Este ha sido un curso raro, difícil, de pulsos de salud física y mental. Un año duro, agotador, lleno de preocupaciones más allá del COVID. En lo personal compartiendo agobio y conteniendo inquietudes, un tiempo que ha necesitado de muchas dosis de paciencia y presencia (quien viva con niños o adolescentes lo sabe), y de mucha creatividad. De pronto, como si de una película de ciencia ficción se tratara, nos encontramos paralizados con los toques de queda y la prohibición de quedar y abrazar más allá de tus convivientes, Y las calles cerradas y las bocas tapadas y el mundo se volvió peligroso y hostil en lo invisible y nos descolocó muchas de nuestras verdades relativas y casi todas las certezas absolutas, y nos arrebataron los derechos adquiridos y aprendimos o reemprendimos un camino nuevo, diferente, disparejo pero al mismo centro del miedo. Con el #YoMeQuedoEnCasa y para no quedarnos aislados, nos hemos puesto las pilas, hemos tenido que digitalizarnos casi a marchas forz...