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Mostrando entradas de 2019

Las primeras veces

Me tropiezo con este vídeo en las redes (abajo), una niña pequeñita en la playa que descubre por primera vez su sombra y lejos de asustarse la observa,trata de tocarla, de cogerla, toca la arena oscura y le habla. 

Me fascina, miro el vídeo embelesada, sonriendo, me llena de ternura...  y me escuece. Me escuece en el alma no haberlo vivido con ninguno de mis hijos. Tengo que reconocerlo hemos vivido muchas primeras veces, y atesoro cada una de ellas. Pero a nosotros nos tocó despejar sus miedos a las sombras y a las brujas (babaikas) sus primeras palabras en español, sus primeros pasos en la arena, su primera vez en el mar. La primera vez que subieron a un ascensor. La primera vez que chuparon un limón... Aprender a atarse los zapatos, a montar en bicicleta, en patín o monopatin. Sus primeros Reyes Magos, sus primeros dientes caídos y el ratoncito Pérez. Los primeros tacones de Diana, los primeros amores de los dos y creo que el tesoro más valioso de todos: sus primeros besos. No sabía…

10 años ya. Mucho y poco a la vez.

Tras algo más de cuatro años de espera e incertidumbre tal día como hoy, hace diez años, aterrizamos en el país de nuestros hijos que aún no eran nuestros. No sabíamos a ciencia cierta nada, ni las edades ni cómo eran ni habíamos visto en foto sus caritas, tan sólo una vaga idea de que sus ojos tendrían forma de media luna y poco más.
Pudo ser el día más feliz de nuestra vida aunque, para que mentir, no lo fue. El miedo, la preocupación y la angustia se apoderó de nosotros en el primer encuentro. Algo que no se puede olvidar ni siquiera en un día como hoy en el que podemos celebrar la dicha de tenerlos. O tal vez por eso, para brindar por aquel mal trago que no fue precursor de nada.
Han pasado diez años en un suspiro, veloces, a veces como en estampida, poniendo el contrapunto el querer, que se coció a fuego lento como el mejor de los manjares. ”La forma de querer tú es dejarme que te quiera...” que decía Salinas. Pero ya no importa, porque despacito como ese bambú que crece por deb…

Treinta y un 23 de septiembre

Una madre no es una brújula que al perderla pierdas el norte, porque si el tiempo se lo permite ella te dotará de la herramienta para no desorientarte: el sentido común.


Treinta y un 23 de septiembre señalados en mi calendario. 31 años sin mi madre. Hace ya tiempo que puedo recordarla sin llorar, cuando les hablo de ella a mis hijos, cuando en conversaciones y reuniones de antiguos conocidos la nombran y dibujan recuerdos, anécdotas o enseñanzas (era una mujer muy culta, sabia y especial), o la miro enfrente de mí en el espejo, en mi reflejo, en los rasgos físicos que compartió conmigo y que el tiempo dibuja cada día más parejos. La descubro en mis propias fotos, sonriendo en mi sonrisa, en la comisura de mis ojos en muchos de los gestos y mis posturas… pero cuando, como ahora, en este preciso instante, mi agenda interior me remueve y me trasporta a ese día, a esa noche en que se fue y como se fue... Entonces el dolor aparece intacto, tan intenso y agudo y emerge desde el mismo sitio…

El pájaro Moscón.

En donde vivo hay muchas clases de pájaros, tengo la suerte de vivir al borde del Parque Natural Cabo de Gata y durante todo el año escucho distintos sonidos de pájaros y hay uno que me desconcierta. Es un sonido peculiar, un silbar hacia adentro, una especie de estertor, un silbido aspirado como cuando alguien tiene problemas respiratorios…antes de escuchar el video, prueba a hacerlo y sabrás a qué me refiero.
La otra mañana muy temprano tendida en la cama con las primeras luces del recién estrenado verano lo escuchaba. Parecía como si sólo ese pajarillo y yo estuviéramos despiertos porque no había ningún ruido más, ni sonido alguno producido por humanos ni animales. Sólo ese pajarillo y me inquietaba oírlo, me molestaba…si no lo oyera ya tantas mañanas pensaría que algún polluelo estaba agonizando.Se me había quedado tan fijado en la mente que ya lo distinguía claramente aunque hubiera otros muchos pájaros piando con él y sobre el ruido del viento y de los coches. El caso es que lo…

La mejor madre del mundo

Hoy recibo de regalo dos tarjetas hechas con mucho mimo y mucho arte, que rezuman amor y en las que nunca falta una frase: "eres la mejor madre del mundo". No es una frase hecha. No son sólo palabras ni reconocimiento lo que encierra esa frase. Yo lo sé, ellos también. Abrazos y sentimientos a flor de piel. 

Un día delicadamente especial para nuestros hijos y para quien haya perdido a su madre. La mía murió hace más de treinta años. La llevo necesitando todo ese tiempo. Nunca se es lo suficientemente mayor para no necesitar a tu madre. Mi madre, -seguro que como todas y para cada uno-, era una persona especial, era mi persona favorita. Hoy es un día de evocación especial también para ella. Cuando la pienso de esta manera, me surgen  muchas preguntas sobre cosas íntimas propias y familiares que sólo podría contestarme ella. Por eso no me resulta complicado ponerme en la piel de mis hijos.

Esas preguntas que germinan con más fuerza a medida que el tiempo pasa y esos preciosos mu…

La capacidad de amar

Lunes por la mañanaconversaciones de desayuno.
-Mamá eres la mejor madre del mundo…. Incluyendo a mi madre biológica.Primero te quiero a ti y luego a ella… Y yo le explico que esto no es un podio o una carrera, que no hay que dar puestos ni conquistar medallas. -Pero yo te quiero más a ti –me dice-. Entonces le lanzo la pregunta trampa: -         - ¿A quién quieres más a papá o a mamá? -          -.... ¡Eso no se pregunta!(Ahí le he dado) -          -Si quiero hasta mil os quiero quinientos a cada uno – me dice tras un rato en silencio.Y  añade al momento-Pero si os quiero tanto no me va a quedar  suficiente para querer a X.
Y yo le explico que no es así, que la capacidad de amar es la que uno tiene para querer, que no resta, ni divide, que si uno tiene una capacidad de amar de mil, será capaz de amar mil a su padre, a su madre biológica, a mí a su hermana y por supuesto a su amada X. Parece que se ha quedado más tranquilo.
No soy una santa, por supuesto que una parte de mí se sentiría alg…