Ilusiones ratones y gorriones


"No me ilustres la mente; prefiero no saber,
conservar mi ignorancia hasta en dulces tonteras,
que, como en la niñez, aún quisiera creer
en magos, nigromantes, en elfos y hechiceras."

(Marilina Rébora)



Y Sucedió: lunes por la mañana y a bocajarro, todos en la cocina y Diana como quien suelta un secreto imposible de seguir guardando: (probablemente, para Diana dos días es mucho tiempo para guardar semejante noticia)


 -Mar dice que los reyes es mentira que son los padres…

Cómo si de una bomba fétida se tratara, yo arrugo la nariz y Eduardo se escabulle por la puerta… 
(¿Por qué ahora? Yo esperaba tener algo preparado para las próximas navidades…pero hoy?, ahora? )
Es tan a destiempo como un sarampión a los 40…


 -Mamá es verdad? 


- (Piensa deprisa Merche, piensa deprisa) Bueno… en parte si y en parte no…(vamos, vamos… que no te vea titubear)…Hace tanto tiempo que los reyes fueron a llevar regalos al niño Jesús que ya son muy muy mayores.. 

-si, son viejecitos… 
(Jo Maldita sea! Nacho está delante!)

-….Pues eso…. Tienen tanto trabajo que cuando en una casa no creen en ellos dejan de ir a llevarles los regalos, cuando las personas se hacen mayores dejan de creer en fantasías, y se les atrofia la imaginación y como hay tantos sitios a los que deben de ir dejan de visitarlos… 

-…solo en las casas donde hay niños pequeños o personas que siguen creyendo en ellos con muchísima ilusión siguen llevándoles los regalos. 

-Mamá tu siempre has creído verdad? 

-Si, cariño y sigo creyendo en ellos porque me hacen mucha ilusión. Y mientras que tu hermano sea pequeño y siga creyendo en ellos, a esta casa vendrán los Reyes a traer los regalos… 

-Y no tendréis que ir vosotros a comprarlos! 

-eso es… 
 (Bufff….¿prueba –momentáneamente- superada…?) 

-También dice que no existe el ratoncito Pérez… 

Nacho, que cada mañana es un sufrimiento para que se tome el desayuno, por primera vez se le ve muy concentrado en su tazón de cereales XL. 

- ¿Qué pasa que Mar no tiene hermanitos pequeños? 

- No, ella es la más pequeña…y ya es mayor. 

- Ya lo veo…¿que pena no? Dejar de creer en las fantasías ni en los reyes ni en nada…

 - Si… 


- Bueno, pues entonces dejaremos de poner alpiste por las mañanas a los pajaritos, porque entonces Pifita tampoco existirá…


 - No, mamá, yo sí creo que Pifita existe…pero no sé cuál es… 

Pifita, según la tradición es un pajarillo misterioso que vuela alrededor de los niños y los hogares para dar parte y cuenta del comportamiento de los niños a los Reyes Magos, es un gorrión, tan corriente y normal que puede camuflarse y vigilar sin que nos demos cuenta y lo hace durante todo el año.
 Por eso empecé a poner alpiste cada mañana antes del desayuno en la tapia de enfrente de la ventana de la cocina para que Pifita- el enigmático pajarito mensajero- estuviera contento y lo hago convencida y convenciéndoles a mis hijos de que se encuentra entre todos esos gorriones, que vienen cada mañana sin falta a comer a nuestra tapia, así si Diana y Nacho no desayunan bien, en paz y armonía, estamos seguros de que Pifita volará a contárselo a Los Reyes y se quedarán sin la mayor parte de los regalos que desean pedir.
 A mi madre le funcionaba y al menos hasta ayer a mi también… 


Diana volvió a la carga: 

-Mamá tu cómo crees que es el ratón Pérez? 

-Cuando yo era pequeña vivía con mi familia en una casa en una urbanización en plena vega de Granada, cerca había un cortijo y un silo donde almacenaban el grano de maíz e incluso un secadero de tabaco y a veces en el garaje se colaban ratoncillos, estoy segura de que uno de ellos debía ser el que le quitaba a tu tío Carlos –mi hermano pequeño- los dientecillos que en aquella época dejaba bajo la almohada cuando se le caían. A ese ratón que se lleva los dientecillos se le llama ratón Pérez y a mí me cae muy bien.

 -Siii a mi también! Pero cómo crees que es? 

-Yo cuando lo imagino se me viene a la cabeza algo entre Stuart Little y ratatatui… y a ti? 

-Si, pero sin jersey… 

-Si, claro, sería muy “cantoso”… 

Nacho aprovechó el silencio que se hizo mientras dibujábamos en nuestra mente ratones cargados de granos de cereal o dientecillos para sacar la cabeza del tazón donde hacía rato no quedaba ni una gota de leche, para sentenciar: 



-Pues este año me voy a portar “mu bien” para que me traigan muchos regalos los Reyes porque les voy a pedir muuuuchas cosas! 
 O tal vez… ¿por si es el ultimo? (pensé yo)

 -Muy bien Nacho, venga! Rápido id a vestiros que se está haciendo tarde!

 Debo meditarlo porqué sé que no será esta la última vez que salga el tema y a mí la noticia de que los Reyes eran los padres me disgustó tanto que espero poder suavizarle el golpe a mi hija y sobre todo alargar la ilusión de Nacho, porque Diana es incapaz de guardar el secreto. Bien es cierto que tras unos años intentando “pillar a mis padres en faena” la noche de los Reyes, acabé por rendirme a la evidencia de la ilusión por encima de todo y hasta que mis hijos no llegaron, cada año indefectiblemente yo seguía llorando en las cabalgatas –que no me perdía-porque me hubiera encantado que aquella ilusión fuera verdad. Pese a que casi cada año desde mi infancia he creído que esa es una noche mágica.
Desde que llegaron Diana y Nacho me han reforzado esa ilusión que, lógicamente está potenciada y descansa en la ilusión de ellos, de mis hijos. 

 Sé que la urna donde guardo ese deseo se romperá muy pronto, “Diana ya tiene edad para saber…” me dicen todos..
¡Lo sé! pero que nadie me culpe por intentar con ellos como hicieron conmigo que siga creyendo en un puñadito de fantasías que hacen de la vida un paseo más bonito pese a todo y sobre todas las cosas, digan lo que digan yo sigo creyendo en la existencia de la magia en la noche de reyes y eso quiero para ellos, traigan los regalos quien los traiga.