A veces se desborda el corazón

Cuando al vivir experiencias creamos los recuerdos aunque sepamos que luego vamos a atesorarlos, nunca le damos el valor que van a adquirir después.
Últimamente y sin poder evitarlo se me desborda el dolor por los ojos, es como si mi corazón fuera un depósito que se fuera llenando de gotitas de evocaciones: un jersey extrañamente del mismo color naranja -tan difícil-, o un pájaro que se cruza delante de mi parabrisas(siempre consultaba con mi hermano qué pájaro podía ser) con su peculiar manera de volar y sus colores- por él se cómo es por ejemplo, un abejarruco-, o nos llamábamos si había una luna especial o por un cúmulo de nubes dibujando formas caprichosas en los cielos siempre azules de aquí...
No podría encerrar los recuerdos en ningún cajón, porque todo lo que me rodea, el día a día de toda una vida está impregnado de él.
Todo lo que me recuerda a él me va colmando el corazón y sin previo aviso, de repente un suspiro y se me desborda el dolor, como si se abriese una válvula y unas lágrimas irreprimibles acaban con mi entereza esté donde esté y me paso el día evitando recuerdos, y trato de desviar mi ruta para no pasar por delante de aquél hospital y evito cosas que puedan hacerme daño y me dicen “trata de no pensar”, como si eso fuera posible.
Los últimos eran seis años de constante preocupación, ya no tengo esa preocupación es cierto, ya no se me encoge el corazón si de camino a casa me cruzo con una ambulancia con la sirena puesta y ya no tengo que llamar para escuchar su voz y aquilatar si todo estaba bien. Ya no tengo la angustia ni el miedo a cómo sería el final y lo que pasaría,-ahora ya lo sé-, ya no sufro porque él sufría, ahora todo eso ya pasó.
Siempre lo digo, mi hermano era mucho más que una persona enferma, eso era una circunstancia, su parte de mí no la llenaba sólo preocupación y angustia, me aportaba mucho de una manera tan natural, que ahora es cuando me doy cuenta de cómo vacía ha quedado esa parte que de mí le pertenecía.

A pesar de la pena tan honda, tengo muchos proyectos de futuro y dos de ellos en presente constante que llenan mi vida y me ocupan y que acaban de llenarme de orgullo con las notas del primer trimestre.
Diana mi campeona, que no sólo ha aprendido a leer (entendiendo lo que lee) y escribir (con una preciosa letra) sino que ha sacado un sobresaliente en nuestra asignatura más difícil: Conocimiento del medio, tan difícil era de asimilar las diferencias del medio que antes conocía... y ahora mira… sus mejores notas, y lengua y matemáticas y lo demás no se quedan atrás con notables, se me llena la boca y también se me desborda el corazón de orgullo.
Y mi trasto -descendiente seguro de Gengis Kan-, que sigue en su línea pero avanzando, avanzando como una apisonadora que todo lo arrasa, con sus progresos de manera adecuada y un simpático guiño de su maestro en la nota en la que nos anima a seguir avanzando y un “saber...sabe mucho” lleno de cariño y complicidad que agradezco profundamente. Joaquin, su profesor, es nuestro aliado y nuestro maestro (también de su padre y mío) para sacar adelante a este niño nuestro tan particular y tan especial.
Mis dos proyectos han salido adelante, su padre ha sabido suplir y tapar los huecos que en estos dos últimos meses he podido dejar y juntos hemos podido salvar los muchos escollos que nuestra desgracia familiar –que es la de todos- nos ha podido causar.
A través de ellos y sin remedio miramos adelante y hacemos planes de futuro ilusionantes para todos y yo me aferro a ellos , a mi familia a mis ilusiones, y me ocupo y me preocupo de miles de pequeñas cosas que me impidan colmar ese aljibe, pero no es posible parar ese goteo constante, porque es por traspiración, porque en el corazón cada día se filtran si poder evitarlo instantes de una vida que es parte de la mía que ya no está y me falta y me duele como aquel al que le amputaron un miembro y mucho tiempo atrás lo sigue notando.
Se que tengo que aprender a vivir de nuevo incluso las tardes de sábado,lo sé, y volver a reconciliarme con las cosas que no entiendo y aceptar la vida que me toque sin las vidas en las que necesitaría apoyarme. No hay apoyos suficientes y cuando alguno de los fundamentales se pierde, sigues caminando renqueante.Pero sigues, caminas y te acostumbras, todo eso ya me lo ha enseñado la vida...varias veces.
“Mira a tus hijos y apóyate en ellos” me dicen, pero…no, en los niños no, en los niños no puedo apoyarme para seguir adelante, es una responsabilidad que no les pertenece.
Tengo afectos y amigos que son como familia elegida,y mi hermano mayor que a lo lejos anda también recogiendo sus pedazos, creo que nos evocamos demasiado dolor para ayudarnos, Los hermanos mayores tienen que cuidar /salvar a los pequeños y ninguno de los dos pudimos hacer nada por evitarle ni un minuto de enfermedad o sufrimiento a nuestro hermano pequeño, siempre será nuestro pequeño, que ha dejado un hueco enorme y nos ha dejado muy vacíos de él.

Me apoyo sobre todo en Eduardo, me conforta y entiende y comparte mi dolor, porque le quería también. Es él el que me soporta en el amplio sentido de la palabra, el que me sostiene…me apoyo en él pero lo hago con miedo, tengo miedo a ser un rey midas al revés que todos a quien amo y necesito se me los lleva el destino, y con Eduardo ya lo intentó una vez.

Anoche hablamos de las Navidades, ya hemos puesto el árbol y escrito las cartas a los reyes y aunque sabemos que van a ser difíciles de pasar lo haremos pasando de puntillas por los momentos más cruciales y llenándolos de nuevos recuerdos, intentando que sean buenos y lo más posible exentos de pena, para que a los niños -pese a que aquí no hay nieve-, sean para ellos unas “blancas navidades”, alejadas del luto y del dolor que mi hermano tampoco hubiera querido.
Ya que nada será lo mismo tendremos que encontrar la fórmula de construir unos nuevos buenos recuerdos.

 "No es bueno repetir lo que está dicho. 
 Después de haber hablado, 
 de haber vertido lágrimas, 
 silencio y sonreíd: 
 Nada es lo mismo. 
 Habrá palabras nuevas para la nueva historia 
 y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde." 

 Ángel González

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