Sería bueno aumentar el conocimiento sobre adopción.


Mucha gente desconoce que en España hay más de 33.000 personas esperando para poder adoptar a un niño, si han oído que es un proceso largo, que pueden pasar entre 6 u 8 años –o más- para poder abrazar a tu hijo...
Es mucho tiempo, sobre todo para los niños que crecen en los orfanatos sin una familia que le cuide.
Los orfanatos de todo el mundo están llenos de niños de todas las edades no sólo bebés.También aquí.
En nuestro país hay más de 50.000 familias con hijos adoptados.
Antes y después de adoptar esas familias buscan información, a veces no la encuentran o la información no le llega a tiempo porque está muy diseminada por la red. Esas familias necesitan información porque esos niños precisan de unos padres especialmente informados.
El problema es que muchas de esas familias adoptivas desconocen los recursos que hay: tanto de profesionales especializados en postadopción a quien acudir, de asociaciones, de guías de ayuda, de  actividades como charlas orientativas y talleres didácticos  etc.

Por eso se ha creado la web adopciónpuntodeencuentro.com , una plataforma de divulgación de información sobre adopción donde reunir a padres y a profesionales, donde  se llegar a encontrar toda la información y los recursos que los padres o maestros o quien esté interesado en informarse sobre adopción pueda necesitar.

Porque sería bueno aumentar el conocimiento sobre adopción no sólo entre las familias adoptivas sino en la sociedad en general.


Porque hay que desterrar esa idea de que “la adopción es un problema” porque no lo es ,

la adopción es una solución.



Os invito a conocerla, a darla a conocer y a participar en ella.


Abandono o renuncia. A vueltas con la palabra abandono.

Una de las palabras que más se repiten en aquellas cuestiones relativas  a la adopción es ABANDONO
Abandono es una palabra que evoca muchas cosas, y que es dolorosa, el abandonar un proyecto, un trabajo,  una casa, una ciudad… y sobre todo duele el sentirse abandonado, ¿alguien no lo ha sentido alguna vez?
No resulta difícil evocar ese sentimiento desde las dos orillas, sentimiento que es exponencialmente más intenso cuanto más vulnerable se es… duele estés en el lado que estés.  También duele cuando es un ser querido el que lo padece.
Hablando de adopción, de los niños que no han crecido -por el motivo que sea- en el seno de su familia de origen, y que han llegado a nosotros tras pasar un tiempo en una institución; nos duele terriblemente el pensamiento de esa separación forzosa, tanto que nos nubla el sentimiento de empatizar con la persona que lo produjo.
Siendo humanamente imperfectos, y no habiendo sentido en nuestras carnes las circunstancias que hayan llevado a ese abandono, se nos hace imposible la idea de renuncia a ese hijo, a un hijo de las entrañas.
Tenemos suerte. Probablemente y aunque podemos en un esfuerzo, idear el escenario de un abandono, difícilmente habremos padecido una circunstancia parecida (excluyo a los adultos adoptados) podemos imaginarlo, imaginar cómo se sienten nuestros hijos cuando nos preguntan qué hicieron mal, qué tienen ellos o cual es la razón que les hace diferentes y que les hizo ser  “rechazados” por su madre o familia de origen.
Podemos incluso en un alarde de humanidad ponernos en la piel de la madre que renuncia a ese hijo y sentir que también debió de ser duro para ella y que ese vacío tiene que arrastrarlo durante el resto de su vida. No conocemos las circunstancias, ni la razón de esa renuncia. Pero conocemos el sentimiento que crece en nuestros hijos con la idea de su abandono.
Un sentimiento que les lastrará toda la vida si no encontramos la manera de aliviarlo. Una idea autolimitante que les encadenará a un sentimiento de inferioridad para el que tenemos que encontrar la manera de liberarlos.

Cambiar abandono por renuncia es más que una permuta de palabras, es negociar con la idea de que no han sido rechazados sino que han renunciado a ellos, con la carga de humanidad que esto conlleva.
La vida de un hijo es valiosísima. Tras una gestación de nueve meses renunciar a vivirla para que él pueda seguir viviendo, tiene que doler muchísimo.
En un alto porcentaje de casos seguramente, a poco que esa madre hubiera tenido  las mínimas condiciones, alguna posibilidad de mantenerlo junto a ella (no sólo me refiero a circunstancias materiales, sino también de índole, social o psíquica) no hubiera  recurrido a algo tan extremo como esa renuncia por imposibilidad de cuidarlo. Y voy más lejos, aun en el caso de las retiradas de custodia, ¿qué circunstancias llevan a una persona a la desatención de sus hijos? aquí estaríamos hablando también de abandono. El abandono de la madre, ese abandono absoluto, cuando se ha llegado al final de la energía de lucha.



Es sólo una reflexión personal, he leído mucho sobre el abandono, y creo que quizás en vez de llenar esa palabra de contenido, cuando nuestros hijos la pronuncien, debería buscar la manera de aligerarla para que ese concepto no los obstaculice ni les estorbe,  para que no padezcan limitaciones, para dotarles de una herramienta con la que sean capaces de romper esa cadena que les ata a unas ideas coartadoras que pueden lastrarles de por vida.

Ojos de cabalgata

Ya está se acabó la Navidad (bien está lo que bien acaba).Hemos cumplido con todas las tradiciones: cenas y comidas, inocentadas y campanadas, atragantarse con las uvas tragándolas a destiempo, brindar por quienes estamos y recordar a los que ya no están, Los besos las felicitaciones a propios y a extraños y -la que más me gusta-, llegado el día 5 prisas y caminatas y gente mucha gente y por fin encontrar ese hueco para asistir a la cabalgata , y después el roscón y el preparar el escenario para el día de Reyes ya esperara a que la sonrisa más grande de la mañana ilumine el día 6. No hay día más luminoso.


La cabalgata desde hace años no me la pierdo, antes era inevitable porque pasaban por la puerta de mi negocio y en la calle nos congregábamos los vecinos a verla pasar y en ese momento cerrábamos la puerta de la tienda y esperábamos con ilusión a que pasaran las carrozas y saludábamos a pajes y reyes y nos divertía recoger los caramelos que tiraban -a matar, a veces-, y que luego ofrecíamos a los niños porque todos nos conocíamos en aquella calle... Caramelos que eran de los baratos y que hacían daño, pero hasta los chichones los festejábamos con alegría y siempre justo cuando pasaba la última carroza de Rey -con ese Rey Baltasar tan tuneado y tan falso-, que me devolvía a la realidad y me lo despintaba todo con su cara teñida de betún mal aplicado, y me recordaba que aquello era sólo una ilusión, un enorme montaje y confieso que mayor -y mucho-, he llorado al encogérseme el corazón pensando en la gran mentira y en la pena de que no fuera verdad o tal vez porque quería volver a ser niña o porque lo había sido por un momento y me daba rabia pensar en esa mentira que tanto hubiera deseado que fuera verdad…cómo tantas en la vida: los reyes magos, papá Noel, el ratoncito Pérez, que los que se mueren van al cielo…-o al infierno-, o que si eres bueno nada malo te ha de pasar…La desilusión –momentánea- me sobrevino pronto, a los seis años, alguien vino a quitarme la venda desvelándome un secreto  que antes todo el mundo parecía guardar celosamente y en afable  e invariable complicidad y que en cambio hoy todo el mundo se empeña en desvelar, o en no ocultar porque “en algún momento se han de enterar”, porque creer en fantasías es de inmaduros, porque un niño que siga creyendo pasada una edad “queda en ridículo”… La ingenuidad no está bien vista, es de tontos o de niños "superprotegidos". Pero…¿Y los niños cuya niñez ha sido robada y quieren sobre todas las cosas creer y se aferran a esa ilusión con uñas y dientes alargándola todo lo que pueden? ¿También hay que abrirles a la fuerza los ojos?Creo que no. A mí me dolió mucho enterarme de que era mentira, o más bien de que no era del todo verdad, que es lo que sigo creyendo, y he recuperado mi fe encontrándola de nuevo en la luminosa ingenuidad de mis hijos.-Apaga la luz -me dijo aquella niña mucho mayor de la que ya ni recuerdo el nombre, ni su cara, pero sus palabras no se me olvidan…-para qué?- tu apaga la luz que me da mucha vergüenza.-vergüenza de qué?- que la apagues o no te lo digo!Y le eché de mi habitación y de mi corazón en un arrebato de rabia  porque aquello tan feo que me dijo a oscuras no podía ser verdad, tenía que ser mentira, una mentira podrida porque no era capaz de asimilar con seis años tantas cosas en una frase:

Que era mentira la ilusión más grande y que entonces te duraba no unos días, como ahora, o un mes, sino que lo hacía casi todo un año...  que mis padres eran unos embusteros y que aquella niña era mentira que era mi amiga, y era mala, muy mala y quería hacerme daño.



Miraba las muñecas que hace nada creía fabricadas en el mismísimo oriente y recordaba las estrellas irregulares por el suelo haciendo un camino desde mi cuarto hasta el salón de color de la plata, tan iguales a esas láminas que mi padre tenía en su despacho y que me gustaban porque precisamente me recordaban a las estrellas que me dejaban de sendero los Reyes Magos…


Pero…lo que aquella niña me decía no podía ser verdad, si hasta había hablado con ellos y no se parecían en nada a mamá ni a papá y este año me habían traído todo, todo lo que les había pedido: la muñeca tumbelino, los vestidos de la Nancy con armario… hasta “el Kiko” y “la Kika” que yo había escrito en mi carta y que se me olvidó contárselo en persona…todo…


Aquello tenía que ser un error o una maldad…

Hay cosas que no se te olvidan y esta es una de ellas. No tengo ni el nombre ni la cara de aquella niña que hoy es una oscura sombra con trenzas, pero el recuerdo de cómo sucedió lo tengo imborrable.

Esa noche dormí con mamá, mi padre estaba de viaje. Me subí a su barriga  abrazadita y también con la luz apagada le pregunté si aquello que esa niña me había dicho era verdad…

-Mamá...es verdad que los reyes son los padres?


Mi madre guardó silencio -creí que se había dormido- y entonces su barriga subió como cuando se respira muy fuerte y me preguntó sobre lo que yo pensaba. Es curioso hay cosas que recuerdo vivamente y otras no. No recuerdo que le contesté pero sí que ella estaba muy callada y recuerdo muy bien que me apretaba a ella fuerte, como si creyera que su niña se le escapaba, y la sensación de refugio que aquel abrazo me daba... hasta recuerdo el camisón que llevaba puesto y el tacto de aquellos pliegues color violeta... y recuerdo, porque también lo añoro, el olor de mi madre mezclado con el de a sábanas limpias y recién planchadas. Hay recuerdos que se perciben muy vivamente por el olor. Hay olores que no los guarda ninguna botella de esencia mejor que el corazón.

Me escuchó, o eso me pareció, porque luego supe que su sorpresa fue mayúscula, que no se esperaba que me enterara yo la primera y tan pronto, ya que mi hermano aún siendo dos años mayor, no había aún tropezado con quien  le desvelara el secreto y no tenía nada preparado para cuando llegara ese momento. Porque no hubiera querido que llegara, y aún menos tan anticipado y por mi vía.

Me contó una bonita historia sobre la tradición de un encargo y que en realidad los reyes no eran los padres, sino que ellos eran los pajes de los reyes, ya que los Reyes antes de marcharse detrás de la estrella al cielo, -ese cielo que entonces encerraba todos los misterios-, habían encargado  que siguieran la tradición de llevarles regalos a todos los niños para hacerles felices, y que no importaba quien trajera los regalos sino la magia de esa noche y que si estaba atenta me daría cuenta de que la magia seguía existiendo, no importando quienes fueran los que depositaran los regalos bajo el árbol.

-Mira tu corazón ¿Aunque ya no es navidad, ves  la estrella de oriente?

-Si mamá…-yo veía lo que hiciera falta.

 -¿Crees en ella?

-Claro mamá.

-Pues cuando quieras rescatar la magia busca esa estrella dentro de ti.

Y La creí a pies juntillas y desde entonces cada año creo en la magia, me rescata la ingenuidad me dicta los pasos a seguir para seguir creyendo, para convencerme y convencer a quien me pregunte que la magia existe, y miro a mis hijos, a Diana con esas ganas de seguir creyendo de buscar más la verdad que la mentira en cada fantasía que pasa frente a sus ojos y a Nacho con su candidez abiertos de asombro los ojos y la boca y junto a ellos los caballos de luz que cabalgan ante las carrozas se vuelven corceles mágicos, las barbas de nylon, suaves hebras tejidas por la edad y la sabiduría, los tractores carrozas encantadas y los figurantes pajes y duendes de verdad.

Esa noche de nuevo la magia se produce y pese a los nervios y a las prisas por acostarse, todos los niños caen en ese sueño mágico y es cuando colocando las cajas bien envueltas bajo el zapato correspondiente, con la satisfacción de que ni grandes ni pequeños conocen los secretos que cada regalo esconde, me doy cuenta de que yo también creo la magia. Entonces, ya de madrugada,  en este pueblo con mar y convertida en paje, aún con los ojos de cabalgata, me voy a la cama haciendo un caminito de estrella plateadas y esperando ser capaz de mantener encendida la luz de esa mágica estrella que me acompaña, cuando los secretos sean descubiertos por el más niño de la casa.
Por que la magia, es verdad, no está en los Reyes ni en los regalos, sino en la ilusión que cada uno le ponemos a ese trocito de felicidad en forma de estrella del que nos hacemos cargo cada noche de reyes.

Regreso a Kaz

Una breve introducción:

Mónica Sarasa es madre de Ixeya una niña nacida en kazajistán y de Izas, una niña engendrada en kazajistán, en el viaje que ella y su marido Jorge hicieron para convertirse en padres de Ixeya.
Izas es la promotora de una asociación llamada Izas la princesa guisante, que busca fondos para la investigación y mejora en las condiciones de la enfermedad llamada Gliomatosis cerebri que se la llevó en apenas tres meses. Temiendo el aniversario de su partida este año decidieron "escapar" a Kazajistán.
Esta es una carta que Mónica nos ha escrito a los integrantes de un foro al que pertenecíamos muchos de los que aspiramos a adoptar en Kazajistán y Mónica era una de sus integrantes más activa, ayudando con su experiencia a todos los que estábamos en proceso. Con su consentimiento paso a reproduciros su carta y su experiencia porque me parece interesante y enriquecedora.


Hace justo 7 años hicimos nuestro primer viaje a Kazajstán, hace 7 años conocimos conocimos a nuestra hija Ixeya, que entonces tenía 6 meses y medio, y hace 7 años, en ese mismo país, supimos que estábamos embarazados de nuestra hija Izas.

Cuando Izas tenía sólo 3 años y 3 meses enfermó, Gliomatosis Cerebri, un cáncer intratable e incurable, nuestra hija pequeña murió sólo 3 meses después, desde entonces la vida es muy difícil sin ella, y las navidades son insoportables, de manera que "huímos" a países en los que no existe o no se vive de la misma manera que en España.

Este viaje, fue el reencuentro de nuestra hija Ixeya con sus orígenes, y de todos como familia, Izas también.


Nuestra adopción, como muchas en el momento, no fue fácil, pero la experiencia, no sólo por conocer a nuestra hija fue maravillosa.
Fuimos a Shymkent, al sur del país, por protocolo público (por libre), porque para nosotros era la manera de poder tener más control sobre todo el expediente, tanto en España como en Kaz.
Allí estuvimos en un apartamento...para dormir, porque tuvimos la suerte de encontrar a David, un español que trabajaba en el universidad, a Zhanna y a Daniel, kazajos, a un grupo de americanos...y realmente, vivimos el país.
Hemos mantenido durante todo el tiempo fuertes lazos, tanto, que David y Zhanna son unos grandes amigos, que año tras año han venido a nuestra casa a pasar temporadas más o menos largas.
Cuando Izas enfermó, teníamos previsto ir a la boda de ambos en marzo, era la gran ilusión de Izas, sí, más que de Ixeya, pero no dio tiempo, por eso este viaje tiene un valor añadido para nosotros, más allá de la adopción y los orígenes.
Pero este post va de adopción, y aquí va la experiencia:
En nuestro modelo de familia nunca han cabido las evasivas, los subterfugios...y siempre hemos respondido a todas las preguntas de Ixeya, preguntas como...

-¿Me querían en el orfanato? No lo sé, nos gustaría creer que sí, pero realmente no lo sabemos.

-¿Por qué me abandonó mi madre? No lo sabemos, quizá no supiera cuidarte, o no quisiera, o no pudiera.

Y así un largo etc que los que ya tenéis hijos seguro que conocéis muy bien.

No, nuestra hija no estuvo en buenas condiciones durante su etapa en el orfanato, en absoluto, pero la causa no la sabemos ¿cultura? ¿precaria economía? ¿corrupción que impedía que el dinero llegara al orfanato? no lo sabemos.
Nos habían dado permiso para ir al orfanato, aunque telefónicamente se mostraron muy recelosos, no entendían qué queríamos, nos anticiparon que no nos dejarían ver la habitaciones, algo que no nos sorprendió, pues nosotros nunca tuvimos más acceso que la sala de música donde hacíamos las visitas.
Nosotros estuvimos dos meses en Kaz, pues no nos fuimos en todo el proceso, y en esos dos meses nunca vimos nada más que esa sala.
Como padres teníamos miedo, ¿cómo no tenerlo? ¿qué podía encontrar Ixeya? ¿cómo lo iba a digerir? ella misma la noche de antes hizo la gran pregunta:¿y si soy como Anni? (ya sabéis, la película). Nuestra única respuesta fue: eras un bebé, no podían hacerte fregar el orfanato.
Pero es su vida, su historia, y pasara lo que pasara, lo asumiríamos...tenemos ya demasiada experiencia en ello, aunque yo todavía no haya asumido la muerte de Izas.
Sorpresa: fuimos muy, muy bien recibidos.
Estuvimos más de 1 hora con la directora, charlando, a los 5 minutos sus recelos se habían disipado.
Nunca había vuelto ninguna familia al orfanato, le sorprendió que Ixeya conociera sus orígenes, en Kaz, como en España hace 20 años, las adopciones son ocultadas. Estuvo hablando con ella, se interesó por su salud, sus aficiones, el cole, sus amigos, y sus relaciones familiares.
Respondió a todas las preguntas de Ixeya, y al acabar, la directora le preguntó:
- ¿Qué sientes ahora?

Ixeya dijo: FELICIDAD, y todos lloramos, ¿cómo contenerse ante esa respuesta?



Después nos invitaron a ver las habitaciones en las que ella estuvo, jugamos con los bebés, nos los hubiéramos llevado a todos.
Más tarde, como buenos kazajos, tocó tomar el té, y nosotros pedimos ver el expediente completo de Ixeya, para nuestra sorpresa de nuevo, nos lo leyeron completo, y no había nueva información. Sí, la teníamos toda. Aún así hicimos más preguntas, pero lamentablemente, ellos no tenían tampoco la respuesta.
Se extrañaron de nuevo por que quisiéramos leerlo delante de Ixeya, pero...ya habían comprendido que los secretos no son lo nuestro.
Nos hicimos fotos y más fotos, y nos invitaron con mucho interés a la actuación navideña, a la que asistía el presidente de la región, lamentablemente, nos íbamos ese mismo día, pero decidieron hacer un ensayo al que asistimos al día siguiente, no sin antes regalarle a Ixeya una gran tortuga de peluche, a la que ha llamado Ribionka (niño), ya que el orfanato ha cambiado de nombre, antes sólo tenía un número y ahora es "la casa de los niños".

Cuando adoptamos a Ixeya, el día que nos la llevamos del orfanato, nos pidieron regalos, a lo que nos negamos: consideramos que no habían cuidado bien de nuestra hija, y no se lo merecían. En esta ocasión...salimos de allí directos a la tienda de juguetes para llevar regalos a los niños y a la pastelería para llevar pasteles a las cuidadoras. Ha cambiado todo tanto... que nos sirve.
Asistimos al ensayo, y pudimos comprobar que los niños ríen, reían de verdad, sonreían, y las cuidadoras también. Muchos de nuestros hijos tuvieron que aprender a sonreír.
Cuando nos despedimos, tras esos dos días tan intensos en el orfanato, Ixeya lloró, mucho, muchísimo, las emociones habían sido muy intensas, fue ese llanto que alivia, que relaja, que te prepara para seguir andando.
Todos los niños adoptados vienen con una mochila más o menos cargada, y hemos sentido verdadera felicidad al comprobar que los niños de ahora la tienen menos cargada que nuestros hijos, muchísimo menos
Como si fuera un personaje famoso, le pidieron a Ixeya que escribiera en el libro de visitas, David lo tradujo debajo al ruso, y después escribimos nosotros. Las palabras de Ixeya nos impresionaron a todos,pero nos lo quedamos para la intimidad.
Ella ha podido construir su identidad, ha resuelto dudas que ni siquiera sabía que tenía, ha asumido que algunas dudas seguirán allí, pues nadie sabemos la respuesta, pero le hemos dado la posibilidad de tener recuerdos propios, historia propia.
Sí, la realidad que nosotros vivimos y que Ixeya vivió sus primeros meses es diferente a esta que hemos conocido, pero por fin tiene una HISTORIA que nadie le cuenta, sino que ha vivido ella, y si nosotros fuimos capaces de perdonar al instante, si a nosotros nos compensa ver como cuidan y tratan ahora a los niños, esta es nuestra nueva realidad.
Hicimos una reconstrucción completa del viaje, fuimos a los juzgados, al apartamento en el que estuvimos, al de David, le enseñamos donde vivía Zhanna, comimos en el restaurante en el que celebramos el juicio, nos hicimos la manicura como en el primer viaje, incluso me depilé con hilos para que Ixeya lo viera, comimos los helados en el mismo lugar que la primera vez, también fuimos a la farmacia en la que compramos nuestro primer test de embarazo...

Este post no prentende ser un alegato a la vuelta a los orígenes, ni a la verdad sin restricciones, sólo queremos compartir esta experiencia, que es sólo nuestra, que responde a nuestra forma de ver la vida, de afrontarla, y que como he explicado para nosotros tiene un significado superior, pues ha sido volver a nuestros orígenes como familia.

Cuando conocimos a Ixeya, Izas estaba dentro de mí, aunque no lo sabíamos, ahora, está en los corazones de los tres. 

De nuevo, hemos estado los cuatro juntos en Kazajstán, y en ambas ocasiones, Izas ha estado dentro de nosotros.

Izas, la princesa guisante




Navidad,vamos cumpliendo las etapas.

Bueno la Navidad va pasando, día tras día vamos cumpliendo las etapas, 24 Noche de Paz, 25 comida en familia y más Paz,(aunque entre medias haya habido mil y una escaramuzas contiendas y pulsos echados al aire, hayamos buscado los límites a ver si es posible que hayan cambiado sus puntos geográficos en esta estrecha –muy estrecha les debe de parecer a nuestros hijos- línea entre el portarse bien y el regular… 

De momento estas fiestas no ha habido ni un solo día de portarse mal o requetemal. ¡Vamos avanzando! Y avanzando en los días pasó el 28; en mi casa y por tradición las inocentadas son casi obligatorias, no se me entienda mal, las tradiciones cuando son algo agradable soy partidaria de mantenerlas y aunque tengo la manga ancha a la hora de trastocarlas hay algunas a las que no puedo –ni quiero- negarme a mantener y una de ellas es la inocentada del día de los Santos Inocentes.
Tengo tantos buenos recuerdos de este día! Haber tenido una madre traviesilla y con una gran imaginación hace que esto sea de este modo, sin llegarle a la altura de los tobillos yo también gasto mi broma, en singular que mi madre era tremenda y con esa gran imaginación que ya quisiéramos muchos, conseguía tomarnos cariñosamente nuestras melenas durante casi toda la mañana y parte de la tarde…¡y eso que estábamos avisados!
No voy a desvelar ninguna de sus inocentadas  aquí, que mi familia me lee y entonces ya no me servirían, así que esas me las guardo para años venideros. Contaré la de este año que la verdad estuvo muy divertida a la vez que práctica.
Como quiera que habíamos quedado para reunirnos con unos amigos de la vecindad y cada uno en esas reuniones aporta lo que tiene en casa de picoteo y piscolabis pues a la pregunta de

-¿Y nosotros qué vamos a llevar mamá…?

La respuesta fue que un surtido de embutidos y algún pica pica, pero que si no encontrábamos el metro de medir longanizas que no podríamos ir…

-¿Y dónde puede estar mamá?

-Pues eso quisiera saber yo! (voz de sargento a punto de arresto) la última vez que lo vi estabais jugando con él a las construcciones!

En seguida se prestaron a buscarlo, pues no es difícil que para construir usen cualquier artilugio que puedan pillar y si es algo  rompible y “no permitido”: reglas, cintas extensibles de medir, artículos varios de mi escritorio o de la cocina etc, pues mejor que mejor.
Por esa razón no cuestionaron que el metro de medir longanizas fuera un invento de su abuela, rescatado por su madre para tan señalado día.
Toda la mañana anduvieron buscándolo y trayéndonos a su padre y a mi todo tipo de elementos que hasta ese momento habían estado en paradero desconocido.
No consiguieron encontrarlo -claro está- y llegada la hora nos fuimos a la reunión sin poder llevar una longaniza que tampoco se encontraba en nuestra despensa. :-)

Superamos el último día del año, con nervios desatados, que ese día más parece acabarse la vida que el año y las campanadas y las uvas las compartimos en compañía de nuestros más allegados vecinos, Este año han sido tranquilas y armoniosas, y tras la última uva que se me quedó descolgada disfruté de los bailes infantiles desde la comodidad del sofá de mis vecinos. Estaba agotada, los pulsos, los nervios, las ausencias más sentidas en los afectuosos brindis.

Ayer también superamos en paz y armonía el primer día del año y ya estamos dispuestos y disponibles para la llegada de SS MM los Reyes Magos de Oriente. Que este año han recibido la carta con tiempo y con tiento. Quién sabe si será el último de la ilusión de nuestro benjamín que aún cree en ellos ciegamente, pese a todos los que intentan que se vuelva descreído.
Su hermana aunque ya lo sabe quiere seguir creyendo y el otro día tras la visita de Papá Noel a casa de los vecinos (a la nuetra sólo se asoman los Reyes Magos) estaban en una contienda de porqué había arribado en unas casa y n otras no…
Antes de que su hermana soltara la temida bomba, que creí estaba a punto de soltar dije yo:
-Si Papá Noel no existe…!
Fue tal la cara de espanto de mi hija y la de desilusión de mi hijo que inmediatamente y con voz de pillina  rectifiqué:

-Jaaaaa... te lo has creído!

La luz y el color volvió a los lívidos labios de mis hijos y todo fue algarabía  y risas de nuevo.

No hay nada como querer creer para que la ilusión quede intacta.
Así que estamos a salvo este año de desmentidos y rumores y esperaremos la última etapa de estas navidades con el corazón lleno de ilusión y con la constante recomendación de portarse bien bajo pena que Pifita (el gorrión que se chiva a los Reyes) recomiende a los Reyes pasar de largo. Aquí el carbón no se contempla como opción.

Os deseo un año nuevo lleno de ilusiones traslucidas desde los ojos de vuestros hijos.