraces donde mi Nachete se veía oscuro y sombrío en su traje de Cid campeador, ¡menudo fiasco de campeonato!, no hicieron falta palabras, a nadie sorprendió mi impulso, empezando por Federico, seguido por Isabel, que nada más verme en la puerta del pabellón me trajo a Nacho para que lo cambiara y el profesor de apoyo que también es un encanto, enseguida vino a brindarme su ayuda y a dejarme unas pinturas para rematar el improvisado disfraz: rojo para la nariz azul para agrandar la boca y verde para dos cruces en los ojillos, no se como me salió el también improvisado maquillaje si los payasos nunca me llamaron especialmente la atención!
La verdad es que fue una gozada poder disfrazarlo de payaso ya que es un disfraz mucho más en sintonía con su carácter y con la alegría de la fiesta y el ambiente.

Cuando salí del colegio inmensamente agradecida a todos por haberme permitido subsanar el error, me sentí invadida también por un sentimiento de alegría, sin pensar en nada mi maquinaria maternal se había puesto en marcha y sin reparar en vergüenza o en qué pensarían de mi, la sola idea de mi Nacho contrariado por el error u omisión de su despistada madre había sido suficiente para que hubiera removido lo que fuera por remediarlo.

2 comentarios:

  1. ¡¡Ja, ja¡¡ Un payaso genial. Me he leido tu entrada sin respirar... vaya velocidad... No se si superwoman, pero supermadre SI.

    Me alegro de que todo haya salido tan bien.
    Un abrazo
    Itsaso

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  2. Digas lo que digas, a mi que te conozco un poquito no me la das...claro que eres supermamá, pero eso si, a veces vas de incógnito. Como debe ser.

    aialmar

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