Según dicen llegó el otoño. Le temo y lo deseo, el otoño siempre ha sido punto y final y principio de muchas etapas importantes de mi vida. En otoño se separaron unos padres que nunca dejaron de contender por la predilección de sus hijos en detrimento del otro. Los sucesivos cambios de ciudad, de casa, de colegio, de compañeros y hasta de amigos. Un otoño se llevó para nunca volver a nuestra madre, una mujer única y distinta. Una rosa de invierno. El mismo otoño en que aprendí a hacer lo único que ella no me había enseñado y que cada año desde que nos dejó le “reprocho”: no me enseñó a vivir sin ella. En otro otoño –muchos años de una vida detenida entre paréntesis después- aprendí a vivir conmigo misma, viviendo sola de verdad, una nueva vida, llena de vida. Cinco años después, otro otoño me haría vivir uno de los momentos más felices de mi entonces muy feliz vida: el día de mi boda con Eduardo. Nada ni nadie podría haberlo empañado. Comenzamos nuest...