Entendiéndonos, entendiéndolos.

Resumen de la charla coloquio con José María Herrera organizada por el Instituto Familia y Adopción 

http://www.familiayadopcion.com/
¿Cómo influyen las experiencias vividas con nuestros padres, madres, cuidadores, en el desarrollo de la personalidad?
La charla comenzó haciendo un recorrido por las distintas corrientes psicológicas para analizar las relaciones humanas y poder entenderlas y encuadrarlas en una corriente psicológica optando por la humanista corriente positiva, de Carl Rogers (1902-1987) para la que  toda persona  puede llegar a ser lo mejor que pueda ser porque  el organismo tiene una tendencia innata hacia el crecimiento personal, actualizando sus potenciales para conseguir su máximo desarrollo , lo que Rogers denomina “tendencia actualizante” que quiere decir que todos y cada uno de nosotros podemos llegar a desarrollar el máximo de nuestras capacidades. Igual que sucede con un árbol, porque sus raíces buscaran la buena tierra y el agua para poder desarrollarse como tal.

Lo que ayuda a la persona a desarrollar su máximo potencial es a través de la relación entre las personas, partiendo de la base en que la relación en si misma ya sirve de ayuda.

La relación de ayuda  es toda relación (cualquier tipo de relación)  en la que al menos una de las partes intenta promover en el otro el desarrollo, la maduración y la capacidad de funcionar mejor y enfrentar a la vida de manera adecuada, pero para ello se necesitan  tres actitudes:

Actitudes necesarias para construir una relación de ayuda:

La empatía
Empatizar es muy complicado ya que significa entender al otro desde el otro y no desde mí.
No se trata de simpatía, no es identificarse  emocionalmente con el otro, no es identificarse por “lo mismo”.
Es captar el mundo del otro desde el otro, teniendo en cuenta los sentimientos, las creencias, actitudes y opiniones así como la postura del otro, “desde donde habla” esa persona.

La aceptación incondicional
La aceptación como actitud.
Para promover una relación de ayuda hay que aceptar al otro sin condiciones, sin juicios críticos.
Esto no quiere decir que yo haría lo mismo o que estoy de acuerdo con cómo es la otra persona. Pero si que lo acepto tal y como es.
Porque si yo me siento aceptado, puedo explorar cómo soy, elegir libremente y crecer.
La aceptación incondicional lleva a una autoestima incondicional y empieza por nosotros mismos.
La aceptación condicional lleva a una autoestima condicionada. 
Si no nos aceptamos incondicionalmente no podemos aceptar incondicionalmente a nadie. si no nos sentimos aceptados incondicionalmente nuestra autoestima no será sana.
En nosotros también puede haber cosas que no nos gusten, pero las aceptamos.
Una autoestima sana lleva  a aceptarse y a aceptar al otro genuinamente.
Tanto la empatía como la aceptación incondicional necesitan de una autenticidad, de una coherencia.

La congruencia
Se tiene que dar en dos niveles:
Uno más externo con manifestaciones verbales y no verbales: Lo que decimos verbalmente y lo que expresamos con nuestro lenguaje corporal. 
Y uno más profundo en el que para que se de esa actitud de coherencia, de empatía y aceptación,  se tiene que enlazar lo que pienso con lo organísmico (lo que siento en las entrañas): Soy congruente cuando lo que pienso y lo que digo y lo que siento están alienados.
Pero esto resulta complicado puesto que hacemos las cosas desde la idea que tenemos de nosotros mismos.

La falta de congruencia.
Sucede cuando es diferente como somos y cómo creemos ser.
Ejemplo:
Si yo me creo una persona no agresiva y algo por dentro me coloca mucha rabia y si por algún motivo esa rabia aflora y me muestro agresivo, como yo no me creo que sea una persona agresiva, como no puedo admitir que soy agresivo, creo defensas de todo tipo, por lo que suelo culpar al exterior, al otro “es que me provoca”.
Si nos relacionamos con un niño y yo no soy agresivo (me creo que no soy agresivo) y algo de lo que hace o dice me sienta muy mal, filtraré esa rabia de manera que ni yo mismo sea consciente, intentaré aceptarle, empatizar, pero la rabia se me come y ni siquiera soy consciente de eso, algo me está impactando y no lo veo, por lo que necesitaré una gran capacidad de introspección para preguntarme ¿A mí qué me pasa?
Y el problema que nos encontraremos será que tenemos una parte de nosotros mismos que no queremos conocer, y que de ninguna manera queremos admitir que somos agresivos (“Yo no quiero saber que soy agresivo, no puedo saberlo”) porque resulta muy amenazante para nosotros el sabernos agresivos. Lo que provoca una enorme resistencia a esa introspección.
Cuando una parte de nosotros sale de forma inconsciente y no la podemos gestionar, al ser diferente de la representación que tenemos de nosotros, nos defendemos contra ello.
Cuanta mayor sea la diferencia entre el yo real y el que yo creo que soy, mayor problemática para poder brindar una relación de ayuda porque esto produce una enorme resistencia a la empatía a la aceptación incondicional  y a la congruencia.

¿De donde proviene esa diferencia entre lo que soy y lo que creo ser?
De un conflicto entre dos ejes fundamentales que son definitorios de la personalidad:
Necesito que me quieran y necesito ser yo mismo.

-La necesidad de ser uno mismo (para conseguir nuestro máximo desarrollo personal)
-La necesidad primitiva de que me quieran para sobrevivir, (“Si me quieren no me dejaran abandonado”) por lo que preciso del vínculo con el otro (conseguir “la mirada del otro” que es significativo para mí, de mis cuidadores)para subsistir. 
Estos dos componentes constituyen la personalidad, pero pueden ser incompatibles  y por supervivencia siempre que haya un conflicto entre ellas elegiremos la mirada del otro, por encima de ser uno mismo.

Por ejemplo:
Yo tengo un hermanito pequeño y le tengo unos celos terribles, cuando saco la rabia que me provocan esos celos mi madre me dice: “eres malo y no te quiero si haces eso”, ¿qué haremos? Entre ser como somos (con nuestra rabia y nuestros celos y perder la aceptación de la madre, elegiremos siempre la aceptación porque necesitamos a los otros para sobrevivir, a nuestros cuidadores. 

Todos creamos una identidad y tendemos a mantenerla toda la vida, manteniendo la consistencia de nuestras creencias personales sobre nosotros, lo que nos ayuda a sobrevivir y nos da estabilidad psicológica, aunque esta idea estática nos genere otro tipo de problemas.

Por ejemplo:
Si hemos crecido con la idea de “yo soy tonto”, inculcada por nuestras personas de referencia, esto nos va a condicionar a no intentar, a no probar muchas cosas, a perdernos muchas oportunidades, y da igual si hemos hecho dos carreras y tenemos un magnífico trabajo, se lo atribuiremos a circunstancias externas como por ejemplo a la suerte, porque estamos condicionados por la  idea que tenemos de nosotros mismos y esa idea es la que tenemos de la realidad y no modificaremos la idea interiorizada de que “soy tonto” porque de alguna forma es nuestro eje sobre el que hemos estructurado nuestra identidad. Si yo pensaba que era tonto y ahora pienso que soy listo pondré en juicio todos los demás conceptos que forman en bloque mi identidad poniéndome en riesgo, riesgo de no saber quién soy, me arriesgo a destructurarme.
La idea del yo funciona en bloque así que si yo siempre he creído que soy tonto y ahora descubro que soy listo…el resto de conceptos que forman la idea que tengo de mi mismo entran en tela de juicio, toda mi identidad se tambalea. Ante esto prefiero seguir pensando que soy tonto. Porque es la identidad (el saber quien soy) la que nos ayuda a sobrevivir, aunque se haya formado a través de la mirada del otro, un otro enfermo o dañado.

La visión de nosotros mismos es lo que más peso tiene en nuestra vida y todo lo vamos a construir y nos vamos a relacionar y vamos a vivir en función de esa idea, que tenemos de nosotros mismos, construida posiblemente sobre las ideas limitadoras de nuestras personas de referencia.

Todos tenemos una idea del yo falseada y desde ahí vivimos. 
Hay una serie de ideas que nos condicionan en todo,  en como nos relacionamos, qué nos atrevemos a experimentar a hacer etc.

Cómo se construye una personalidad ¿Qué sucede con un niño?

Las características del niño:

-El niño cree que su experiencia es la realidad.
Para el niño LO QUE VE ES LO QUE ES. No tiene filtros ni tiene capacidad de distinguir lo que está bien o lo que está mal: 
Si su padre le grita, el niño  no discrimina que es porque ha tenido un mal día en el trabajo. Si se  siente inseguro es que el mundo es inseguro.

-El niño tiene tendencia a desarrollarse en todas las facetas.
Reacciona a la realidad que tiene delante optimizando sus realidades en relación a ella. Tiene como algo innato la tendencia actualizante (desarrollo de sus potencialidades) y todo lo que encuentra que le ayuda a construirse lo valora como positivo (por ejemplo jugar, que sus padres le sonrían etc.) y lo que no le ayuda lo valora como negativo (como malo) igual que una planta cuyas raíces optaran por la tierra fértil y en donde la tierra no es fértil no se desarrollará.

La cuestión es ¿En qué entorno se desarrolla el niño?¿En qué entorno “ha caído”?
Si el entorno es sano no hay problema. Pero... ¿Y si no es sano?

Si el entorno no es sano el niño construirá su identidad en una realidad que no es normal pero que él aceptará como normal sin cuestionarla.

Cómo  nos desarrollamos: cómo construimos nuestra identidad.

Algo innato en todos para desarrollarnos es nuestra tendencia a diferenciarnos del otro.
Algo en mí me va a hacer construir la diferencia con los demás. Una conciencia individual de nuestra identidad.

Por edades:

Niño de meses: No hay idea de sí mismo, no hay diferencia.
2 años y medio: Empieza a decir “no” para diferenciarse de su madre.
6 años: Empieza un contenido psicológico, soy bueno, soy malo, soy bueno jugando al futbol  etc.

¿Cómo lo hacemos? 
Representando la realidad, la experiencia y dejamos como espacios en blanco, como "entre líneas", para vernos  a nosotros mismos interactuando con esa realidad: Juego a pelota y me veo a mí mismo jugando a pelota. Ese mecanismo mental de representarme en lo que hago, esa interacción con el entorno aumenta la consciencia de lo que soy, de quien soy.

Lo más crítico es que nuestra identidad, la del niño, la de todos, se crea a partir de mirarnos en espejo falsos. 
Si en la interacción con mi entorno -que es donde construiré mi identidad-, recibo mensajes de rechazo, si me dicen continuamente que "no valgo para nada”, me lo creo firmemente porque las informaciones falsas, para el niño son verdaderas.
Como uno se va viendo en la mirada del otro así vivirá y así se irá constituyendo su identidad.
Si nos revisamos a nosotros mismos y nos damos cuenta de cómo nos vemos y que aparte del porcentaje genético, toda nuestra identidad se ha basado en cómo me fui viendo en función de los espejos en los que me reflejé, en las miradas de personas sesgadas, nos daremos cuenta de cómo nos vemos y desde esa manera de vernos, hemos vivido. 

La necesidad de la consideración positiva de los otros:

Para conseguir la consideración positiva, que es lo que necesita para sobrevivir, para que le cuiden, el niño deja de escuchar sus propias necesidades para hacer lo que los demás le exijan y para ello se desconecta de lo que es, de lo que necesita para desarrollarse y hace lo que le exijan, sea lo que sea, -“yo valgo si hago lo que quieren los demás”-, aunque esas exigencias provengan de un entorno dañado y enfermo, él no discrimina si eso es lo normal o no, no tiene capacidades para dilucidar si está buscando la consideración positiva de un entorno enfermo, o dañado, si las exigencias, si la agresividad etc, es normal.  Él es la única que conoce.
Si el niño no llega a satisfacer nunca esas exigencias, si por mucho que se esfuerce no nota la consideración positiva, por parte de sus padres, edificará su identidad desde la creencia de que es un fracasado.
Ya de adultos podemos darnos cuenta de si crecimos en un ambiente dañado y como adultos podemos empezar a entender cosas que nos suceden que provienen de habernos desarrollado bajo la mirada enferma de nuestra persona de referencia.
Por ejemplo:
Si cuando yo estudiaba sacaba un 6 y mi padre –que no tuvo ocasión de estudiar- me exige un sobresaliente y yo percibo que o consigo eso o no voy a conseguir la consideración positiva, mi autoestima estará condicionada:" yo valgo mientras consiga lo que me exigen los demás".
Pero si yo no tengo la capacidad para ser el primero de la clase, por mucho que lo intente porque no puedo, interiorizo que soy un fracasado porque “no valgo”.
El problema es que pueden imponerme exigencias a las que no llegue, o pueden ser exigencias erráticas o puede ser que aunque consiga lo que me exijan nunca sea suficiente y acabo por creerme que no valgo para nada.

Consideración positiva de sí mismo. 
Mi estrategia para conseguir la consideración positiva es que, siguiendo con el ejemplo, si me exigen sacar buenas notas constantemente, termino por exigírmelo yo. Yo interiorizo lo que los demás me exigen como exigencia propia, y me considero positivamente cuando hago lo que me exigen por mí mismo. Para conseguir la consideración positiva de mis padres, para que me valoren.
A través de un criterio valorativo (lo bueno es lo que me consigue la consideración positiva y lo malo es lo que no me la da) acabo por incorporar las exigencias de mis personas de referencia como propias para evitarme conflictos. Incorporamos lo que está bien y lo que está mal en función de lo que los otros nos han exigido pero lo incorporamos como propio (En todos los niveles en los que sea que se den, los estudios, la sexualidad o lo que quiera que me condicione para conseguir aprobación)

Desarrollo de desacuerdo entre el YO y la experiencia
Si  estoy “construido” de forma que en mi idea del yo me tengo que ver como un triunfador y los datos de la realidad que hay en ese sentido apuntan a que no lo soy. Maquillo la realidad y me defiendo echando la culpa a los demás o a algo externo.

Contradicción en la conducta
De idéntica manera si mi conducta no cuadra con mi idea del yo la disocio o la trasformo, para mantener la idea que tengo de mi mismo (en el ejemplo de la agresividad :"Yo no soy así, la culpa de que me ponga de esta manera es del otro", “es que me provoca..." etc)
Hay incongruencia con lo que creo y lo que hago.

LA REINTEGRACIÓN

¿Cómo se consigue minimizar la distancia entre ese yo que creo ser y mi yo real? 

La primera estrategia sería la de valorar mi experiencia de forma menos condicional: Dejo de valorar mi experiencia como positiva cuando cuadra con la idea del yo y negativa cuando no cuadra con la idea del yo. 
Le quito peso a las conductas que no cuadran conmigo. “Ser agresivo es ser agresivo y si funciono así pues es lo que hay”
Tengo que poder aceptarme, no tengo que gustarme, sino aceptarme incondicionalmente. “Soy agresivo, vale, no me gusta pero lo soy”.

¿Y cómo se consigue esto? Consiguiendo una consideración positiva de una persona de criterio. De una persona que me entienda de verdad, (que empatiza conmigo). una persona que me acepte como soy sin reservas  y sin engaños. 
A partir de ahí  puedo yo considerarme positivamente y desmontar mis defensas, que ya no necesito y puedo reconstruirme.
Algo que se produjo desde una relación contaminante, que me obligó a construir defensas y estrategias de supervivencia, sólo se puede arreglar desde otra relación con otra persona que me permita ser como soy realmente.
Pero esa persona de criterio tendrá que tener las tres actitudes (empatía, aceptación y congruencia) para que me de el marco de seguridad que permita empezar a avanzar y desarrollarme.

APEGO  Y TRAUMA

Los niños nacen con las capacidades limitadas para la autorregulación, los bebés humanos dependen de la relación con sus figuras primarias de apego para sobrevivir, aunque esta relación sea inconsistente o insegura será la que diseñará el marco en el cual  el bebé desarrolla sus tendencias para la regulación de la activación del afecto para el resto de su vida.

Trauma:
son provocados por acontecimientos o situaciones inadmisibles que me desbordan y no puedo gestionarlo.

Si yo tengo una pérdida brutal y tengo un entorno seguro y una relación que me acoge y que me ayuda, lo supero. Pero si no tengo ese entorno ni esa relación, me supera. 

Apego traumático:
Si el apego es inseguro o tiene problemas o el propio apego es traumático, el niño generará estrategias de carácter que le ayudarán a compensar las necesidades no satisfechas, las fallas de seguridad, el maltrato, etc.
Estas estrategias tienen una intención adaptativa.
La estrategias de desarrollo van a ir en función de cómo y cuando se produzcan los problemas.

En la primera etapa de desarrollo se pone en juego la existencia y la seguridad.
Si en esa primera etapa, en el útero o poco después, hay algún tipo de trauma o de dificultad para poder desarrollarse, esto genera en el bebé una sensación de riesgo vital.  Ese trauma hace que el niño genere unas estrategias de carácter determinadas:
Cuando el niño se siente rechazado o no deseado por estar descuidado, no se ocupan de sus necesidades, puede ser víctima de abusos, etc. La  estrategia más común es la de retraerse, ("lo de fuera es terrible") aparta el mundo emocional e intenta controlar y blindarse en el pensamiento y de mayores tienen  la sensación de falta de pertenencia, de que algo en ellos no está bien, de inseguridad permanente. 
Si en esa primera etapa en el parto o poco después no ha habido problemas pero poco después el niño experimenta una ruptura de esas condiciones o  un trauma cuando siente que el cuidador no está ahí para atenderle.
Lo que le hace crear una estrategia de intensidad emocional, todo es extremo. Necesita siempre más, siempre está demandando y no se conforma nunca. Necesita sobre todo atención.
De adultos tienen las creencias de que sus relaciones han de ser intensas, que nada es perdurable si no todo cambiante y precario. "La vida no es estable". Tienen la sensación de que no pueden bajar la guardia y sufren una sensación de constante inseguridad. Tan demandantes son que acaban por  sufrir rechazos y vuelven a vivir lo que vivieron aquello que  les desencadenó el problema.

Todo el desarrollo gira en torno a la necesidad y al apoyo.
Con lo que cada uno se va estableciendo en una serie de ideas nucleares del tipo:
“Mis necesidades no van a ser satisfechas”, “nadie me apoya”, "tengo que hacerlo todo por mí mismo” adoptando la autosuficiencia como estrategia de carácter.
Cada cual adopta su propia estrategia de carácter por lo que en contraposición puede haber otra que sea completamente dependiente “yo necesito ayuda”, “no puedo hacer nada solo”.
Nuestra propia estrategia de carácter es muy importante para el fluir de la relaciones con nuestros hijos.
¿Qué pasa, por ejemplo, cuando nuestra estrategia de carácter es contrapuesta y se confronta con la estrategia de carácter de mi hijo?Un choque frontal.
Para poder ayudar al desarrollo del niño mediante nuestra relación tenemos que tener una importante capacidad de introspección, para averiguar qué nos sucede, porqué chocamos frontalmente con nuestro hijo,  pero además necesitamos ser empáticos y entender lo que el vivió, algo de lo que, a lo mejor, ni siquiera él es consciente. Tenemos que aceptarle incondicionalmente y tenemos que ser congruentes para convertirnos en sus personas de criterio y ayudarles a que se desarrollen.

3 comentarios:

  1. Muchas gracias! Me encanta, está muy bien explicado.
    Tan sólo una sugerencia: el fondo que utilizas dificulta enormemente su lectura sobre todo a personas con discapacidad visual y con textos tan largos.
    Gracias de nuevo!

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  2. Gracias a ti por leerlo y por tu comentario, Estudiaré lo de cambiar el fondo. Seguro que puedo mejorarlo!
    Gracias también por tu sugerencia!

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  3. Un resumen muy bueno, que hace pensar y volver a mirarnos a nosotros mismos. Me han linteresado muchas ideas pero hay una, la falta congruencia que vengo intentando entender desde hace un tiempo. Muy interesante.
    Itsaso

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Me encanta que me cuentes lo que piensas