Feliz Navidad romántica y tradicional

Seré una romántica pero la Navidad siempre me ha gustado, pese a que desde muy pronto en casa hubo que dividirse cómo y con quién se celebraba la Noche buena y la Noche vieja, pero con las luces se me encendía y aún todavía se me enciende el espíritu navideño, echo muchísimo de menos a los que me faltan, tengo ganas de abrazar y felicitar a la gente que me resulta simpática, lloro con el anuncio de turrones "El almendro" (la canción me toca especialmente la fibra sensible) y mi memoria no deja de evocar recuerdo tras recuerdo de momentos "Coca-Cola" de esos perfectos en los que tu vida parece un anuncio.
Después de unos años en los que las preocupaciones y/o los agobios no nos han dejado disfrutar de la Navidad...ni de casi nada, este año quisiera fabricar con mi familia muchos de esos momentos, ¡que los que tenía ya casi los veía en color sepia!Ojalá esta Navidad sea con todo y para todos un tiempo especial, que aunque sea sólo porque es Navidad, nos volvamos un poco más amables y afectuosos, y menos ácidos y egoístas. ¿Quién sabe si volvemos a tomarle el gustillo y lo prolongamos el resto del año?
Pensemos en el efecto espejo... los demás casi siempre nos devuelven la sonrisa.
Bueno ahí va mi deseo, el mío y el de mi familia.
Encended los altavoces,si no se visualiza bien este es el enlace:

Con todo nuestro cariño.

Inteligencia emocional en niños adoptados.

El sábado estuvimos en Granada en un taller sobre Inteligencia emocional (IE) aplicada a la adopción que organizaba la asociación AFAM en colaboración con la Obra Social Caja Granada, lo impartió Marina Pons Vidal, psicóloga y técnico de valoración de adopción durante dos horas y media que se hicieron cortas, -escasas más bien- .
Bajo el lema “"NO SOMOS RESPONSABLES DE LAS EMOCIONES, PERO SÍ DE LO QUE HACEMOS CON ELLAS".
Fue una toma de contacto con el concepto de inteligencia emocional, un dar a conocer en qué consiste y para qué sirve.
Se trata de tener o potenciar la habilidad para identificar y conocer nuestras emociones y las de los demás, y conseguir la destreza para manejarlas.
Algo que parece sencillo, que se supone todos debíamos si no nacer con ello, si desarrollarlo a medida que fuéramos creciendo de manera intuitiva o “aprehendida” de nuestros mayores, de esa “Tribu” educadora que cada día es menos sólida y más provisional, por lo que cada vez es más complicado que nuestros hijos y nosotros mismos seamos capaces de aplicar, de “rentabilizar” lo que sentimos, y sentimos siempre, con todo y con todos, continuamente, pero...¿somos conscientes de que lo hacemos, de lo que provocamos en los demás? .
Parece que la IE hablara de sentimientos en términos mercantiles pero es que se trata de aprender a inventariar nuestros sentimientos, de reconocer y clasificar nuestras emociones y poder controlarlas o adaptarlas a las situaciones a las que nos enfrentamos con ellas de manera habitual de forma que, al ser más conscientes de lo que las distintas situaciones provocan en nosotros, seamos capaces de dar respuestas cada vez más adecuadas a las circunstancias.
No es fácil, pensemos en algo que nos saca de quicio de manera sistemática y de lo mucho que nos disgusta que la ira o el enfado, se apoderen de nosotros, nos hagan su presa y no podamos reaccionar de manera calmada o racional. A veces ni nos reconocemos en situaciones como por ejemplo conducir, o cuando pensamos que nos están “usurpando” algún privilegio, alguna cosa o beneficio que consideremos que nos pertenece por “derecho”. Más o menos se trataría de reconocer esas emociones como violentas o paralizantes o lo que quiera que desencadenen en nosotros y cuantificarlas y dosificarlas, para que no se apoderen de nosotros y nos impidan manejar cualquier situación de forma más adecuada. Con lo que nos sentiremos mejor al ser capaces de manejar nosotros las emociones y no ser manejados por ellas y todo esto trasmitírselo a nuestros hijos para que aprendan a hacerlo. (Ahí es nada) Sin saber que tenía denominación de origen llevo toda mi vida intentando hacerlo, sobre todo en lo que se refiere a emociones viscerales, pero cuando creo que ya lo tengo conseguido siempre aparece alguna nueva situación que da al traste con mi sensación de superación.
Tal vez por eso me preocupa más el ser capaz de trasmitírselo a mis hijos. Todavía es peor el hecho de que desde que ellos han llegado también se ha ido al traste mi armonía, y la persona medida y centrada que creía haber llegado a ser.
Ahora mis emociones se desbordan cada día, a veces positivamente y otras todo lo contrario, me conmuevo con sus cosas o me disgusto y me enfado y han convertido mi vida en un carrusel…bueno más bien en una montaña rusa de emociones.
Supongo que la adaptación es para todos y desde luego que tengo que trabajar mi propia IE hasta conseguir lo que en el taller nos propusieron.

Mi madre decía a menudo que los niños vienen al mundo con cinco sentidos y que de los padres depende que les dotemos además del sentido común y les desarrollemos el sentido del humor. También me decía muy a menudo que tenía que domar mi carácter impetuoso y pasional… Ella cuarenta años atrás ya conocía el tema aunque no supiera denominarlo.
Y es que si se piensa un poco se trata nada más -ni nada menos- de sentimientos, emociones, reaciones con más o menos espontaneidad... todo esto es primario y elemental pero vamos tan deprisa y estamos tan preocupados por las cosas urgentes de cada día que es necesario que alguien nos reúna en un aula, una tarde de sábado de diciembre y nos explique todas estas cosas que pertenecen a nuestra intimidad, emociones y sentimientos intrínsecos a nuestros hijos y a nosotros, tan personales pero a las que no prestamos la debida atención.
Gracias Loreto y Marina por hacerlo.