Desde el otro lado


Este tiempo, este camino que hemos recorrido hasta aquí juntos se me asemeja como un saco lleno de sorpresas que metes la mano y sale algo maravilloso y otra vez la metes y cambia y es un disgusto o un susto, otra vez bueno, dos y medio regular, ahora uno mejor y ahora una ceja rota, ahora un me he caído y ahora un no quiero, ahora un ¿mamá me quieres? Y ahora un ya-no-soy-tu-amigo….y así cada día salen del saco trescientas situaciones distintas de media…dependiendo del tiempo que estemos juntos, entre semana la media baja bastante y los fines de semana puede ser un torbellino… como torbellino es Nacho, que cada vez se parece más a bebé TAZ ese simpático diablillo de Tasmania de la Warner que se hace un remolino y cambia en un segundo.

Diana tiene un saquito más liviano, pero tampoco está exenta de sorpresas, sus cambios de humor no son tan drásticos y la verdad es que trata por todos los medios de compensar sus bataholas y pone tanto empeño en hacer y en aprender que es muy fácil bajar la guardia y tal vez por eso los descalabrillos o desatinos por no esperados te cogen más desprevenida.

El caso es que por esa constante tensión, esos pulsos, ese medir los limites “hasta donde” que no cesa, termina una envarándose y con la sensación de estar recortando límites y formulando normas constantemente porque entre noes y tiras y aflojas se pasan los días con muchas dudas e inseguridades en el personal e intransferible método educativo, siempre en estado mutante (ahora aflojando, ahora tensando), donde ya una se cuestiona si matar en presencia de los niños una araña peluda que se pasea campante por la moldura de la pared , es incitarles a la violencia.


Mi madre padecía aracnofobia con lo que solíamos ser nosotros los que acabábamos exterminando al bicho, normalmente por el método no siempre aséptico del zapatillazo y hasta la fecha creo que ninguno de los tres somos sádicos ni sanguinarios, incluso somos amantes de los animales, pero ahora todo es susceptible de provocar daños irreparables en las mentes infantiles, con lo que añado más inseguridades a mi proceder.
Dudas aparte y volviendo a los vaivenes de la maternidad, lo que priman por supuesto son esos momentos impagables, esos besos de compota de Nacho y esos abracitos de Diana -mi niña tierna, mi niña querida-,por detrás cuando estoy trabajando en la cocina, y  “mamá te he echado de menos” y mamá “yo soy tu bebé” " y mamá no te "valles"-cuando tengo que irme a trabajar y Nacho se me cuelga del cuello…
Y en estos es en los que quiero pararme hoy, ahora que de pronto me creció el bebé y la niña casi está de alta como yo, ahora que estoy sensiblona con las fechas en las que estamos, que parece que el otoño acaba de volver (o al menos asomarse tímidamente) me he parado a repasar qué recuerdos son los que perduran en mi memoria de hija sobre todas las cosas.
Sobre todas las cosas lo que recuerdo y que más añoro, tiene que ver con la proximidad, con el tacto,el calor... su mano fría en mi frente cuando me subía la fiebre, o su manita tibia en mi barriga como haciendo olas, si era esta la que me dolía.
Y me he acordado de cuando de vuelta del cole buscaba a mi madre por toda la casa y me gustaba notarla calentita y de como me calentaba las manos y me decía “¡estás helada!” o al revés cuando ella volvía de la calle envuelta en frío, un frío que potenciaba su olor, un personal y maravilloso olor a perfume Madame Rochas que nunca me ha vuelto a oler igual sin ella, ni lo reconozco en nadie más. Tal vez por eso anoche que regresé tarde, antes de entrar al dormitorio donde ya dormían los niños me rocié con un poquito de perfume, del que uso siempre,que me había puesto temprano a la mañana, para que también ellos inconscientemente o no, puedan tener un recuerdo parecido.
Recuerdo vivamente, la sensación de refugio que me producía el contarle los contratiempos que tenía en el colegio y en cambio la necesidad de protegerla para que nada le pasara, hasta el punto de que cuando al regresar del cole, si nos la cruzábamos cuando ella salía,-entonces teníamos cole por la tarde y salíamos ya de anochecida de clase de guitarra, gimnasia o baile-, siempre le decía que si le pasaba algo que gritara muy fuerte, muy fuerte, que yo la oiría y correría a rescatarla… y me quedaba preocupada o al menos mi recuerdo es el de quedarme preocupada por la soledad con la que mi madre iba a su misa diaria. Muchas veces me empeñaba tanto que tenía que llevarme con ella y si no lo conseguía,trataba de no irme a la cama antes de que ella volviera, o de permanecer despierta.
Nacho, esta madrugada vino a mi cama a acurrucarse a mi lado, como hace cada vez que no les doy “el beso” de buenas noches antes de dormir. Lo del beso es un decir, porque nunca es uno sino mil repartidos -eso si-, equitativamente entre los dos, que parece que los cuenten.
-Ahora a mí...!
-Ahora a mí...!
-En la barriga...!
-A mi también en la barriga…!(y me enseñan el ombligo)
-Uno de tortuga!
-Yo uno de pez!...
-Ahora a mi bebé (y Diana me da a besar a su muñeca)
-Y ahora a mi caballo…
Cuando Nacho viene a la cama de madrugada, en ese acurrucarse a mi lado reconozco la calidez del abrazo desde el otro lado, lo que no recuerdo es si mi madre –como ahora hago yo- imponía sus condiciones.
Las mías son: no chuparse el dedo para dormir y no subirse a la cama sin haber hecho antes pipí.(Esta norma está dictada por humedecidas experiencias anteriores) y con la condición –una más-, que cuando se quede dormido lo devuelvo a su cama.

Esta es la que más trabajo costó negociar pero anoche no hubo ningún problema, tras el momento mimosito y cuando su respiración llevaba un ratito sonando profunda lo cogí en brazos (ahí es donde más noto cuanto ha crecido) y aunque se despertó un momentico cuando lo arropaba en su camita, fue para decirme lo mucho que me quería, pero creo que cuando me agaché a darle un besito ya volvía a respirar profundamente recogidito en su postura favorita.
De más pequeñito intentaba dormir con nosotros y le gustaba subirse encima de mí y dormir hecho una ranita sobre mí pecho, ahora ya se ha puesto grande y se sale por todas partes y acaba hecho un tetris con sus piernas como “sentado” en mis piernas, su cabeza sobre mi brazo muy pegadito a mí y le da igual que haga calor como que haga frío la postura es siempre lo más achuchadica posible y es algo que me encanta..., tanto que me cuesta llevarlo a su cama al ratito de dormirse, pero sé que acabaríamos teniendo un problema de superpoblación durmiendo los cuatro en nuestra cama.
Cuando éramos pequeños y mi padre salía de viaje, nos rifábamos entre los hermanos el dormir con nuestra madre, y no disimulábamos nuestra alegría cuando nos enterábamos de que se iba de viaje porque nos encantaba dormir con mamá, además estaba el valor añadido de que en la habitación de mis padres había tele (en blanco y negro) y si el programa no tenía rombos mi madre nos dejaba verla un ratito abrazaditos a ella antes de apagar la luz.
Es posible que mi deseo de crear recuerdos venga inspirado por la ausencia de mi madre, porque son lo que tengo de ella y sé lo importante que es atesorarlos. En mi niñez más temprana, en los recuerdos más tiernos, todos tienen como co-protagonista a mi madre, que por ser la mía era única y especial.
Hoy me veo en mi papel de madre, repasando recuerdos de hija y momentos entrañables que estoy atesorando como madre y me aflige el que no puedo preguntarle a la mía por sus recuerdos,por los míos, por mis cosas de niña, por sus estrategias para enseñarme.
Seguramente el día de mañana mis hijos tendrán sus momentos pasados favoritos y ojalá que yo esté en ellos y ojalá podamos cotejarlos.

Dos años desde que nos conocimos

Yo creo en la memoria histórica, pero no en esa con la que nos martillean por televisiones y medios de comunicación, tal vez porque a tanto no me alcanza, ni tan siquiera recuerdo que mis padres hicieran mención a la guerra y mis abuelos si acaso, contaban anécdotas referentes a carencias y a ingeniosas maneras de superarlas. En mi casa, por suerte, no hubo caidos de ningún color, ni perdidas ni rencillas ni rencores.
Por eso para mí la memoria histórica es aquella que cómplice 
de mi inconsciente me manda teletipos, flashes de imágenes o un estado de ánimo raro que me hace preguntarme sobre lo que me sucede. Muchas veces el calendario me da la respuesta.
En estos días he estado especialmente nerviosa(tutoría incluida) con la sensación constante de que se me olvidaba algo o que algo importante me dejaba por hacer o se me estaba pasando…
Llevo todo al día y he resuelto con días de antelación cosas que podía haber dejado para más adelante, que siempre dejo para después y aun así he seguido con la sensación de que tenía algo por solucionar.
Me he asustado una docena de veces pensando que me había dejado a la pobre perra sin comer o sin subir al coche, y que lo mismo me estaba olvidando de alguna cita médica de los niños o nuestra, alguna onomástica, o algún encargo importante.
Al mismo tiempo cualquier cosa extra me parecía enormemente gravosa, y andaba –y aún ando- con la sensación de ir sobrecargada y que algo se me escapa,”debe de ser el cambio de estación”, me comentaban aquellas personas –pocas- a las que les hablaba de mis sensaciones, aquí a día de hoy no hemos bajado de los 30 grados a medio día y no hay más estaciones que la de autobuses o las de servicio, ni siquiera las higueras han empezado a despoblarse…
Algo que suele pasarme cuando estoy abrumada de trabajo o preocupaciones es que de pronto y por unos instantes mi mente me transporta (se escapa) a momentos precisos de alguno de mis viajes pasados y me trae a la memoria las mismas sensaciones o pensamientos de ese momento vivido, nada especial ni espectacular, un paseo por una calle vacía o una sentada en el césped de un parque, un asomarse a una barandilla en un puente o un golpe de viento al subir a un avión…cosas así.

En los últimos días he vuelto a encontrar tremendas similitudes a las áridas montañas que rodean esta ciudad que me ocupa con las de Ust-kamenogorsk (la ciudad donde conocimos a nuestros hijos).
Ust-kamenogorsk
 Una ciudad rodeada de montañas tan peladas y desoladas, como las que veo cada mañana al conducir hacia la ciudad donde trabajo, se parecen muchísimo.
Me veo sentada en aquel mono-volumen y recuerdo que comentamos sorprendidos el parecido días después   de empezar las visitas en sendos orfanatos, una vez que pude relajarme y fijarme en el paisaje que nos acompañaba en cada ida y venida que hacíamos para convivir unas horas con los niños. No sé porqué esperaba unas montañas más fecundas.

Luego la nieve cambiaría por completo el paisaje y acabaría con las similitudes, pero los primeros días allí, el otoño había conseguido uniformarlo todo de color marrón, como marrón es el paisaje Almeriense y las montañas sin vegetación y por su forma eran tan parecidas!


La gran diferencia en el paisaje eran sus dos ríos el Irtish y el Ulba que confluían en Ustka, y cada día encantados atravesábamos los dos ríos, tanto de ida como de vuelta y de nuevo de ida y de nuevo de vuelta, para estar con los niños, que casi eran nuestros pero todavía no.


Evelyn me llamó para preguntarme si íbamos a hacer algo especial para el segundo aniversario de conocer a nuestros hijos. Esta es la primera fecha importante, luego está la de su llegada a España,el 22 de diciembre, a casa, -su casa-, que solemos celebrarla con  mi hermano Carlos y Ana.
Claro está que hay mucho que celebrar y probablemente mi reloj interno no hacía sino ponerme en aviso como en aquellos días de fuerte tensión y nervios en que todo eran preparativos y preocupaciones por dejarlo todo “atado y bien atado” para lo que iba a ser una ausencia de un mes y a más de 7500 kilómetros de distancia(11100 si fuéramos en coche). Un mes que cambiaría nuestras vidas –la de todos- para siempre.
Lo celebramos reuniéndonos para comer, sin dejar de hablar de aquellos días, de las emociones, de los sentimientos encontrados, de lo que nos pareció bien y lo que no estuvo tan bien, recordamos malos y buenos momentos, y momentazos.
Después de comer nos fuimos a la playa hasta que con la caída del sol empezó a refrescar y ya en casa pusimos los vídeos de aquellos días...
Los tres niños miraban los vídeos divertidos, con algarabía cuando salía uno u otro y con curiosidad y sin atisbo de tristeza o resistencia a los recuerdos ni a los lugares o las personas que salían en ellos. 


Nosotros vimos a tres niños tan distintos  dos años después y recordamos mas momentos y compartimos de nuevo nuestros recuerdos como quien comparte una baraja enseñando sus cartas, sin ases en la manga, tan al unísono vivimos todas las cosas y tan unidos estuvimos allí que no había ninguna carta desconocida para ninguno, ninguna incidencia pasada por alto, repasamos nuestras historias y son la misma historia,repasamos las emociones, las sensaciones, las buenas y las malas –que también las hubo, claro-.
Con todo ya superado recordamos con cariño a todas las personas con las que compartimos cada día de aquel mes y nos hablamos por teléfono y nos vimos por Skype con Luba, Carmen y Juan, que viven en Barcelona, nuestra otra parte de la familia de Ust-kamenogosrk. 
Recordamos a las que vivieron con nosotros en vivo y en directo la experiencia, pero no se nos podía olvidar aquellos que siguieron con nosotros desde España nuestra "aventura". 


Mi familia, en especial mi hermano Carlos y Ana, su mujer, que lo vivieron con honda preocupación y procuraban estar al otro lado del Skype cada día -pese al desfase horario- para que les contáramos todo y recibían nuestras fotos y se angustiaban y alegraban con nosotros y Elena nuestra amiga que desde Zaragoza hizo tandem con mi hermano y se iban pasando datos y noticias y Sonia en la tienda lo mismo, pendiente de nosotros y  llevando el negocio y defendiéndolo sola lo mejor que pudo.
Celebramos, cenamos y brindamos y Evelyn y Nikita se quedaron a dormir y por la mañana cuando después de desayunar se marcharon, Diana y Nacho se pusieron a jugar y Eduardo a sus cosas y yo aproveché un momento a solas para releer la sentencia por la que nos convertimos legalmente en padres de nuestros hijos, nuestros hijos para siempre que conocimos hace dos años. Caprichoso es el tiempo que me parece tan poco...

Esta semana tiene dos lunes.

Lunes otra vez…-aunque sea jueves- pero mi yo autómata, maquinal se siente y se mueve como lunes,me repito que queda menos para el sábado, que se me va a hacer corto, pero que va… las obligaciones y los horarios enlatados –las horas como sardinas- me dicen al oído que no me engañe, que da igual lunes o jueves que las obligaciones son iguales y que lo que me pasa es que estos días de fiesta me saben a gloria y a poco a muy poco, sobre todo si como este he conseguido desconectar en mi particular paraíso, cuando esto sucede  retomar la semana me cuesta horrores.

Hablando de lunes,el ya pasado superamos la prueba de la tutoría con Nacho, tan nerviosa como iba por puro miedo a lo desconocido, a llevarme una desagradable sorpresa o aún peor el terror a enterarme de algo  crucial en la vida cotidiana de mi hijo que a mi se me hubiera pasado por alto, algún rasgo inédito en el carácter de Nacho que me dejara descolocada y con esa sensación de “que no te enteras” que ya he visto en  otras madres y que tanto desazón me produce, al escuchar sus anécdotas, sus epopeyas .

Al comienzo de curso a la primera reunión de clase, la de toma de contacto del profesor con todos los padres en global, fue sólo Eduardo, por horario-siempre lo mismo- me era imposible asistir. De todo lo que me contó Eduardo sobre ella una frase se quedó esculpida en mis neuronas “los niños son dos son personas distintas en casa y en el colegio”. ¿Cómo de distintas? Al menos  sus dos personalidades serían reconocibles…? mi imaginación me llevaba a la fantasía de un Nachor Jekyll y Nachyde que me desasosegaba mucho.

Cuando se tienen nervios en el estómago por motivos amorosos  se dice que son mariposas, yo sigo sintiéndolas, los nervios me atacan siempre en las visceritas aunque sea por razones menos idílicas -¿serán polillas?- y yo las tenía revoloteando cada vez que me acordaba de la cita con el profesor de Nacho. Debe de ser la falta de costumbre o mi inseguridad, pero estas cosas me las tomo muy en serio y toda la semana estuve preparándome para nuestra conversación.
Neurosis a parte, como la cita del lunes me tenía muy intranquila, llevaba yo como pliegue de descargo  varios artículos y bibliografía para rebatir cualquier argumento discordante sobre nuestro hijo y que me dieron la suficiente seguridad y la sensación de  llevar el examen preparado; mi misión era desmontar cualquier juicio o prejuicio que sobre el trasto de  mi hijo hubieran podido formarse en el colegio.
Me puede en el alma que me etiquetan a alguno de mis dos hijos con rótulos con adjetivos que aún están por determinar: a Nacho -que es el que nos ocupa en este post-, suelen colgarle el cartel de “malo”, porque la verdad es que tiene cara de pillo, pero en realidad es un cacho pan y malo no lo es en absoluto, puede que un pelín bruto y lo que sí  que tiene es un gran sentido del humor y mucha chispa. Esa chispa explosiva de desbordante felicidad por haberle ganado la partida a la vida y además de la vitalidad propia de los niños de su edad es como si disfrutara de una alegría desbordante y una luz especial.

Nos encontramos en la entrada del colegio con el maestro de nuestro hijo y recorrimos con él el patio hasta las aulas, nos sentamos los tres como en mesa redonda en las sillas bajitas de la clase de Nacho. La conversación fue muy agradable, teníamos enfrente a un profesional que conocía a Nacho, que no hablaba de los niños en general sino de nuestro hijo en particular, estaba claro que lo había calado y que además entendía su -a veces- un poco complicado “funcionamiento”.
A parte de constatar que nuestro hijo está en las mejores manos, nos tranquilizó en dudas sobre la necesidad de un logopeda, o sobre sus facultades en psicomotricidad, o si su desarrollo intelectual era equiparable al de los demás niños. Le pusimos en antecedentes sobre su nacimiento prematuro y su temprana institucionalización  y el tiempo que estuvo en el orfanato, todo aquello que suele dar como resultado retrasos en las facultades que a veces pueden parecer falta de capacidades.
Nos habló de cómo es Nacho en clase, sus progresos, -él ya lo había tratado como maestro de apoyo el año pasado-, con quien se lleva bien y con quien tiene sus tropiezos y por qué, sobre sus “manías” y su capacidad de observación, y nos dejó muy tranquilos al responder con conocimiento de causa a nuestras dudas y me aceptó de buen grado el material sobre adopción y escuela que le traía preparado.
Cuando salimos de la tutoría estuvimos unos minutos observándole en su clase de pequebasket.
El monitor les hacía correr de un lado al otro del patio y cuando llegaban a una esquina les hacía ir corriendo hacia el lado opuesto y así durante tres o cuatro veces seguidas y Nacho era el único que corría riéndose, y cuando a su grupo les ordenaban otra carrera más, más fuerte se reía, como entendiendo el ejercicio como una cuchufleta, como una broma divertida a la que le encantaba someterse. Contrastaba con muchos de los otros niños que resoplaban o bufaban y alguno hasta se notaban fastidiados.
Mirándole lo vi de nuevo recién venido –¡era tan pequeñín!- en esa risa contagiosa  que no ha cambiado nada desde que lo trajimos,  que me inunda el corazón de una alegría y un amor que responde exactamente a las expectativas que me había hecho sobre lo que se siente siendo madre. Mis hijos me han hecho sentir un cariño que me colma hasta la última molécula de ternura y me renueva la ilusión por todo.

El maestro de Nacho quiere hablarnos....

Estoy preocupada, el lunes pasado Nacho al parecer tuvo en clase un estallido de genio totalmente desproporcionado, al parecer no le gustaba la actividad propuesta por su maestro...
Cuando a medio día lo recogí en el colegio Joaquín -su maestro-, con palabras tranquilizadoras me contó el episodio : “todo bien pero….” Y brevemente me puso en antecedentes, también me indicó la necesidad de que el niño viera que padres y educador estaban en la misma onda de lo que estaba bien y lo que no era admisible. Algo de lo que no cabe duda, también me citó sin falta el próximo lunes en tutoría e incluso tuvo la amabilidad de amoldarse a mi horario –siempre canalla-. Parecerá algo exagerado pero esa cita es algo que toda la semana me tiene preocupada.
Tengo que adelantar que tenemos como maestro una persona altamente cualificada, con la que desde que le conocimos el año pasado como profesor de apoyo, tenemos, tanto nosotros –Eduardo y yo- como Nacho, un gran feeling, particularmente a mi me parece una persona con cuya ayuda vamos a poder contar para conseguir los progresos que Nacho necesita hacer.
Cómo estoy nerviosa tengo que mentalizarme a dejar que sea él el que hable, que sea él el que me aporte datos –siempre me parece que me faltan datos sobre mi hijo-.
Pero no quiero que se me olvide nada, no quiero dejar de explicarle que Nacho tiene reacciones desproporcionadas porque no ha aprendido a responder adecuadamente a muchas  situaciones que sin ser extraordinarias rompen su inercia.


Con sus cumplidos 4 años sus grandes progresos en psicomotricidad y sus avances lingüísticos, aún nos queda mucho por recorrer hasta alcanzar su edad corporal.
Por ejemplo Nacho “es un llorón”, no es una etiqueta, es una realidad, sus cuidadoras en kaz ya nos avisaron veladamente “desde que ustedes vienen ya no llora tanto…”, sus llantos los interpreté como una manera del niño para conseguir lo que necesitaba.
En una institución con un montón de niños con hambre el que más llora consigue que le den antes de comer para que se calle por ejemplo, pero hoy con más datos sobre mi hijo y con más datos sobre lo que suele pasarles a los niños que fueron adoptados, creo que es por algo más que por salirse con la suya. Lloran, muchas veces por cualquier cosa, algo que resulta desesperante cuando es continúo y sin motivo aparente, pero creo que la gran mayoría de las veces lo hacen porque no saben expresar de otra manera su frustración o sus emociones.

No paramos de leer u oir cosas como “Algunos niños no son capaces de tolerar la más mínima molestia, contratiempo o demora en la satisfacción de sus deseos y no soportan ningún sentimiento o circunstancia desagradable. Es decir, no toleran el hecho de sentirse frustrados.“
Pero Nacho llorón como es, si que acepta esperar a conseguir algo, y la mayoría de las veces se conforma con otra cosa, comprende las negociaciones y acata el aplazamiento en la satisfacción de su deseo sin grandes problemas…
¿Y si todo se debiera a una mala integración sensorial?
“El niño con problemas en el procesamiento sensorial puede tener problemas conductuales, que pueden ser explicados por las dificultades sensoriales. Los niños pueden ser explosivos, poco flexibles a los cambios (horarios, distribución…), o pueden tener dificultades en las transiciones (cambios de una actividad a otra, de un lugar a otro…). El niño puede mostrar una irritabilidad inexplicable, o puede llorar repentinamente sin motivo aparente… Pero en realidad la causa suele ser un desajuste sensorial, debido a cambios bruscos del tipo de estimulación, que el niño percibe como una agresión.
Vi a Nacho reflejado en ese párrafo: sus despertares de la siesta, sus quejumbrosas recogidas de juguetes, sus llantinas cuando no quiere dejar de hacer algo que le gusta, su geniecillo o su “fuerte carácter”…
¿Qué diferencia hay entre “baja tolerancia a la frustración” y problemas de integración sensorial?
¿Qué son problemas de integración sensorial? Y sobre todo ¿Qué es integración sensorial?
“La integración sensorial es un proceso complejo por el que el sistema nervioso analiza, ordena, prioriza e interpreta lo que los sentidos le transmiten, de este modo el cerebro comprende lo que pasa a nuestro alrededor y puede reaccionar apropiadamente.” (Beatriz San Román)
Los niños que carecieron de una pronta estimulación sensorial, algo tan natural como por ejemplo ser acunados, acariciados o jugar con ellos con unas llaves, pueden presentar estos problemas de no saber procesar adecuadamente lo que perciben, porque sus sentidos han carecido de estímulos para aprender a procesar datos básicos, para aprender a interpretar y ordenar en su cabeza lo que sus sentidos perciben, lo que da lugar a respuestas desacertadas o desproporcionadas ante estímulos que pudieran parecernos normales, ellos no saben reaccionar ante ese estímulo porque no lo procesan bien (no lo entienden o decodifican bien) de la misma forma que nosotros no sabemos reaccionar o descifrar su disonante y desmedida respuesta.
Una de las cosas que más me impactaron de las tradiciones kazajas es la costumbre de inmovilizar a los niños, a los bebés. Ya de por si la cuna tradicional kazaja es bastante peculiar y os remito a esta dirección para quien quiera informarse y formarse una opinión sobre dicha costumbre al margen de la que pueda tener yo.

http://tierradenomadas.blogspot.com/2008/02/cuna-kazaja.html


A parte de esta tradición kazaja, está la práctica común de envolver a los bebés en una mantita como si fueran momias a la hora de la siesta o por la noche, con lo que permanecen horas inmovilizados “para que no se hagan daño”, según explicación de las cuidadoras del orfanato, la fotocon la cuidadora la hizo Pilar (madre de Lucas y Monica Mei) en el orfanato de Uralsk .
Recien llegada mi hija Diana los reyes le regalaron una muñeca bebé y lo primero que hizo para acostarla a dormir fue envolverla de esa forma. Yo me he llegado a preguntar si esa forma chata de las cabezas orientales se debe a esa postura, a estar inmóvil durante horas sobre su cráneo blandito.

En nuestra sociedad damos por hecho tantas cosas que no se nos pasan por la cabeza a la hora de adoptar. Si que tenemos en cuenta y asumimos la casi segura posibilidad de la mal nutrición (ahí es nada) una deficiente atención y una escueta higiene. Tambien cargamos mucho las tintas en lo psicológico, “la mochila” con la que nuestros pequeños y no tan pequeños cargan,y con la que se trata de dar explicación a muchos de sus disonantes comportamientos pero qué poca información tenemos de la mala praxis prenatal y posnatal, del descuido en la estimulación de los procesos neuronales tan importantes para optimizar su desarrollo mental, sensorial, social y afectivo.
“Los niños para “normalizarse” necesitan sobre todo mucho amor y buenos alimentos”.Es el primer mandamiento de los niños adoptivos: 
-Amarás a tu hijo sobre todas las cosas y lo nutrirás con todos los alimentos.

Y es cierto, nuestros hijos en menos de dos años han superado ampliamente los percentiles normales para su edad, y nosotros nos felicitamos por que son niños sanos y de nobles sentimientos.Pero el mundo de la adopción internacional resulta ser muy pequeño y hasta estrecho en las relaciones sociales, y resulta que además del amor y de la comida una gran mayoría necesita neuropediatras, logopedas, psicólogos, psicoterapeutas y una lista interminables de cuidados que añaden preocupaciones muy serias a la alegría de ser padres.
Y lo peor es que muchos de esos profesionales no tienen ni idea todavía de las dolencias y carencias de los niños adoptados internacionalmente y todos nos quejamos de lo mismo : cuando las madres y los padres vamos a sus consultas en vez de profesionales dispuestos a escuchar y entender nos encontramos con que nos toman por neuróticos de la red y ni siquiera nos ofrecen el beneficio de la duda.
Hay niños en nuestro país procedente de paises del este con FAS o SAF (síndrome de alcoholismo fetal) y FAE( efectos del alcoholismo fetal) que no han sido diagnosticados y si lo han sido han pasado por niños con otros problemas como el TDAH (trastornos por déficit de atención con o sin hiperactividad). Y además lo minimizan porque hoy es un trastorno que llega a considerarse casi como común.
Una pena, porque no es lo mismo necesitar un logopeda que estimulación sensorial y no es lo mismo que un niño tenga problemas de aprendizaje o adaptación por falta de habilidades debido a que su cerebro no sabe trabajar de forma funcional, porque no tiene las habilidades necesarias para integrar la información sensorial que –como le ha sucedido a una compañera con su hija china- le diagnostiquen una lesión cerebral. O al revés que diagnostiquen un TDAH y en realidad se trate de algo mucho más serio como consecuencia de una exposición al alcohol durante la gestación de esos niños.

Para los padres por adopción nuestros hijos son los grandes desconocidos, las condiciones en que se desarrolló el embarazo, su nacimiento, sus primeros meses o años de vida son una absoluta y desconcertante incógnita.
A veces resulta tan dolorosa la ignorancia de todos esos importantes datos que procuramos pensar que esta carrera empezó desde el momento en que los hicimos nuestros, pero  tan malo es la venda que tratamos de poner ante nuestros ojos como las gafas de aumento con la que a veces los observamos.
Hay muchas incógnitas sobre su desarrollo, hay muchas preguntas que han quedado desiertas cada vez que hemos ido a un reconocimiento rutinario de salud.
Yo sé que mis hijos han pasado por carencias afectivas y nutricionales y todo lo que pueda ir asociado a ello, y sé la gran suerte que hemos tenido por cómo son y por cómo están, pero esa parte ignota me pesa como una losa.
En estos días cumplimos el segundo aniversario desde que los conocimos o mejor dicho desde que empezamos a conocerlos.Cuanto más los conozco cuanto más los quiero,mayor es mi inquietud por lo que desconozco, y mas y mejor definidas son las preguntas que me hago.