De septiembre a septiembre.


Desde aquella noche, cuántas veces le he preguntado al viento qué hacer en cada decisión importante de mi vida, en cada proyecto, en cada fracaso. Cuanta pena contenida en ese vacío que notas cuando miras alrededor y apenas queda nadie que te sostenga, alguien tan del todo incondicional con toda la paciencia y sin apariencias con quien compartir si o sí las penas y también las risas, las propias y las de mis propios. Esas pequeñas y grandes cosas.
Cuánto daría por saber qué piensas de mí ahora que tengo la edad con la que te marchaste. Con tu serena sabiduría, qué me ayudarías a perdonarme y qué me animarías a hacer... Tengo también millones de "no hagas esto" que dejaste en mis oídos cuando niña y adolescente y que ahora ya no son tuyos, sino míos, y me toca recibir con  el mismo tono de fastidio los  “vale mamá lo que tú digas” y oigo a mis hijos con mi voz y mi postura de entonces y no te busco porque te llevo dentro, ahora soy madre como tú y te tomo el relevo en la rutina de este a veces ingrato trabajo de educar y te comprendo, ahora sí, desde este lado de la orilla, sí. Y la tuya es una de esas ausencias que crecen, porque te sigo necesitando, aunque últimamente me paso  la vida reencontrándome contigo, en el espejo, desde donde me miras, -cada día nos parecemos más-, en el reflejo de las pupilas de mis hijos que me miran para bien y para mal de la misma manera en que yo solía mirarte, a veces como si te tuviera una manía infinita, y otras con toda la sublime admiración que un hijo puede sentir por su madre. Y es ahí donde más te añoro, porque siento el vértigo de la responsabilidad y tengo miedo a no ser digna de esa devoción todavía infantil, como si fuera una impostora que recoge un premio que no le corresponde…Tu lo hiciste lo mejor que supiste pero no parecía que tuvieras que esforzarte y a veces a mi ¡me cuesta tanto!
De septiembre a septiembre, otro año a sumar de los que he vivido sin ti. Más de media vida con ese sentimiento de orfandad, de soledad no consentida, el hueco que dejaste no se llena con nada. Llevo más vida sin tenerte a mi lado –físicamente-, que la que pude disfrutar contigo, de ti. Y me pilló por sorpresa aunque era una partida anunciada . Sucedió una noche de las primeras de otoño que aquí siguen siendo noches de verano…
23 de septiembre 1988

Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!.

ANTONIO MACHADO

Campos de Castilla (versión de 1917).

Otra vez estamos en otoño.

Google me dice que este es el primer día de otoño. Donde vivimos apenas tenemos estaciones, aparte de las de servicio. Me da miedo el otoño. Es esta una de esas etapas que te sacuden la vida, te la mudan de hojas y te dejan pelado, emocionalmente desnudo ante los fríos de los inviernos más desoladores, más solitarios, los del corazón.

 A pesar de todo, siempre me gustó el otoño pese a sus zancadillas, pese a que en sus días se concentran mis despedidas más dolorosas. Pero también, con esos contrapuntos brutales que te otorga la vida para que la sigas admirando, mis mejores recuerdos, cuando la vida me ha hecho un antes y un después, también se han creado en esta estación de cambios, que cuando ha tocado cambiar ha sido a lo bestia.Tanto para mal como para bien.

Esperemos que en este otoño no haya que añadir recuerdos amargos al álbum de recuerdos. Cruzo los dedos (hasta los de los pies) para que sea un otoño tranquilo. Tengo confianza aunque esté algo desgastada a fuerza de desengaños, que este año en esta etapa de transición que es el otoño, para adecuar la naturaleza al frío sea suficiente con ir pasando de una en una y tranquilamente, las hojas del calendario y en cada aniversario no sea solo dolor y vacío el que recordemos.  28 años, desde la muerte de mi madre que se cumplen esta semana, cuatro desde la de mi hermano, ocho desde el cáncer felizmente superado de Eduardo…Que nos permita la vida y sus sorpresas que sus pruebas sean oportunidades y no tribulaciones. 
Para esperar lo mejor, voy a poner énfasis en los bonitos recuerdos que también han mudado todas las hojas a mi vida y la han renovado para bien:
 En noviembre me casé con el compañero de mi vida en un día maravilloso lleno de hojas amarillas del otoño granadino, en un otoño  a 7500 kilómetros de distancia me convertí en la madre de mis hijos, en otoño presentamos “Mariposas en el corazón”, otra vez con Granada como escenario…


Saludo este otoño con un brindis, porque este sea, para todos, un otoño  de esos que nos llenen la vida de colores, las fotos de sonrisas y permitan que sigamos con el corazón calentito arrimados a todos nuestros seres queridos, sanos y felices.