“La vida nos sujeta, porque precisamente no es como nos esperábamos...” Leo en un libro (dedicado por su autor – ya fallecido -, al que conocí en aquella época en que me dejaba impresionar por las personas por sus nombres, más que por sus realidades) y me hace pensar en conversaciones de intercambios de pareceres profundos y me hace flash back en la memoria, y no puedo estar más de acuerdo. Yo, también fui torbellino cargado de lluvias de risas y osadías, que por rebeldía adolescente me escapaba cuantas veces podía por el simple placer de ver atardecer desde las afueras, para ir a por “un minuto de soledad con Dios“, como me gustaba llamar a mí a esa comunión de naturaleza que desde siempre, me ha inundado la calma de una dicha de vivir que estallaba con los colores caprichosos con que me despedía la tarde. Hace meses que no salgo a despedir el día lejos de ruidos más allá del mar o los pájaros porque me faltaba el tiempo y la paz necesaria para poder apreciarlo y porqu...