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Mostrando entradas de septiembre, 2019

Treinta y un 23 de septiembre

Una madre no es una brújula que al perderla pierdas el norte, porque si el tiempo se lo permite ella te dotará de la herramienta para no desorientarte: el sentido común.


Treinta y un 23 de septiembre señalados en mi calendario. 31 años sin mi madre. Hace ya tiempo que puedo recordarla sin llorar, cuando les hablo de ella a mis hijos, cuando en conversaciones y reuniones de antiguos conocidos la nombran y dibujan recuerdos, anécdotas o enseñanzas (era una mujer muy culta, sabia y especial), o la miro enfrente de mí en el espejo, en mi reflejo, en los rasgos físicos que compartió conmigo y que el tiempo dibuja cada día más parejos. La descubro en mis propias fotos, sonriendo en mi sonrisa, en la comisura de mis ojos en muchos de los gestos y mis posturas… pero cuando, como ahora, en este preciso instante, mi agenda interior me remueve y me trasporta a ese día, a esa noche en que se fue y como se fue... Entonces el dolor aparece intacto, tan intenso y agudo y emerge desde el mismo sitio…