En estas leyendas que Gloria (kazajstán blues) nos regala, en este legado cultural que nos ayuda a atesorar para nuestros hijos y que nos servirá para preservar sus señas de identidad, me resulta por lo menos curioso, -y me sirve de reflexión- que miremos a nuestros hijos kazajos, y veamos en ellos rasgos ancestrales en su carácter, esa huella de su raza y su país incluso, en el caso de nuestros hijos, de la región de la que proceden. Repaso entonces un poco mi propia historia, la de mi familia de castellanos viejos y me doy cuenta de lo poco que se de mi, de nosotros, de nuestra propia historia y la de nuestros ancestros, además en mi familia ya no hay mayores que nos la puedan rememorar. En estos tiempos de globalización donde el legado cultural se diluye en el ritmo frenético de una vida llena de obligaciones y compromisos y poco comprometida, nuestros hijos nos han devuelto un poco el sentido del quienes somos, de donde venimos y hacia donde vamos que también se nos empezaba...