Los ingredientes de una vida

¿Porqué es tan importante que nuestros hijos conozcan sus orígenes, su historia, de donde vienen y de quien y porqué están aquí? .
Porque necesitarán construir su identidad y han de construirla con nuestra ayuda, con lo poco o mucho que sepamos, sin mentiras, sin tapujos, ayudándoles a construirla a medida que vayan creciendo, dándoles información de acuerdo a su edad y capacidad.
Son en verdad seres únicos, irrepetibles y necesitan saber los ingredientes que hicieron posible que sean tan especiales, su fórmula magistral y por amargos que estos resulten un día tendrán que saberlo y lo mejor es que los conozcan por nosotros, con nosotros, y tendremos que ayudarles a encajarlo y tendremos que explicar lo inexplicable...


 

Este vídeo  explica muy bien, muy fácil, el porqué es tan importante esa misión a la que nos comprometimos al hacerlos nuestros: revelarles sus orígenes, aunque para mí este vídeo tiene un fallo enorme y doloroso, al decir "su derecho a saber quienes son sus padres" (Minuto 3,27) ... creo que hubiera sido más acertado decir "quienes fueron sus padres biológicos" o "las personas que los engendraron y trajeron al mundo". Porque sin ninguna duda sus padres somos nosotros. Los que estamos haciendo posible su vida tal y como es ahora.
 Por lo demás hace una reflexión necesaria para aquellas personas que no acaban de entender porqué es necesario que los niños conozcan su historia.


Conocer, asumir, compartir.


“Hay muchas familias adoptivas en las que todo transcurre de forma suave y sencilla. Muchas. Pero hay muchas otras también que cada día se enfrentan a todos los dolores que un hijo con problemas lleva consigo. Familias que descubren un día que la familia de sus sueños ha cambiado y tienen que asumir la nueva situación. Cuando esto ocurre en una familia biológica, es muy duro. Pero cuando lo hace en una familia adoptiva, puede serlo más aún porque se enfrentan a más retos, son más observadas, y encuentran más dificultades para afrontar los problemas.
Para ellas y para las que algún día se sientan flaquear es este post" .


http://enesteprecisoinstante.blogspot.com.es/2012/05/la-maleta.html

Montse, una de las madres de la que hablaba en el post anterior, ha escrito en su blog una entrada imponente, por lo que dice y cómo lo dice. Sus palabras son como su rincón en la red profundo y necesario, como necesario sería el que escriba más, este post se llama "Conocer para asumir"  y en el comparte de una manera muy clara y directa su visión acerca de la importancia de la preparación practica y real de los padres a la hora de adoptar, profundizando y aportando razones para reflexionar sobre la realidad de los niños.

“Los niños que nacen sin amor esperando, permanecen en la soledad de la falta de cariño en los momentos más delicados de su vida…”


 No es fácil mirar a ese lado de la adopción, y mucho menos hablar o escribir sobre él.
Porque a todos nos afecta mucho.

“Nuestros hijos merecen padres fuertes, que peleen por ellos y estén dispuestos a levantarse cada día de la cama preparados, no para ser los padres que soñaron, sino los padres que sus hijos necesitan.”

Todos cuando tomamos la decisión de adoptar sabemos que los niños a los que aspiramos pertenecen la mayoría a duras realidades sociales, ¿pero somos verdaderamente conscientes de lo que esto significa?

“Procedentes de situaciones cuando menos complicadas, los embarazos no suelen ser controlados, no son mimados como el preludio de lo que será un nacimiento feliz y los cuidados prenatales pueden ser inexistentes. Y en esas circunstancias, el nacimiento se convierte en una prueba de fuego para la salud de los niños.”

Muchas madres adoptivas hablan a sus hijos del increíble acto de amor de la mujer que les engendró al darlo en adopción, y desde luego que a nuestros hijos hay que hablarles se ello de forma y manera para que no se sientan culpables por haber sido abandonados por ellas (todos tienden a pensar que tienen algo malo o que no son lo suficientemente “buenos”, y por eso los abandonaron) sin por ello dejar que idealicen a quien no pudo o no quiso hacerse cargo de su hijo.
En China la política del hijo único, es un argumento que en principio puede resultar convincente y exculpatorio.
En mi barrio hay una frutería regentada por una familia que proviene de China, un matrimonio y cuatro hijas.
 Hace poco una amiga me comentaba que su hija de siete años le había dicho que cómo era posible que “esos chinos” tuvieran cuatro hijas y a su madre de China no la dejaran tener más de un hijo…
Ella le dijo que probablemente por eso estaban aquí, para poder tener todas las hijas que quisieran.
-Pues si mi madre de China me hubiera querido lo suficiente también se hubiera ido de allí...

No es fácil explicar lo que no sabes, porque además muy poco o nada se suele saber de la historia de nuestros hijos y ellos hacen preguntas y aún es peor si no nos las hacen.

Mi hijo a veces habla de cuando era bebé y estaba en mi barriga, yo le digo que no, que el no ha estado ahí sino más arriba, en el corazón. Ahora mismo no tiene que saber nada más.
Entonces dice que estaba muy pequeñito  en el cajón de las pilas, para él el corazón es nuestra caja de pilas, como la de los juguetes y si alguien se muere es que se le han acabado las pilas.
Mi hija sabe su historia y yo la sé por medio de ella, no se la verdad, se su verdad, a veces –muy pocas- me cuenta y yo la dejo y la acompaño, y trato de que no note mi avidez por saber.  
Saber… 
Saber por ejemplo, si determinados rasgos del carácter de cada uno –tan distintos uno del otro- son debidos a la genética, la memética o a las vivencias que ambos han tenido, que también han sido distintas por lo distinto de sus edades.
Cuando las madres comentan cosas sobre sus hijos como que tardaron en echarse a andar, o que aún no les han salido los dientes...o cuando consiguieron que abandonara el chupete o el pañal o cosas por el estilo, siempre van acompañadas de historias familiares en las que apoyarse,  "a mi hermano "de chico", le pasó igual", " mi suegra dice que su padre de niño hacía lo mismo", "yo hasta tal fecha no dejé de mojar la cama" "Yo era muy mala para comer" o al contrario "su padre era igual de tragón..."  

http://cuadernoderetazos.wordpress.com/2012/05/25/tengo-hambre-y-no-lo-se/



A veces consigo relajarme con sus reacciones particulares y no preocuparme porque uno u otro no consigan realizar alguna de las cosas que a su edad otros niños tienen más que superadas, a veces recelo y pierdo mi sentido del humor cuando patinan en alguna sencilla cavilación o les falla alguna de las habilidades y destrezas con las que se supone deberían contar. Pero ahora tengo más herramientas para no alarmarme como me sucedía al principio.
Ahora les voy conociendo, ahora sé lo mucho que han avanzado en estos dos años y medio, y también sé un poco más del funcionamiento de un niño, no son robots hechos en serie, son niños y cada uno tiene un reloj distinto, algunas veces ese reloj tiene unas manecillas que avanzan corriendo que se las pelan y otras van lentas hasta dar la sensación de haberse parado y que no van a seguir avanzando y otras hasta atrasan. 
Tal vez su historia haga que su reloj tenga un horario especial.
 ¿A donde llegarán? Eso sólo el tiempo lo dirá, yo espero que lleguen a ser sobre todo felices.


¿Pero qué podemos hacer para que lo consigan? fomentar y acrecentar en ellos algo que sin duda traen consigo: la resiliencia.
La resiliencia tiene muchas definiciones, pero a mi la que más me gusta es "el tener la fuerza interior para poder con cualquier desafío".
Resiliente es la persona que tiene una personalidad resistente, no sólo es sinónimo de superviviente, creo que el concepto va más allá y se refiere a las personas que han sido capaces de soportar y vencer situaciones vitales extremadamente duras y salir interiormente fortalecidas.
Siempre hablamos de las mochilas de nuestros hijos, tan llenas de carencias, pero seguro que en ella hay también una gran cantidad de esa fuerza, sin duda es la que les ha permitido no sucumbir, y la buena noticia es que no es algo que sea estático sino que podemos potenciarselo.

"Si alguien te preguntara que es lo que querías en tu vida para tus hijos, puede que dirías felicidad, éxito escolar, amistad, una familia cariñosa, una profesión gratificante. Aunque no puedes dar todas estas cosas a tus hijos, puedes desarrollar en ellos el rasgo que es la clave para alcanzarlos: la resiliencia." del libro "Niños que si pueden" (Can do kid) autores:  Robert Brooks y Sam Goldstein  .Doctores de Psicología.





Boris Cyrulnik. Un hombre con una vida interesante, un autentico resiliente.
Es neuropsiquiatra, psicoanalista y  es uno de los fundadores de la etología humana. Según él "Empezar mal en la vida no determina que tu vida tenga que ser desgraciada." Y lo sabe de primera mano, porque su infancia fue dramática. 
Habla de la resiliencia en palabras sencillas y con un gran sentido común "una infancia feliz no garantiza una vida adulta feliz. Ni una infancia desgraciada nos condena a una vida desgraciada." ¿Quien no está de acuerdo? 
En su libro "Autobiografía de un espantapájaros" rompe con los silencios y los tabúes que las sociedades imponen a la desdicha y explica por qué es necesario hablar, dejar hablar y saber escuchar y comprender a los que sufrieron situaciones traumatizantes: un libro lleno de esperanza y coraje.
La historia explica el presente pero nunca cierra el futuro.

Mi madre decía que los niños -si todo va bien-, vienen al mundo con cinco sentidos y que los padres teníamos que ayudarles a desarrollar dos más: el sentido común y el sentido del humor. 
Ahora sé que además tenemos que ayudarles a potenciar esa maravillosa cualidad que traen en sus mochilas: la resiliencia.






Churros Chill out

Tengo que reconocerlo, me gustan los días señalados, puede  que sean días “impuestos”, artificiales, cursis …etc. Pero a mi me gustan. Aunque tiempo atrás empezó a ser un día triste por dobles razones: por no tener quien me regalara ni a quien regalar, -como miles de mujeres que aún siguen en espera-, el día de la madre es uno de esos días al que he aspirado y he ambicionado con empeño.
 Los dos anteriores fueron muy especiales y los regalos que mis hijos me trajeron del colegio los tesoros más preciados, esos primorosos trabajitos consiguieron emocionarme tanto cómo había imaginado que lo harían aunque fueran más obra de la profe que de Nacho y en el caso de Diana también gozaban de la complicidad de su padre.
Así que este año esperaba con expectación sus obsequios. Diana hacía una semana que trataba de decirme de qué se trataba el suyo y en una ocasión casi me lo dijo (desvelándome la sorpresa) y yo me enfadé  por no ser capaz de guardar un secreto y por robarme mi sorpresa…

Llegó el primer domingo de Mayo y mi primer regalo fue un ratito más para dormir, luego me estaban esperando sin desayunar para ir todos juntos a tomar churros, un plan que había propuesto el día anterior.A pesar de que había dormido un ratito más era pronto y el paseo hasta la terraza del kiosco donde desayunaríamos fue muy agradable: una tranquila, solitaria y brillante  mañana sin el molesto viento que no había dejado de soplar en muchos días. 


Cuando llegamos apenas estaban recién puestas las mesas y aún no habían colocado los sofás y las tumbonas que suelen colocar en el césped bajo una pérgola con lienzos de colores. Preguntamos y en pocos minutos pudimos desayunar, minutos que los niños ocuparon jugando bajo la telas de colores al pilla pilla y al escondite.

El desayuno fue de lo más agradable y fugaz, en un pimpampum se acabaron los churros y los chocolates y regresamos a casa dando un paseo por el parque. Diana preguntó que para cuando los regalos y cómo hemos tomado la costumbre de que se hagan en el postre inmediatamente después de comer, pues así quedamos que sería.La mañana trascurrió entre una visita al mercadillo del domingo cercano al aeropuerto y vuelta a casa para hacer la comida y algunas de esas faenas (que bien puesto está ese nombre) de la casa, que entre semana no tengo tiempo de realizar… y llegó la hora de comer y la del postre…


Diana me trajo su regalo: una preciosa agenda encuadernada por ella con dos corazones y como dedicatoria un muy cuidadosamente escrito “felicidades mamá”.
También me hizo un dibujo que su hermano arrugó con gran disgusto para nosotras, siempre me dibuja como una princesa de cuento, con precisos vestidos de princesa o bailarina e incluso alguna vez he sido obsequiada con alas de hada y varita mágica. Ambos regalos me encantaron…Luego le tocó el turno a Nacho y para mi sorpresa no tenía nada para mí! El viernes no había ido yo a recogerles y recuerdo que pensé lo mucho que me alegraba no poder hacerlo para no encontrarme con el regalo de Nacho. Pero sencillamente este año su maestro – que vale un montón- no ha preparado nada, ni lo hizo para el día del padre ni tampoco para el día de la madre…Y ahí me tienes preguntando a Eduardo por si sabía si había alguna manualidad escondida para mí e incluso rebusqué en su mochila, pero no, este año no había nada!
Hagamos historia porque esto no es un día que hayan inventado los centros comerciales. Las primeras celebraciones del Día de las Madres se remontan a la antigua Grecia. Se aostumbraba a adorar y rendían honores con ceremonias a Rea (madre de los dioses) o Gea Madre de la naturaleza.

Los romanos  tomaron la fiesta de los griegos y le hacían ofrendas a Cibeles,Los católicos transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María, aunque fue trasladada al 8 de diciembre día de la inmaculada…Y así se recuperó el primer domingo de mayo para festejar y honrar a las madres.
¡Por los griegos, los romanos, los hebreos o por Tutátis (que dirían mis galos favoritos) no nos dejéis sin el día de la madre!Una cartulina recortada, cuatro letras mal pegadas…lo que sea...
Nacho se dió cuenta de que él no tenía nada para mi y muy resuelto fue corriendo  y me hizo un dibujo y con el dibujo llegó el verdadero regalo escrito de su puño y letra “Mamá” y debajo “Nacho”. Verlo escrito por él que sólo le había visto escribir su nombre, fue desde luego un regalo más que suficiente eso y su beso con jugo de fresas cuando vino a dármelo.
Puede que resulte noña, pero me gustan las sorpresas –las buenas- en los días señalados y no, no soy de medallitas ni creo que mi hija esté muy de acuerdo con aquello de “dar mucho, pedir poco” con lo mucho que le exijo (sobre todo en lo referente a los estudios).



Y bueno … ayer fue un día de lo más normal,con muchísimas cosas por hacer, planes de fiesta que no se cumplieron, Nacho jugando con una especie de muelle enorme a punto de convertirse en pirata y convertir simultáneamente a Diana en una princesa de Éboli oriental, y yo recordándome a mí deseando que la normalidad dejara de ser algo extraordinario, así que al final pienso que en definitiva ese era el regalo, poder contemplar un día de la madre desde la perspectiva de una madre normal, sin más.

PD: A mi me falta mi madre casi 24 años y la sigo añorando y a veces me duelen los brazos de no tenerla, por eso se lo que duele,por eso la alegría no es completa, un rincón del corazón, el que conoce el dolor siente y se acuerda de quien también lo experimenta. Por eso, me acordé  mucho de alguien para la que a buen seguro, este fue uno de los días más dolorosos. Cuando recuerdo a esa amiga todo lo que escribo me parece insignificante y superficial, pero no puedo dejar de hacerlo, por muchas razones, entre otras que me hace sentir cerca de personas que al igual que ella, luchamos mucho por ser madres.


De los cajones de la niñez


Con el recuerdo vago de las cosas
que embellecen el tiempo y la distancia,
retornan a las almas cariñosas,
cual bandadas de blancas mariposas,
los plácidos recuerdos de la infancia.

José Asunción Silva



En mi personal calendario un año más, y como quien repasa un álbum de fotos me detengo especialmente en la infancia, no sólo en la propia sino en la de mis hijos, mis amigos, mis seres más enriquecedores, los observo, repaso datos, hablo con ellos de su niñez, de la de sus hijos -si los tienen-, intercambiamos anécdotas y opiniones, me doy cuenta de que además de las circunstancias, la infancia está marcada por encima de todas las cosas por el carácter, por el temperamento, por la natural condición de cada uno para pasar por un particular tamiz cada suceso.
La infancia de cada uno es única y exclusiva, por parecidas que sean las condiciones en las que se produjo.


Cada momento, cada hecho vivido es absolutamente individual y subjetivo, los tiempos, el momento global compartido puede ser el mismo vivido simultáneamente –por ejemplo- con mis hermanos, pero el recuerdo que de ese momento queda –si es que para ellos también significó algo, que lo mismo lo tienen hasta borrado- es absolutamente personal y diferente para cada uno de nosotros como si de una misma escena se hubieran tomado tres fotografías desde diferentes ángulos, por tres cámaras diferentes por tres fotógrafos distintos.

Si realmente en vez de ser esta una metáfora pudiéramos comparar en papel los fotogramas de nuestros recuerdos, veríamos cómo el resultado es muy distinto, que muy pocas cosas serían coincidentes. Las sensaciones y la memoria harían en cada una de esas fotografías aparecer o desvanecerse elementos que si bien para unos fueron valiosos para los otros ni siquiera son dignos de mención.

Tal es así que muchas veces soy reticente a reconstruir alguno de mis recuerdos más preciados con quien compartiera aquellos momentos -amigos, familiares u otras personas con las que pasado un tiempo te reencuentras-, porque siempre acaban por distorsionarse con las distintas percepciones y los aditivos que la memoria de cada uno haya añadido a aquella experiencia compartida (En Redes, el programa de Eduard Punset, explicaron que la mente se inventa lo que no recuerda para hacer más coherente un recuerdo) y empiezas a dudar de lo vivido. 

Tambien me ha pasado con recuerdos largamente guardados, al sacarlos a la luz y cotejarlos muchos de ellos es como si se hubieran descompuesto y hubieran acabado convertidos en polvo y de compartir un momento pasado resultara una escena que poco o nada tuvo que ver con la experiencia que recordaba.
A veces cuando he compartido uno de aquellos íntimos momentos llenos de magia, acaba como emborronándose, o perdiendo el encanto y el brillo de la instantánea inicial, se convierte en un fotograma distinto con otros elementos distorsionantes que le hacen perder la importancia y el significado diluyéndose la magia o quemándose la estampa como se queman las fotos en el liquido revelador cuando se excede el tiempo de revelado.
Y aunque parezca un contrasentido hay momentos que atesoro como mágicos, que prefiero perseverarlos a buen recaudo de testigos que pudieran corroborar mis vivencias en vez de compararlos y enriquecerlos o al menos conocer “la realidad de los hechos”.
Porque las otras realidades no lo son más que la mía. “Nada es verdad ni es mentira…todo es según el color del cristal con que se mira”.
Creo que con los recuerdos aún esta es una verdad mayor.

Tal vez cada uno posea el tesoro o los restos de naufragio que uno haya guardado y que componen el álbum de nuestra vida y sin por ello anclarnos en el pasado, pasan los años y los repasamos y vamos ordenando esas “instantáneas” de preciosos y precisos instantes, cotejando algunas, desechando otras…y para esos recuerdos del pasado no tan amable, si todo va bien llegan momentos donde logras reconciliarte con ese pasado, el de esas otras opacas instantáneas que guardas en el cajón más apartado de tu memoria y tras atreverte a abrirlo y mirar en su interior – en tu interior-, acabas por percibir de otra manera esos recuerdos de dolor, porque ya no eres la niña o la joven apocada de entonces, sino la mujer que salió resultado de todos aquellos momentos buenos y malos que te hicieron ser como eres hoy.
Cuando accedo a uno de esos umbríos cajones de la hornacina de mi memoria, a los que casi siempre llego por el conocimiento de un dato que antes ignoraba y tras revisar sus rincones y tratar de entender el suceso “desde el otro lado de la cámara”, a veces es como si lo que guardase fueran las piezas de un puzzle inacabado y a veces se completa y llego a ser capaz de entender, o disculpar o disculparme, y si soy capaz de congraciarme con ese oscuro rincón, cambiando sensaciones y emociones por otras más benignas o sencillamente dejar que se desvanezcan para siempre, Para deshecho de un mal momento pasado me gusta evocar la imagen de un pañuelo blanco de gasa que se lo llevara el viento lejos, irrecuperable. Una imagen etérea y placentera. Es ese para mí un logro personal que si sucede, deja en mi una sensación de distensión y alivio, muy semejante a cuando al fin conseguimos poner orden en aquel trastero lleno de bártulos inservibles que nunca acabamos de tirar.

Luego, más adelante con las vivencias nuevas del día a día, con nuevas informaciones o puntos de vista, descubres que tu interior está lleno de esos pequeños –o no tanto- compartimentos, algunos de ellos abarrotados de torpezas acumuladas y es que la vida da para muchos cajones y muchos trasteros, y creo que una misión importante es aprender a orearlos uno a uno a perdonar y -algo a veces más difícil- perdonarnos a nosotros mismos y despojarnos de ese lastre y si la vida te da tiempo para ello poder llegar a su término con el armario interior completamente ordenado y perdonado y con la sensación de serenidad y armonía que produce haber logrado poner orden en tu vida.