Reflexiones y fin de fiesta con dos fiestas.

En cada sitio que hemos visitado, he buscado parte de mi, por la ausencia de datos por la falta de mis padres y otra familia extensa, viajar a esos lugares, ha sido como revalidar un poco quien soy, lo que soy, de donde vengo...
Ahora, a mi regreso y repasando el viaje, me doy cuenta de que además, he creado y dejado para tiempo adelante nuevos recuerdos, recuerdos también de otros niños –los nuestros- ahora tan importantes como los que vine a buscar, la diferencia estriba en que yo entonces no sabía que estaba elaborando recuerdos y esta vez tengo cierta consciencia de que junto a aquellos viejos recuerdos diluidos por el tiempo he dejado estampas nuevas llenas de color y de fuerza, risas infantiles nuevas solapadas a las mías y estoy segura de que todo esto ayuda además de a enriquecer mi particular álbum de familia a ilustrarlo con colores más vivaces, como si esta sangre nueva que ha llegado a nuestra familia hiciera posible una continuidad genealógica que me constata por fin la profunda vinculación a mis hijos y de mis hijos.
He regresado de un viaje lleno de nostalgia sin nostalgia, más consciente de que aquella niña que fui quedó atrás, que los recuerdos maternales fluyen en mi sin necesidad de ir a renovarlos en rincones remotos de nuestra geografía familiar, y que todas y cada una de las ciudades visitadas ahora forman parte de una nueva historia que está por estrenar cada día. Esto sea resultado del descanso o de algún feliz y metafísico descubrimiento, no deja de ser un motor ilusionante, motor que necesitaba poner a punto para el curso que comienza.
Ah, y  encontré amapolas al final de nuestro recorrido vacacional!


"2 Cumpleaños felices"

Como para desperezarnos de tanto viaje nada más regresar hicimos las maletas de nuevo para no faltar a una cita muy especial en Granada: el doble cumpleaños de Nikita y Evelyn, que por esas espirales casuales, de los 365 días que tiene el año con sus doce meses, eligieron los dos venir a este mundo el 2 de septiembre. Cuando a Evelyn le dijeron la fecha de nacimiento del que iba a ser su hijo pensó que era una broma, pero luego se confirmó que era cierto.
 ¿Un guiño cómplice de la vida para unirlos aun más y para siempre? ¿Sólo coincidencia?

Soria dura,Soria pura, Soria mía

Siguiendo la ruta de nuestros ancestros, a la vuelta pasamos por Arnedo –ciudad natal de mi abuelo materno- y paramos a comer en Logroño, donde vivieran mis abuelos hace la intemerata, Eduardo se mueve por las ciudades como si las conociera y pronto llegamos al centro, preguntamos por la “senda de los elefantes” a un señor que además de tener una planta fenomenal era muy amable y nos acompañó hasta el principio de la calle y nos hizo alguna recomendación de otra zona cercana donde tapear o comer. Nos habló de Logroño como una ciudad muy agradable para vivir y aunque estuvimos poco más de un par de horas desde luego lo que vi me lo pareció.

Regreso a Zaragoza.
Volver a casa de nuestra amiga Elena es un poco como volver a casa, tan a gusto y bienvenidos nos hace siempre sentir, nos reencontramos con Elena a la hora de la cena, que andaba esos días loca con el trabajo, en los días que estuvimos allí, apenas hemos coincidido salvo de noche, si descontamos una tarde que nos hizo un huequito en su agenda para que los niños visitaran la radio donde trabaja, les hizo una visita turística y les presentó a muchos de sus compañeros y hasta les dejó grabar una maqueta, los dos encantados con los cascos y el micrófono.
A parte de esto sólo nos reuníamos a la hora de la cena, y aprovechábamos  la cena para hablar de nuestras cosas, siempre hicimos sobremesa y alguna noche también se han acercado a vernos sus hermanas Carmina y Pol, dos mujeres cariñosas y generosas de sus personas como pocas. En seguida mis hijos las recordaron, en seguida Diana las abrazó y al notar su receptividad se notaba entre ellas fluir el cariño, la ternura.
No todo el mundo acepta la manera de acercarse que tiene Diana,con abrazos y caricias de las que no estamos acostumbrados ya que nos den los niños que no son pequeñitos. Nacho es besucón pero breve, a Diana le es más fácil comunicarse por la piel, y hay gente que esto les incomoda. No es este el caso, a las hermanas de Elena se las notaba encantadas y Elena -como es igual que Diana- pues el tiempo que estaban juntas estaban abrazadicas o en contacto. 
A mí me pasa que cuando siento a alguien cercano, también necesito el contacto, soy sabedora de que me comunico también con la piel y pienso que es una pena que estos códigos de conducta se van perdiendo o envileciendo: nos presentan a alguien y nos ponemos a besarnos nos apetezca o no, nuestro espacio vital se achica hasta desaparecer en el transporte público o por la calle, pero nos parece raro que los niños no tan bebés se nos abracen y lo peor es que todo esto sucede sin siquiera ser conscientes de ello.

Al día siguiente de llegar a Zaragoza, Eduardo propuso visitar el monasterio de Veruela, en el que estuvimos juntos en un precioso concierto de música africana ahora parece que hace muchísimos años y luego subimos al Moncayo a ver la lluvia de estrellas que esa noche prometía.

Llegamos y estaba cerrado y como quiera que estábamos a medio camino entre regresar a Zaragoza y acercarnos a Soria nos decidimos por esto último…


Soria.

"Algunos lienzos del recuerdo tienen
luz de jardín y soledad de campo;
la placidez del sueño
en el paisaje familiar soñado."
A. Machado

Es curioso que hoy precisamente 23 de septiembre me “toque” recordar este tramo del camino, tal vez sea esta una de esas casualidades en espiral que la vida me dedica de vez en cuando. Tal día como hoy 23 hace 23 años mi madre -que nació en Soria- moría muy lejos de su ciudad, una ciudad que no dejó de amar y recordar nunca.
A Soria la aprendí a amar yo através de los ojos y del corazón de mi madre, claro que tengo mis propios –aunque escasos- recuerdos infantiles, pero su conocimiento y mi relación con Soria ( a la que vuelvo cada cierto tiempo) es absolutamente maternal, mi madre me la enseño no solo físicamente, me la hizo aprender y comprender en los versos de Machado en las leyendas de Becquer, en sus edificios románicos, en su pasado histórico, en sus canciones populares ( las sanjuaneras).

Pocas ciudades conozco mejor que esta y cuando vuelvo no pretendo encontrarme a mi misma sino encontrarla a ella, oír su voz explicándome, con palabras de Bécquer los arcos de San Juan de Duero, tan cerca del monte de las ánimas…

[…] "Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche." (De la leyenda "El Monte de las Animas" de Gustavo Adolfo Becquer)

Valonsadero también guarda de mi muchos momentos infantiles, los más entrañables los que compartí con mi abuelo, que nos llevaba para que jugáramos a todos los nietos apiñados en su pequeño Austin Morris a jugar en sus praderas, a ver los toros sueltos, a pescar ranitas y a bañarnos –sin su permiso- en los charcos que en la roca dejara la lluvia y a veces –una vez cada verano-preparábamos trampas y nos mandaba a jugar lejos, luego él las ocupaba -con cuidado de no dañar a los animales- de conejos o palomas para que cada familia tuviera una mascota. Recuerdo un verano que se me antojara una paloma blanca y marrón que por prodigio de la naturaleza fue a caer en la trampa que a mí me correspondía (¿cómo no voy a creer en los milagros?)
La visita con los niños terminó entre San Polo y San Saturio, bordeando el Duero, recordando historias infantiles y frases de poemas ¿Cómo no recordar a mi madre recitando "el olmo seco hendido por el rayo y en su mitad podrido..." o aquella que hablaba de "tan sólo palabras" de Gerardo Diego?


"Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
Sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras".



Y Cómo no canturrear bajito “…a San Polo, bajan bajan a bailar y un descanso corto para merendar…” las sanjuaneras que tantas veces nos acompañaron en los viajes y las excursiones familiares, al pasar debajo del puente de San Polo. 

A la orilla del río hablamos con un matrimonio que estaban pescando cangrejos y tanto Diana como Nacho quedaron muy impresionados por los cangrejos que atenazaban desde el fondo de los cubos con sus pinzas el palito que les acercaba el hombre para que los niños vieran lo fieros que podían ser, incluso les mostró unas “heridas” de campaña que un malvado cangrejo - más rápido que su captor-, le dejara en sus dedos índice y pulgar.
Como quiera que en la comida habíamos pedido cangrejos y que estos eran rojos en el plato, les llamó la atención que vivos fueran de color “negro oscuro”.
Antes de esto habíamos visitado la Concatedral de san Pedro y también aunque la encontramos cerrada, la Iglesia de Santo Domingo y Santo Tomé  que era una de las favoritas de mi madre junto con la Ermita de la Soledad en la Dehesa, donde tantos domingos fuéramos a misa ya que mis abuelos vivían muy cerca, pudimos entrar y estar unos minutos apreciando el recogimiento que este lugar ofrece.
La Dehesa guarda mis momentos de infancia jugando con mis primos en el césped,  clavando navajitas de colores que no sé cómo llegaron a nuestras manos.
Yo conocí y lloré el imponente olmo centenario cuando me enteré de que tuvieron que talarlo al haber enfermado y muerto por culpa de un hongo homicida.

Pasear con mis hijos en la actualidad por la Dehesa se me antojó como el cierre del círculo, buscaba yo en ese paseo solitario, esa sensación tan íntima como que alguien te acaricia el alma (que se parece mucho a ese rayito de sol que acaricia y calienta a la mañana muy temprano en otoño), entender lo incomprensible, obtener algún dato más de mi memoria y mi autobiografía, pero no había fresquito mañanero sino una tórrida tarde de calor seco castellano y de mi biografía no queda más que unas persianas de madera rotas tras las que viviera mi familia y mis veranos infantiles y una arqueta en el suelo con el nombre de mi padre y la fecha 1968, yo tenía entonces 5 años.

"He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!


Antonio Machado.

Viaje a nuestros orígenes 3ª parte.

Al día siguiente pusimos rumbo a San Sebastian con parada en Guernica, donde visitamos entre otras cosas su célebre árbol y su casa de juntas, “sitio de paz y de conciliación…” con su preciosa vidriera, Diana tras preguntar qué sitio era aquel y oír las explicaciones dijo:

-“A mí me gusta mucho la paz…”

En su colegio andan siempre a vueltas con la paz- pienso que sería mejor que más que ejercitarles con palomas blancas y recuerdos de tiempos lejanos de ausencia de paz, les instruyeran en la armonía, la reciprocidad y el compañerismo…


Hicimos paradas también en Lekeitio, Ondarroa y pasamos por pueblos y paisajes de postal hasta llegar por la tarde a la extraordinaria San Sebastian.
Lo más increíble de viajar por estas tierras ha sido …¿cómo explicarlo? en cualquier viaje los trayectos, cortos o largos pueden ser agradables de mirar el paisaje y espectaculares a la llegada de puntos concretos. El País vasco es espectacular desde el minuto cero, desde el primer hasta el último kilómetro, es todo él bonito, cuidado, limpio, me dio la impresión de que hasta los cobertizos del campo están cuidados, sin esa sensación de abandono o dejadez que te habla de dejar morir las cosas, tal vez la propia naturaleza se encarga de embellecer las tapias y los tejados en complicidad con la belleza de unos campos pulcramente cuidados, de unas parcelas trabajadas exentas de escombros o rastrojos.

Me maravillaron las casonas caprichosas orgullo de sus dueños, diseminadas por todas partes y en más de una me colé con la imaginación. Teorizaba con lo que sería amanecer cada día con semejante “poster” tras tu ventana…
Lo reconozco, me he enamorado de esas tierras, y si bien su mar y sus costas son impresionantes, mi corazón se ha quedado hechizado con su paisaje interior.
La visita a San Sebastián -preciosa también, soberbia-, fue muy corta casi fugaz, me dio la impresión de conocerla, no me sorprendió como lo hiciera Bilbao. Hacía viento y recorrimos su paseo suspendidos en gotitas de mar, pasamos la tarde paseándola, saboreándola con los cinco sentidos. El tema de la gastronomía merecería un capítulo aparte y extensísimo,  sobre todo creo que haría toda una oda al txangurro, del que Nacho hizo volar un cuenquito lleno, en un bar del casco antiguo, un sitio de los de estar de pie y beber un txacolí o un vino y tomar unos pinchos -a cual más exquisito-.
Pero aunque sé que es la del comer una cuestión relevante, mi intención al escribir este personal cuaderno de viaje es tratar de que no se nos olviden unas vacaciones llenas de sensaciones y como las del paladar han sido tantas -por no decir todas- sensaciones nuevas y formidables es este un aspecto del viaje que simplemente voy a referenciar porque lo que quiero describir ahora que aún las recuerdo y para memorizarlas para siempre,son las sensaciones más de adentro o al menos darle una mayor relevancia a lo que percibí en este viaje inolvidable a través de la piel.



Al día siguiente habíamos quedado en Bilbao con Montse y su familia –Iosu ya se había incorporado a las vacaciones familiares- y además íbamos a reunirnos con otra amiga de ambas que aunque viviendo en Andalucía estaba pasando unos días con su familia en Palencia y se había acercado también a Euskadi para poder vernos las tres, un proyecto que se nos truncó el año pasado y este casi sin planearlo se iba a hacer realidad, las tres que pasamos por idénticas situaciones para poder adoptar en fechas coincidentes, íbamos por fin a reunirnos con nuestras familias. Yo casi me enteré en vísperas de que nos veríamos porque andaba sin batería en el teléfono y sin cargador y nuestro enlace era Montse aún así conseguimos reunirnos todos en Bilbao la mañana del sábado, día en que la fiesta estaba presente en cada rincón de la ciudad.

Nos encontramos entre gigantes y cabezudos. A Pilar y su familia viajamos a conocerles a Marbella el verano pasado, en otro encuentro muy especial,

(http://alotroladodelhilorojo.blogspot.com/2010/06/fin-de-semana-en-compania.html)
También nosotras hemos mantenido el contacto a través del correo electrónico y el teléfono. Pero internet y su magia hace posible que aunque no nos hayamos visto en un año, igual que con Montse parecía como si no hubiera hecho sino horas desde que nos despedimos físicamente.
 Fue una alegría el volver a vernos, Gerry y Ella igual de majos y sus hijos más crecidos y guapísimos a Lucas por su corta edad, se le notaba mucho más el cambio: había hecho, como Nacho, la transformación de bebé a niño y tanto a Pilar como a mí nos duele que todo haya sido tan rápido y fugaz.


Disfrutamos un montón con los gigantes y cabezudos que al principio a Diana y a Nacho les daban miedo, hasta que les explicamos cómo dentro iban personas y todo era un juego.

Después fuimos todos en tranvía al encuentro de Montse y su familia con los que habíamos quedado en el Guggenheim, impresionante y aunque no era momento de visitarlo por dentro lo rodeamos con promesa de volver antes de marcharnos.


Pasamos el día juntos las tres familias, como en una sola familia, nos reímos y bromeamos sin parar de hablar todos con todos, tenemos tantas cosas de que hablar, tantas vivencias y experiencias parecidas que siempre nos falta tiempo y siempre quedan cosas pendientes.
Nos separamos tras la cena, Montse, Iosu y los niños se quedaron con nosotros para ver los fuegos artificiales que prometían ser aún mejores que la noche que llegamos, aunque a la pobrecita Aigul no le hicieron ninguna gracia y Montse no pudo disfrutarlos al tener que irse con la pobre bajo techo para intentar calmarla un poco. Luego de los fuegos nos despedimos con promesa de vernos a la tarde siguiente en Llodio, para fin de fiestas.


El sábado nosotros desayunamos con Gerry, Pilar y los niños y nos despedimos con un hasta pronto, ya que ellos seguían camino a Santander, nosotros fuimos a ver el puente colgante de Getxo, o Puente Bizkaia que une las dos orillas del Nervión, Portugalete con Getxo.

En una mañana de sol super agradable, mañana de domingo con ambiente de mañana de domingo, campanas que llaman a misa, y que invitan a asomarse a su preciosa basílica, con una pila bautismal de la que Eduardo en broma me comentó que en Bilbao, a los niños más que bautizarles les hacían hacer un par de largos, la verdad es que más que una Pila parecía una piscina olímpica!
Comimos en Santurce… sardinas aparte -que estaban riquísimas-, todo lo que comimos estaba exquisito pero compartimos un txangurro, que lo estoy escribiendo y me arranca suspiros…
A la tarde nos reunimos en Llodio con nuestros amigos y la verdad es que el tiempo se evaporó entre pompas de jabón y conga con los niños en la plaza del pueblo.
Lo pasamos bien, muy bien, pero lo mejor era ser una misma sin poses ni estrategias sociales, y que el tiempo fluía sin apremio, aun mejor la sensación de estar donde querías estar, sin latitudes, ni provincias, sin horarios sin planes, y cuando llegó la hora de despedirnos, todos teníamos la sensación de continuidad y la seguridad de que era un "hasta muy pronto".
Siempre se ha dicho que de mayores es difícil hacer amigos, yo tengo la suerte que en distintos puntos de la geografía española de unos años acá, tengo un puñadito de amistades de “para siempre”, Zaragoza, Barcelona, Marbella, Llodio-Tenerife,Granada...


Como fin de fiesta y despedida de Bilbao, a la mañana siguiente fuimos a visitar el museo Guggenheim con Diana y Nacho tuvimos la suerte de que aun siendo lunes estuviera abierto, nunca entendí la manía de cerrar los museos los lunes, cuando he viajado a las distintas ferias por trabajo que suelen coincidir con el fin de semana y he podido alargar la estancia, me ha fastidiado mucho no poder dedicar la mañana del lunes a visitas culturales por este motivo.
Hicimos un desayuno de diseño en la cafetería del museo y entramos a visitarlo.

Me parece un centro de sensaciones, -no siempre agradables-. Hay obras que entiendo y me gustan o no, otras que sin entenderlas me gustan, otras que admiro aunque no las entienda y otras que me parecen una tomadura de pelo, no es que me enfaden o me incomoden, sencillamente me parece poco acertado darles la calificación de arte, por modernos que queramos ponernos, digan lo que digan quienes sobre esto tienen autoridad para decir.
A mí lo que más me gustó fue desde luego el edificio y las obras que lo rodean en el exterior incluyendo el Puppy y las “bolas” de Kapoor seguidos por “la materia del tiempo” de Richard Serra, pasear por dentro de ese inmenso espacio escultórico, abandonarte a la sensación a veces de vértigo, dejar que la perspectiva engañe a tus ojos es un juego que siempre me ha fascinado y al que me presté gustosa. Los niños cada cual de la mano de uno de nosotros hicieron el recorrido de la obra como un poco abrumados, aunque enseguida parecieron comprender que estábamos como en una suerte de espacio mágico donde habitación o habitáculo tras habitáculo nos aguardaban sorpresas.

Creo que lo mejor de la visita a parte de la obra inmensa de Serra fueron los comentarios de Nacho, algunas exclamaciones de sorpresa o impresión como eran sus ”ahí vaaaaa…!” con una “a” final que alargaba de forma directamente proporcional a la sorpresa o admiración que le causara lo que estaba viendo, o un expontáneo y no siempre susurrante “-mira papá está roto!”, o “se ha roto!”o un “qué desastre” al entrar en un recinto donde se “exponían” una suerte de vulgares cubos de pintura rotos y algunos trastos dispersos.
Las peores las que no produjeron ningún efecto en él, desde luego como crítico de arte es un crack. 
A Diana la iba observando y preguntando y ella a su vez me preguntaba desconcertada, de muchas de las cosas que veía me decía “¿qué feo no?” o “no entiendo nada…” arrugaba su naricilla y negaba mucho con la cabeza luego quedó abducida por una sala llena de televisores (Küba) Diana no entendía de qué iba todo aquello y le expliqué que de lo que se trataba era de observar y considerar si le gustaba o no, si le parecía simpático o desagradable lo que veía.

De todos modos una mañana no es suficiente, espero algún día volver con más calma, porque me quedó la sensación de que tengo mucho que aprender y que es un museo que merece una visita más detenida y con la mente más abierta. También me quedé con ganas de visitar el museo de Bellas Artes –que sí cerraba el lunes-.

Me han gustado tanto Bilbao, y Euskadi en general que daban ganas de quedarse para siempre y nos fuimos con promesa de volver el año que viene, porque nos ha parecido un lugar inagotable.

Viaje a nuestros orígenes 2ª parte (continuación).

De regreso a la tierra, hago un inciso para decir que, viviendo en una esquina del mapa y con un horario laboral y circunstancias personales que apenas me permiten la movilidad geográfica, parapetada mi ciudad tras un desierto, he encontrado en internet mi conexión con el “más allá” de esas barreras geográficas, de esos muros de espacio tiempo, infranqueables si no hubiera existido la red.

 Personas y relaciones personales muy importantes en mi vida no las hubiera podido conocer o mantener el contacto, si no hubiera sido por internet, con su instantaneidad y acercamiento, con sus foros y sus blogs han propiciado “encuentros” que para mi han sido  muy valiosos.

Una de estas personas es Montse, coincidimos en los foros de adopción. Aunque nos separan muchísimos kilómetros y  -hasta el atlántico- Quiso la red que nos encontráramos en un foro con padres destinados a adoptar en Kazajstán, quiso el destino que nuestros caminos se cruzaran en el ciberespacio y que poco a poco camináramos juntas y en paralelo en este viaje tan aventurado y comprometido que es el de la maternidad por adopción.
Tras tres años de charlas telefónicas e intercambios de emails y mensajes llegaba por fin el momento de encontrarnos en persona. Por fin íbamos a coincidir en el tiempo y el espacio geográfico, en su pueblo natal: LLodio.


Muchas personas ven en internet una especie de “agujero negro”, yo lo veo como una herramienta inestimable, como un inmenso kiosco donde puedes adquirir desde un buen libro, (o toda la información que desees sobre él) a un tebeo, ¡claro que también puedes adquirir pornografía! Eso está en el que usa la red, como en el que va al kiosco.

Tampoco pueden entender que se establezcan relaciones sinceras y sin ficciones entre dos personas que tal vez no vayan a verse nunca. Otras –las que conocen bien este medio virtual- y lo usan sin farsas ni disfraces, saben que precisamente la magia de la red estriba en que al entablar conversaciones sin pasar por el filtro del lenguaje oral, es como si hablara uno desde más adentro y se hace con tal naturalidad y franqueza que las amistades que se originan en este medio -sostenidas en el tiempo-, suelen ser auténticas y perdurables.



Pues bien, continuando con nuestro periplo vacacional, nuestro siguiente destino fueron las tierras vascas, Un reencuentro de Eduardo con sus orígenes maternos, su madre y el padre de su madre fueron oriundos de Bilbao y siempre Eduardo (catalán de nacimiento) ha llevado muy a gala su segundo apellido que indica claramente su procedencia.


Dejando para la vuelta el paso por Logroño tierra de nacimiento de mi abuelo materno fuimos directamente a Llodio, donde teníamos una cita muy especial: íbamos a “conocer” a esa intima amiga mía, compañera de peregrinaje en el camino de la adopción en Kazajstán y aún más si cabe en la accidentada senda de la maternidad, a quien durante más de tres años he consultado, confiado y confesado mis más íntimos miedos antes y después de convertirme en madre, con quien me he desahogado y con la que he reflexionado mucho, quien como madre con experiencia me ha ayudado a encontrar estrategias o las ha buscado conmigo. Una de esas personas que si no fuese gracias a la red probablemente nunca hubiera conocido.


El encuentro con ella y con sus hijos –su marido aún no había podido coger las vacaciones-, fue del todo emotivo, abrazar a quien tantas veces te ha arropado con consejos y palabras de aliento, tiene una carga emocional que aflora a mis ojos incluso ahora que escribo sobre ello.

Pasado este momento y el natural escrutinio físico que ambas nos hicimos:
-Eres más alta…
-Tú eres más guapa en persona que en foto…

-Vaya ojos que tienes…!
 -Pues tu vaya melena!
Eso y el natural nerviosismo duró solo un momento porque inmediatamente pasamos a encontrarnos muy cómodas juntas, todo era tan familiar y tan “íntimamente conocido” que nada nos era ajeno.Ni mis hijos, ni sus hijos, ni siquiera sus caras ni sus voces, Y Eduardo y Montse se cayeron bien enseguida igual que sucediera días después con Iosu. Un hombre encantador.


Compartimos una comida y una tarde maravillosa que se nos pasó en un suspirito montando a los niños en castillos hinchables y toros mecánicos y entre risas y niños  y con promesa de encontrarnos dos días después en Bilbao nos despedimos con lo más parecido a un hasta luego.


Tras llegar al alojamiento, asearnos y arreglarnos un poco nos fuimos a Bilbao a cenar ¡Era la semana grande! ¡Que ambientazo! Que bonita estaba la ciudad y qué acogedora, tras conseguir un parking y mientras esperábamos nuestro turno, internet nos facilitó el programa de fiestas de ese día y los venideros:



En media hora empezarían los fuegos artificiales que a juzgar por cómo se estaba llenando de gente –sobre todo familias- la margen del rio debía merecer mucho la pena.

Nos hicimos de unos bocadillos, unas bebidas y nos buscamos un huequito a la espera de que empezara.


Yo no sabía si a Nacho le daría miedo, ni cómo reaccionaría, de hecho no sabía cómo reaccionaría yo misma, pero el ambiente el lugar y la excelente temperatura invitaban a quedarse a averiguarlo.
Se apagaron todas las luces de la calle, hasta la de la noria y otras atracciones que se veían enfrente de donde nos situamos y con un sonido atronador empezó el espectáculo. Nacho y Diana nos miraron asustados al primer estruendo y al ver la algarabía de los que nos rodeaban y nuestra propia alegría reaccionaron a su vez con asombro pero al momento se sumaron a esa alegría y admiraron maravillados el ensordecedor y a la vez increíble espectáculo de luces.

Yo nunca había visto nada igual, cada explosión daba paso a un visión más espectacular si cabía que la anterior, algunas de las cuales se abrían justo encima de nosotros como ramos de luz tan intensos que parecía iba a envolvernos, pero pese a lo cercanos, pese a lo ruidosos todos nos sentíamos a salvo y absolutamente fascinados.



Nuestra llegada a la tierra de origen de Eduardo no podía haber tenido un comienzo mejor que el abrazo de nuestra amiga vasca y el recibimiento con ese espectáculo de luz y color, nos hizo sentirnos desde luego “muy cerca del cielo”.