Lo importante es participar

Desde este blog quiero  hacerme eco de una muy interesante iniciativa y os pido que toda el/la que tenga un blog o facebook o twitter  ayude a divulgarla. Así como quien crea que puede aportar su experiencia participe en ella.

Desde del Departamento de Psicología de la Universidad de A Coruña (UDC) y el centro ALEN, centro de atención a familias adoptivas y/o acogedoras, se está llevando a cabo un estudio sobre problemas de aprendizaje en niños que han sido adoptados.    

¿Cómo se puede participar en el estudio?

Es muy fácil, solo tenéis que dedicarnos un poco de vuestro tiempo y rellenar la siguiente encuesta:  

Vínculo de la encuesta: 
        
http://blog.adopcionyescuela.es/

Se trata de una encuesta que ha de ser respondida por la familia, en soporte electrónico, con una duración aproximada de treinta minutos y siempre de forma anónima.       
¿Quiénes pueden participar?


Todas aquellas familias que hayan adoptado uno o más hijos y que presenten cualquier tipo de problema relacionado con el aprendizaje, sobre todo si les han insinuado ( sirve una mera insinuación por parte del profesorado) de que su hijo tiene problemas de ATENCIÓN .


Desde su blog “Rarezas de la adopción” Rosa Fernández nos invita a participar:

http://rarezasdelaadopcion.blogspot.com.es

“Todos sabemos la importancia de los estudios, de las investigaciones, que ayuden a la educación de nuestros hijos. Lo sabemos, pero para poder tener resultados fiables hace falta una buena (grande) muestra. De esta forma los resultados obtenidos tienen mayor validez.
El estudio va bien. Muy bien. Pero necesitamos que más familias nos dediquen unos minutos y rellenen la encuesta.
Por eso os pido que nos ayudéis desde vuestros blogs, anunciando el estudio. Poniendo un link en vuestro blog: 


GRACIASSSS.”


Se me agotaron los cuarenta



Se me agotaron los cuarenta…todos los cuarenta.
Hoy sin remedio mi carnet cumple medio siglo, se dice pronto pero a mí me resuena como un eco en las entrañas que me dobla. De acuerdo que no hay otra opción – sin mentir-, mejor que cumplir años pero  el 50 es un numero al que no le tengo simpatía por muchas y diversas razones que no voy a enumerar.
Llevo todo el año anterior mentalizandome, queriéndome hacer amiga de esta nueva década que hoy empiezo, la vi venir de lejos y de reojo ya la veía que venía atravesada. La antipatía dicen que es mutua y va a ser verdad porque no ha habido forma de reconciliarnos.
La cincuentena y yo no nos gustamos.
Sé que habrá un millón de personas y sus razones para las que esta edad en la que ahora ingreso, les parezca maravillosa aunque de salud estoy estupenda -sin entrar en detalles (tocaremos madera)- yo hace mucho que me voy fijando y no le veo las bondades ni en mi propio cuerpo ni en los ajenos (de acuerdo, hay algunos hombres que mejoran con la edad, pero mujeres…¡que pocas...! Descontando a Michelle Pfeiffer y Elle Mac Pherson y hasta hace poco Sharon Stone también se conservaba muy bien, pasados los 50 el declive parece inevitable...

Pero photoshop y cirugías aparte, cuidándose, con ciertos retoques y trucos en el vestir, en el arreglo personal aún podemos salvar los trastos poniendo mucho empeño en lo de buena presencia. Lejos quedan los días en que una camiseta mona y unos vaqueros eran suficientes.
Pero sola y sin trucos frente a mi espejo  chivato y mentiroso, el mismo que hace años me convencía de que no estaba tan mal…ahora no puede mentir ni por piedad.
De arriba abajo ni mi pelo, ni mi piel, ni tan siquiera mis orejas son las mismas, yo creo que ni los dedos de los pies -la parte abdominal ni la mentamos-... por citar un ejemplo: el vello (que nunca fue mucho) ha desertado a rodales en sitios oportunos y ando al acecho por si por contrapartida le da por salir por donde no debe y es que no hace mucho  mi hijo de 5 años después de besar a una señora no quiso volverla a besar al despedirse porque decía que pinchaba... (¡tierra tráganos!)

Sin llegar a esos extremos (el tiempo y el  láser lo dirán) sí que es verdad que un día te depilas la ceja por la mañana y de pronto te rascas el entrecejo y te encuentras con un cañón que no sabes si es que ha salido por generación espontánea en ese exacto momento y con esa longitud -así de repente- o que la presbicia  te ha hecho pasarlo por alto y te planteas cambiar el espejo de aumento del baño por un telescopio…
Por otra parte -digo yo- que esa pérdida de nitidez en la vista no será a la postre una bendición maquinada por la sabia naturaleza que te va emborronando la mirada a medida que tu imagen también pierde nitidez y lozanía.
Hago un feedback de la otra crisis, la de los cuarenta que hoy me pilla tan lejos.
 La pasé también, ya lo creo, tal vez un poco adelantada, esas preguntas de hacia dónde voy y de dónde vengo, tenían una dimensión, si me apuras, más emocional y sentimental a aquellas que ahora me parecen tempranas edades cuarentañeras.
Aquella crisis se llevó por delante un estilo de vida sistematizado, monótono y erróneo y tiempo después dio paso a la persona –y sus circunstancias- que soy ahora… Y es verdad que con la edad algunas -y sólo algunas-  de las cosas mejoran… pero por dentro, porque lo que es por fuera, van quedando los vestigios de la mujer que una fue...que no es que fuera un bellezón, ¡ni mucho menos! siempre he sido una chica del montón...del montón más bien de abajo, pero es que las guapas de mi tiempo eran naturales, sin siliconas ni artificios y con aquellos patrones de belleza, los de toda la vida (90-60-90) a los que en un pasado no tan lejano, me aproximaba por pocos centímetros,por aquel entonces en el espejo me resultaba cómoda de mirar y sin presbicia!
Hace poco vi un tráiler de una película de la que no recuerdo el título, en que una chica se negaba a cumplir los cuarenta porque decía que aún le faltaban un par de años para hacerse a la idea y que se iba a instalar en los 38 hasta que se fuera acostumbrando al cambio de década…La entendí tan bien! que decidí cumplir 49 bis.


 Yo tampoco me siento preparada para inscribirme  de cincuentona o es que no quiero desterrar al Peter Pan que de alguna forma alimento al preservar las tradiciones infantiles y mi gusto por la fantasía, las hadas, los elfos, y las películas de Walt Disney. Ese ser que se niega a crecer o a madurar en unos poquitos y recónditos rincones de mi mente, se niega a desterrarse al país de Nunca Jamás… o tal vez y dicho  con propiedad soy yo, todo el resto de mi, la que no quiere ir a esa tierra sin retorno, donde ya algunos sueños son por ley natural imposibles, otros por sentido común y otros por imposición social (del tema laboral a los 50 hablamos en otro momento).

 Frivolidades aparte, cambiar de prefijo me está costando un disgusto.
Lo pienso y me doy cuenta de que toda esta disertación, toda esta exposición de estos pensamientos tan privados, no es otra cosa que cobardía.
Siempre he sido muy miedosa para enfrentarme a la vida porque se lo dura que puede llegar a ser cuando se le antoja someterte a pruebas ejemplares. De todas me quedan cicatrices  y las cicatrices se vuelven arrugas no sólo en el alma y no hay ni crema que las atenúe ni bisturí que las remedie.
Tal vez necesite ayuda para superar mi miedo a esta nueva década que hoy comienza, la certeza de que he vivido a buen seguro más de media vida y que para ello he invertido toda la juventud que correspondía, con toques de madurez a destiempo, que son los que hoy me hacen querer posponer un poco más lo que creo me faltó por disfrutar (sobre todo con los niños, que tanto se demoraron.) 
O tal vez busque –o funde- uno de esos grupos tipo Cincuentones Anónimos y consiga con alguna particular terapia acomodar tanta emoción incómoda que se me despierta con el tema de la edad y del tiempo:
 “Hola…Me llamo Mercedes y  he cumplido cincuenta años.”


El ratoncito Pérez ¿fantasía o realidad?


La vida continúa, entre dientes que se caen y dobladillos que se han de descoser, zapatos que se quedan pequeños casi nuevos y camisetas rabicortas,  una cama que se cambia por otra de mayor tamaño y fotos que revelan más que cualquier otra cosa cómo están creciendo y cambiando mis hijos, que siguen sonriéndome en estéreo, con sonrisas de dientes caídos, los dos.
Nacho con cinco años recién cumplidos empezó con uno de los de abajo que se tragó y que pareció mudar enseguida y hace unas semanas al recogerlo del cole su maestro me tenía guardado el segundo en caer,también de abajo, justo el de al lado que se me antoja un poco más lento en salir de nuevo, es posible que haya empezado a mudar por los primeros que le debieron salir de bebé (según parece lo normal es que los primeros que se caen son los primeros que salieron) yo no puedo saberlo, pero me imagino a mi Dianushka y a mi Nachete de bebés con los dos dientecillos de abajo recién salidos…
No voy a entrar a describir la nostalgia y el dolor de no haberlo vivido, “quien lo probó lo sabe”, que diría Lope de Vega tratando de definir el amor y sus pesares.
Diana esperó a llegar a casa, a España, para empezar a mudar los dientes, recién cumplidos los 7 años, sin hablar mucho español acogió la idea del intercambio de regalos por su diente caído con toda la natural ingenuidad, aunque tuvo un poco de reserva con eso de que un ratón se fuera a pasear por debajo de su almohada y entre su pelo, arrastrando un juguete o unas monedas para luego llevárse su trofeo dental (claro que bien pensado la idea es de lo más escalofriante.) Cuentos e ilustraciones con dulces y simpáticos ratoncillos le ayudaron a no indagar mucho más y a aceptar el intercambio, aunque de vez en cuando me preguntaba que por donde entraba el ratón amigo en casa y si en nuestra ciudad había ratones y que qué hacían y en donde vivían. Y cualquier agujero en el campo o por la calle era señalado como posible morada del enigmático ratón.
Nuestra hija no había vivido nunca ni celebrado tradiciones parecidas ni grandes ni pequeñas, en el país donde nació existe Nauryz que se celebra el 22 de marzo, el día del equinoccio de primavera, es la fiesta de la primavera y la abundancia, la despedida del invierno, es una celebración similar al año nuevo nuestro, Nacho era muy chiquitín cuando le adoptamos y es obvio que no tiene recuerdos, pero Diana tampoco los tiene ni de esta fiesta ni de la navidad  que allí parece celebrarse con una mezcla de tradiciones. 
(Para saber más sobre las tradiciones Rusas y en especial Kazajas, en este tema y en muchos otros el mejor blog al que dirigirse es kazajstanblues)
Pero no tiene recuerdos de Navidades vividas en primera persona, ni siquiera había celebrado un cumpleaños propio, el séptimo fue el primero, con nosotros, por todo esto es por  lo que quisiera alargar lo más posible toda la fantasía y la magia que ella ha querido conservar. Hace tiempo que leí que los niños seguirían creyendo en aquello que quisieran y les gustara creer. ¡Y es verdad!



Ya con diez años, antes de la navidad pasada en el colegio le desvelaron quienes son los reyes y aún con dudas (yo creo que por las ganas de que si fueran verdad) me lo preguntó abiertamente un día en el coche a la vuelta del cole cuando había ido a recogerla a ella a su hermano y a uno de nuestros vecinos:

-Mamá en el colegio hay niños que dicen que los reyes son los padres…
En aquella ocasión y sin saber si el niño que venía con nosotros sabía o no la respuesta e incómoda porque Nacho estaba presente, le pedí que lo habláramos más tarde, pero ante su urgente insistencia le dije que eso entraba en el ámbito de lo que uno quisiera o no creer y que mientras siguiéramos creyendo en ellos, “los reyes” seguirían trayendo regalos y juguetes a nuestra casa...
Así sucede parecido con el ratoncito Pérez.

Hace poco y con pocos días de diferencia a Nacho primero y a Diana después se les cayó un diente. Como el primer diente Nacho se lo tragó, en su segunda ocasión alucinó con la visita  del ratón que con dos de las monedas de euro más relucientes que pudo encontrar y porque le dejó hasta un pequeño rastro de pelillos (cortados a un plumero…)



A Diana  días después y por tratarse de un molar recibió tres de esas monedas relucientes, pero al despertar y por su actitud –con un puntillo de nostalgia- me  quedó claro que ya no creía que un ratoncito por amigable y simpático que fuera se deslizara por su almohada.
Nacho de por medio, sólo le hablé del regalo y ella dijo :
 -Para que las cosas “simpáticas” sigan  sucediendo hay que creer en ellas…
Y luego estuvo encantada con su dinero en el bolsillo que quiso gastar en la pastelería en una merienda especial y contando y recontando lo que aún le sobraba y los planes que con ello iba a hacer “a largo plazo”: guardarlo en la hucha que tienen a medias y que quieren llenar para luego comprar un juguete o “ir de viaje”… ( Aún no tenemos muy claro el precio de las cosas, ni el valor del dinero)
De vez en cuando la veo saltar de un lado al otro del espejo. A veces la oigo hablar con su hermano al que tampoco le falta imaginación- entre lo que ella considera realidades y fantasías… 
La niñez precisamente es eso: el caminar por un sendero donde se entremezclan ambos mundos, donde coexisten las mágicas y brillantes fantasías con los oscuros y los grotescos y temibles monstruos más variados, con las realidades cotidianas. Verdades y “mentiras” que poco a poco y al crecer,  cada vez se irán distinguiendo mejor  y reduciendo en número y riqueza las fantasías y mudando los cocos infantiles por otros ogros más reales y mundanos.
Diana siempre quiso ser princesa. 
Recién llegada decía a todo el mundo que quería ser médico -o maestra- y princesa, un día al contárselo a mi hermano pequeño, recientemente fallecido esté le contestó: 

-Me parece muy bien sobrinita, porque lo de princesa y periodista ya está “pillao”…



Desde siempre su mundo de quimera tiene los tintes rosas de los cuentos de hadas y de princesas que le encantan (quizás un poco acentuado con brillos de lentejuelas y purpurina que tanto gustan en los países del este) y conserva y disfruta de poder tener ese recinto maravilloso donde nada es verdad ni mentira que se llama fantasía. A  las hadas, los duendes y la magia  apartados de la realidad hemos conseguido no desterrarlos de la ilusión y ubicarlos en un lugar entre la  leyenda y la fantasía y todos los personajes, los bondadosos, y los no tanto como brujas, monstruos y criaturas conviven en un mundo personal que mis hijos se han creado y que llamamos –como no-  Fantasía.

Los niños en general y mis hijos en particular, pasan mucho tiempo hablando de personajes imaginarios y se interesan extraordinariamente por los personajes que conocen o descubren en la tele o en los cuentos. Nacho nos pregunta todo tipo de detalles acerca de fantasmas, de héroes de comics, sobre cuando van a venir y cómo son las criaturas de otros planetas o sobre toda clase de monstruos y siempre que hablamos enseguida apostilla:
-Pero no existen.
Diana toma partido y le contesta a su hermano sobre los personajes que maneja y discuten y hablan de sus características casi siempre terroríficas cuando se trata del mundo de Nacho y mi hija los sitúa enseguida alejados en el tiempo y en el espacio, y si entran en la polémica existencial han encontrado la respuesta perfecta: existen si, pero en la fantasía.

Y si me preguntan, como yo siempre he creído y sigo creyendo en la magia de los reyes magos, en las brujas (de las cuales conozco alguna) de los ángeles (que también conozco) y los demonios… yo siempre les digo  que el hecho de que se pueda hablar del gato con botas de  Hansel y Gretel, de Blancanieves, o de hadas o por supuesto del ratoncito Pérez indica que existen de alguna forma... si no existieran no se podría hablar de ellos…¿no?