Noviembre, mes de celebraciones.

Empezó Noviembre, mes de recuerdo para los que no nos acompañan y sin dejar paso a la melancólica tristeza, empezaron las celebraciones:
Primero el cumpleaños de nuestras amigas Ayana y Adolfina, que convirtió una reunión de amigos en un simpático día de campo, de encuentros entrañables con padres e hijos y consiguió implicar a los niños para que se afanaran en preparar pizzas que luego nos comimos niños y mayores e hizo para la ocasión un bizcocho que es uno de los más ricos que he probado en mi vida. Ese día además pudimos compartir un ratito con otras madres y padres conocidos de otras reuniones y ver y abrazar de nuevo a mucha de nuestra "familia por adopción", coincidir con compañeros de fatigas de cursos adoptivos y pasar un rato especial con Emelina, prima de Adolfina con la que está muy unida y que nos llevó dando agradable paseo a su casa a conocer a su madre. ¡Es la familia más acogedora y entrañable del mundo! Entre todos hicieron posible un día de juegos y tertulia estupendo en el que estuvimos muy muy a gusto.

Tres días después, Diana celebraba su octavo cumpleaños; si todos los cumpleaños son importantes este nos parecía aún más porque era su primer cumpleaños en España y probablemente el primero que festejaba así en su corta vida.
El año pasado en Ust-kamenogorsk tuvo regalos de nuestra parte, pero tuvimos que adelantarlos un día, ya que nuestro vuelo de regreso a España era justo el día de su cumpleaños. Así que lo celebramos en una pequeña pizzería en un pueblecito cerca de nuestra casa con risas, juegos y pizzas...

Lo celebramos el martes porque el sábado anterior era la fiesta de Ayana y el siguiente la boda de mi hermano pequeño. Pudimos compartir una tarde de fiesta con un puñado de amigos, menos de los que nos hubiera gustado, pero al ser “entre semana” muchos no pudieron asistir, de los que nos acordamos muchísimo, y sabemos que no hubieran faltado, por ejemplo Evelyn y Nikita de no ser día laborable, si pudieron asistir y acompañarnos a un acontecimiento tan especial: Adolfina, Teresa, la madre de Noelia, Paco y Rosa, Nuestra querida Sandra y su hija Adriana...
Los niños que pudieron venir, jugaron hasta hartarse en uno de esos peque-parques llenos de bolas de colorines, toboganes y columpios acolchados. Se lo pasaron tan bien que el horario previsto aún se prolongó una hora más y a los padres el tiempo se nos fue volando, entre conversación, risas y confidencias. Siempre sucede la magia del tiempo y su vuelo cuando se está a gusto.

Los preparativos.
Preparar una boda familiar siempre es complicado, aunque sólo se trate de vestir a los de casa, y encargarte de detalles o pormenores sin mucha importancia pero a los que les pones tal carga de afecto que para una se vuelven trascendentales. Nos hacía mucha ilusión esta boda en parte esa ilusión venía contagiada por la que le pusieron los novios, queríamos que todo saliera bien y cada uno en nuestra familia pusimos nuestro pequeña aportación en el campo que nos tocaba, el coche perfecto y a punto, los niños que llevarían las arras y los anillos super guapos... y aquí es donde lo tuvimos más complicado, Diana está muy grande para sus recién estrenados 8 años y buscar un vestido talla 12 para la ocasión entrañó su dificultad, los que eran adecuados para su edad sólo los encontrábamos en tallas pequeñas (como mucho hasta la 10) y los de su talla parecían más propios para dar un concierto a lo Hannah Montana, que para entregar unas arras.

A quince días de la celebración aún no teníamos vestido aunque y el problema era encontrar una modista que sin patrón hiciera el vestido que yo tenía pensado a un precio razonable,(hay que tener en cuenta que al ritmo que están creciendo nuestros hijos en un mes la ropa ya no les sirve y este iba a ser un vestido para ponérselo seguramente en esta única ocasión) busqué en internet por marcas, por tiendas y nada... así que tiré por la calle del medio y entré en una pagina web ( http://www.gamgam.es/ ) donde ofrecían vestidos que se ajustaban mucho a la idea que yo tenía confeccionados a partir de sus patrones pudiendo escoger entre modelos, tejidos y colores.

Me puse en contacto vía email, me dieron precio y me mostraron su preocupación por el escaso tiempo que les daba para hacerlo si aceptaba el presupuesto. El vestido salía a un precio más que razonable, era lo que yo quería y el precio mucho más asequible que lo que yo había visto en tiendas, donde ni encontraba talla ni acababan de gustarme los modelos, así que escogí las telas,(ya que el modelo lo tenía clarísimo) les mandé las medidas que me pidieron e ingresé en su cuenta la mitad del dinero que me pedían y el día prometido me enviaron vía MRW el vestido, pagué la otra mitad y bueno... He quedado tan contenta por su seriedad y por el resultado que he decidido añadir su pagina a mi lista de favoritos.
Y llegó el sábado…

Desafiando a la fatalidad mi hermano y su ya mujer escogieron el día 13 a la hora 13 para sellar un compromiso que ya llevaban cumpliendo más de 25 años. ¡Ay los pobres! la de bromas que han tenido que soportar :“que si mira que os lo habéis pensado”… “que si anda que os habéis dado prisa”…bueno, bromas todas para un ambiente distendido y cargado de cariño, lleno de gente que se quería y exento de malos rollos.
El día amaneció radiante, El famoso sol que siempre se dijo que pasa sus inviernos en esta ciudad que nos acoge y ocupa, lució con todo su brillo y sin “chispa” de viento (como dicen aquí).

En casa todo fueron nervios y prisas hasta el momento exacto de llegar a la Plaza Vieja y encontrarnos con la familia de la novia y los amigos de ambos, los de siempre, los de toda la vida, ninguno quiso perderse el acompañar a mi hermano y su ahora mujer en un momento tan importante. Luego enseguida llegó el novio y la madrina con mi hermano mayor y mi cuñada Elena,todos guapísimos para el evento. Nacho apenas vio a mi hermano mayor salió corriendo a sus brazos. Y después la novia envuelta en seda y moaré con el padrino y el fotógrafo, conductor y padre de mis hijos.También nos encontramos con María Muñiz, que era la que oficiaría la ceremonia y a la que debemos agradecer el que hiciera de un acto tan protocolario algo menos árido y además permitió que nuestra entrañable amiga pudiera decir unas palabras sencillas pero emocionantes.
Elena, nuestra muy querida amiga, a la que conocimos por medio de nuestra madre hace más de treinta años y que es una parte importante de nuestra familia, vino desde Zaragoza y desde allí se ocupó de los detalles de la ceremonia desde el cojín para los anillos (que elaboró con esmero su hermana Carmina),confeccionar y editar un precioso pasquín recordatorio del momento, poner música al acontecimiento, y como digo, con una tremenda sencillez, y su preciosa voz de locutora recitar un poemita, y hacer presentes a nuestros seres queridos, los que ya no tenemos con nosotros.


El poema decía así:"El amor de una pareja
no es el que se tuvieron
o el que se prometen tener,
si no aquel que cada mañana
les hace elegir estar juntos.
Es aquel por el que
se ayudan mutuamente.
Es aquel que les hace crecer
como individuos y
y como pareja.
Es aquel que les anima
a hacerse felices uno a otro.
Es el amor por el que deciden,
día a día, compartir la vida. "



Luego Elena ayudó a Diana a decir en Kazajo un emotivo “vivan los novios” que también traía preparado, no se le escapa un detalle...


El acto así resulto memorable más si añadimos las anécdotas de un Nachete que se negaba a entregar el cojín con los anillos que le había sido confiado y que permaneció inquieto aunque atento a pie de mesa de celebración distendiendo aún más el ambiente solemne que suelen tener estos momentos, una de sus ocurrencias fue el entretenerse en enrollar su corbatita y dejarla caer como si de un matasuegras se tratara, todo él muy concentrado en la ceremonia, lo que resultaba de lo más cómico.
Después del beso nupcial y tras los abrazos de parabienes, las felicitaciones, las fotos con los novios, familiares y amigos y las travesuras constantes de Nacho, fuimos al banquete, que empezó con una copa de bienvenida acompañada de unos aperitivos y canapés exquisitos, se notaba que los invitados se encontraban cómodos, no éramos muchos, cincuenta personas entre familiares y amigos, bebiendo, comiendo, charlando y riendo entre si, los niños corriendo y haciendo peligrar a los camareros que con destreza les sorteaban. Diana que no paraba de picar creo que lo probó todo y hasta Nacho se cameló a un camarero para que cada vez que pasara por su lado le bajara a su altura los canapés y así poder participar en el ágape.
Luego la comida, servida en un acogedor comedor en el que dispusieron varias mesas redondas donde teníamos cada cuál asignado nuestra mesa y nuestro sitio y como quiera que en el buen criterio en colocar a los invitados reside una parte importante del éxito de estos banquetes, cada invitado estuvo sentado y acompañado de manera que el buen ambiente reinó durante toda la celebración.

Comimos fenomenal -casi pantagruélico-, charlamos, compartimos y reímos, hubo detalles para todos y luego tras la tarta nupcial, que estaba muy rica y con las mesas levantadas, los manteles ajados, los novios más que vitoreados, llegó el rato de barra libre, y libres ya del “glamour” del principio bailamos niños y mayores sin miedo al ridículo desde la Yenka al kasachok, pasando por –como no- el Aserejé y la Macarena y música de los ochenta, salsa, merengue–y aquí se animó -sólo un par de pasos- hasta el novio.¡Cómo nos divertimos!
Fue un día lleno de alegría y colmado de cariño. Ver a mi hermano pequeño feliz y a su mujer contenta, a los padres de ella orgullosos, compartir todo esto con los más allegados a nosotros, nuestros hijos tan adaptados y recibiendo tantas muestras de cariño por parte de todos y observar a todo el mundo encantado, hizo que fuera para mi otro de los días más felices de mi vida. Uno de esos días perfectos que son geniales porque los vives y compartes desde el cariño más profundo.
Era un día importante una nueva familia se consolidaba, dos familias se hacían una y al mismo tiempo fue la “presentación en sociedad” de Diana y de Nacho, nuestros hijos, que obtuvieron una cálida y afectuosa bienvenida.

El Aniversario. Y la última celebración de este Noviembre de acontecimientos ya que Eduardo y yo decidimos tropezar por segunda vez en el ara del matrimonio un 19 de Noviembre de hace ahora cinco años, ninguno aportaba hijos, pero ambos teníamos mucha ilusión en formar una familia.
En aquel 2005 Diana ya llevaba dos años en el mundo y Nacho nacería dos años después, cuando ya llevábamos un año de entresijos burocráticos recopilando papeles, certificados, superando idoneidades y pruebas para elaborar un expediente que finalmente viajaría a China…Curiosamente en Noviembre de ese mismo 2007 decidimos abrir un segundo expediente para Kazajstán, expediente que aún tardaría dos años y muchísimos sucesos antes de que se resolviera.
Fue el Noviembre pasado cuando al fin un juez de Ust-kamenogorsk, el juez más alto del mundo, nos concedería la paternidad de nuestros hijos.

Mes de Noviembre cargado de recuerdos al que se le suman muchos más con cosas para celebrar. Preludio de Diciembre, otro mes de celebraciones y de recuerdos. Hemos pasado los años anteriores a nuestros hijos añorando un futuro con ellos, persiguiendo a la salud, escapando de presentes inciertos y desafortunados, buscando la manera de escapar a la adversidad con el impulso que nos daba el sueño común de edificar nuestro futuro. Un futuro que ya está aquí.
Ahora quiero vivir el presente, aprender a dejar a un lado -siempre que sea posible -lo urgente para concentrarme en lo importante.


Ahora que los días de este mes -para nosotros, el mes más especial del año-, vuelven a ser corrientes, quiero aprender a disfrutar de su rutina, de las cosas pequeñas de los pequeños momentos que no van a volver y pararme sólo a meditar -si es preciso- de Noviembre a Noviembre.