Entrevista en la TV local de Almería.

La entrevista fue a propósito de la web adopcionpuntodeencuentro.com en Interalmería la TV local de Almería. Al parecer les llamó mucho la atención nuestra web y sus contenidos.
Joaquín Segura que dirige el programa "Abierto al atardecer"de Interalmería.Me llamó para hacer una entrevista en directo porque les llamó la atención la iniciativa. 
Una experiencia que para mí suponía un reto, ya que se trataba de una entrevista en directo, de 15 minutos del tirón, tengo que reconocer que pese a mi miedo, pese a los nervios de los que no acabo de zafarme, el presentador me hizo sentir muy cómoda, aunque no pude evitar atranques y algún error, hasta se me cayó el micrófono!. 
Gracias a Joaquín Segura por su interés y por su amabilidad. Por si os apetece verlo aquí tenéis el vídeo.



Lecciones o bendiciones

“Hay personas que llegan a tu vida como una bendición y otras que llegan como una lección”Leo en algún sitio de esos muchos a los que por error o acierto me asomo clicando en las recomendaciones de nombres ajenos con los que a menudo me tropiezo en las redes sociales. 
Se me clava la frase, no así a quien pertenece ni a qué venía el argumento... Desde que la he leído mi mente no deja de etiquetar a las distintas personas con las que comparto el cotidiano en una especie de manía clasificatoria: en lo laboral, en lo social y hasta en lo familiar...las voy catalogando una a una hasta que llego a mis hijos y, como tantas veces, ellos me rompen los esquemas, me lo ponen todo patas arriba, me revuelven las creencias, me desbaratan los cajones de las certezas y me revocan los permisos y las pautas de vidas pasadas de quererme más y por delante de quien fuera...

Desde que están yo ya no soy la misma, y cada día intento dejar de ser aquella, -aquella que creí que iba a ser- y adaptarme más a la que he descubierto que soy con ellos y por ellos y acomodarme.

Amor con amor se paga y por eso no es necesario reconocer que no es fácil enfrentarme cada día, ya no a esa señora que en estos últimos años vive en mi espejo, sino a la madre que me devuelven las pupilas de mis hijos, esos hijos que si bien "no tienen mis ojos si que tienen mi sonrisa..." 

...Y entonces pienso que tal vez esas frases lapidarias que decoran mi vida y mi memoria, que un día casi quise hacer de algunas de ellas mi bandera, no sirvan para nada en este mundo tan cambiante, en esta vida tan menguante…y tengo que reinventarme frases nuevas y replantearme las que me creí a pies juntillas porque aún necesito pensamientos enlatados que mantengan la ilusión de lo perfecto en esa incesante búsqueda desde niña de ya no recuerdo qué verdad, o tal vez lo que hayamos de encontrar sea el cristal con que cada uno miremos nuestra particular realidad. Ya no lo sé...

Y todo esto viene a que me empeñé en saber si mis hijos eran del uno o del otro lado de la frase con la que comienzo estas chirriantes reflexiones, y les haogo caminar por el filo de esas palabras,"lección" y "bendición" palabras que para entenderlas bien y saber aplicarlas no hace falta ser profesor ni profesar religión: "lección" y "bendición". Las recalco porque son de peso y unidas suenan a silogismo y me doy cuenta de que los niños se resbalan hacia ambos lados a la vez y que puede suceder -y que sucede- que, hay personitas que llegan a tu vida bendiciéndola para darte más de una lección.

Mis hijos -los dos-, me enseñan cosas cada día, cosas de la vida, cosas que ellos mismos ignoran todavía pero intuyen... 
Los hijos deseados nacidos en otro vientre, -un vientre lejano-, los traes al mundo -a tu mundo-, con los instintos intactos. Con ese instinto de supervivencia, ese automatismo de reacción natural ante el peligro o la escasez -ya sea de alimento o de cariño-, del que parece no vaciarse nunca su mochila.

Desde que los traje a mi mundo, mis hijos me mudaron los límites, los sueños y la vida, y siendo aún tan pequeños me doy cuenta de cuánto me queda a mi por crecer para llegar a estar a su altura. Benditos sean.


Celebrar las pequeñas muestras de apego.


Apego y vínculo son dos palabras estandarte en toda relación adoptiva….perdón, en toda relación, amar a alguien significa compromiso. 
Adoptar es  también un compromiso, un compromiso total.
Lo extraordinario de la adopción es que te comprometes con alguien para toda la vida... a cuidarle en las alegrías y en las tristezas, a amarle incondicionalmente... y desde luego antes de que esa persona te ame a ti.
 Cuando adoptamos la vinculación -que tan difícil nos había parecido durante años-, llega de la mano de un juez y es cuestión de papeles. Papeles mediante los cuales ese niño y tú estáis vinculados legalmente de por vida. Pero no es ese el vínculo del que tanto teorizamos. El vínculo, eso tan importante, que será lo que de verdad nos hará una FAMILIA con contenido, de profundas dimensiones, no en teoría, se hace de rogar y como todas las cosas importantes en la vida, -esas que piden atención y trabajo-, es cuestión de tiempo también.
El vínculo es conexión, unión, son lazos que se han de ir formando con nudos invisibles e irrompibles, algo muy muy delicado de tejer y depende de muchas cosas,y puede resultar complicado, como nos explicaba Charo Blanco en su artículo sobre los problemas de apego en niños adoptados 

Se me ocurre que es como un tallito de una planta, endeble con apenas cuatro pelillos que hacen las veces de raíz, que hay que plantarla y tarda mucho tiempo en echar raíces fuertes y luego la parte visible un día  cuando está bien asentado empieza a crecer y a desarrollarse. Aunque esta es  una cosecha extremadamente delicada que hay que cuidar y vigilar con extremo cuidado.

Hace cinco años que formamos una familia, en ese tiempo que parece mucho o poco según con que lo referencies tienes muy presente esas dos palabras del principio. Y al principio pese a que tratas de vivir como si todo fuera normal, yo,- que me lo cuestiono todo-,  trataba de ver apego  en donde sólo había necesidad y vínculo donde sólo había coyuntura. El día a día y la ausencia de problemas significativos van haciendo que pierdas los miedos y refuerces las posiciones. La de madre también. Y tal vez empiezas a recopilar indicios de que esa planta está arraigando.

Esta semana he tenido dos momentos para atesorar en nuestro jardín familiar, uno con cada uno de mis hijos y curiosamente muy seguidos, curiosamente muy sentidos.

El primero fue con Nacho, malito en la sala de urgencias por una inexplicable fiebre que se resistía a bajar. Esperando en mis brazos en la sala me preguntaba ¿mamá qué me van a hacer? Y yo le respondía que nada que le hiciera daño, sólo buscarle una explicación a su malestar, el rato fue largo y la pregunta se repetía a cada tanto. Cuando íbamos para la consulta donde nos esperaba el médico me dice mi hijo:

-“Mamá si tú estás conmigo nada me da miedo”.

Os juro que del latido que me produjo el oír esa frase se me hizo el corazón un poco más grande o yo lo sentí así. 
Mi hijo es muy zalamero, siempre me dice cosas bonitas, es un poeta del piropo, pero la frase de ayer, dicha con ese convencimiento… me hizo sentir tan importante para él que me costó un hondo suspiro recomponerme y no emocionarme. Lo hago ahora al recordarlo. Me encanta acariciar de nuevo los pétalos de ese momento.

El otro momento personal y maravilloso se produjo esta mañana: Diana temprano vino a  nuestra cama en la que estaba yo sola dormida, soplaba muy fuerte el viento y no me apetecía levantarme todavía, se me arrebujó y volvimos a dormirnos juntas otro ratito, luego al despertar mi hija me ha dicho:

-“Mamá durmiendo abrazadita a ti siempre tengo mis sueños más bonitos”.

Y yo hija y yo… cada vez que me decís algo así pienso que con vosotros se cumplieron mis mejores sueños.