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Mamá ya no te creo

Hoy mi hija me ha echado en cara que le he mentido.
Mi hija de doce años preadolescente me ha dicho que no me va a creer nunca más.

“En casa no se juega a la pelota” es una de las normas que tenemos y que hoy domingo a las  nueve de la mañana, mientras su padre y yo estábamos en otras cosas de intendencia doméstica  ha arrojado como resultado Nacho y Diana 1 Candelabro 0 ( una  antigüedad que ha pasado a mejor vida) al oír el estruendo he acudido al campo de juego y todos echaban balones fuera.
-Ha sido Nacho-…se ha apresurado a decir mi hija y su hermano -hemos sido los dos

Tengo que reconocer que me he enfadado mucho, que he sentido lo del candelabro y que estoy cansada de repetirles que en casa no se juega a la pelota, y que no me gusto nada en el  papel de "niño eso no se hace... eso no se toca" …pero también tengo que reconocer que lo que más me ha enfadado es la actitud de mi hija…

En frío podemos analizarla, podemos ser capaces de reconducir el amasijo de emociones que, como la pelota rebotaban en todas direcciones. Pero  yo no he sido capaz, y cuando mi hija me ha dicho que ella no estaba jugando, y que ella no había sido y que ella no “había empezado”…y al ver que no le creía, que sabía que mentía, ha agotado su munición y me ha dicho a bocajarro que ella a mí ya tampoco me cree.

Cuando le he pedido que se explicara,  me ha obligado a sacar a Nacho de la habitación porque “no quería hablarlo delante de él”.

 Yo me temía lo peor, esperaba alguna historia pasada de las que trata de lanzar como arma arrojadiza en momentos en los que piensa que debe defenderse. Llegó a nosotros con siete años  y tras 5 años de convivencia, de hablar de su historia en momentos propicios para ello (no cómo este) de compartir y volcar la memoria de  su disco duro al mío y en un alarde de prepotencia dominguera, no pensaba que fuera a sorprenderme. Sin dejar de dolerme sus vivencias, me dispuse para otra acometida  en la que su memoria se desborda y envuelve las escaramuzas presentes con los conflictos pasados como un fuego cruzado, en un combate que acaba siendo una pelea entre dos frentes muy distintos a cómo empezara la contienda. 
En el fondo ella busca una salida así, intuye que de esa manera voy a ponerme a su lado para pelear con sus hostiles recuerdos y que llevar nuestra contienda doméstica a terrenos  situados a más de 7000 kilómetros es una táctica vencedora…
Pero no es el momento, le corto el camino a su estrategia  y ella me insiste para que nos quedemos a  solas…
Accedo, mando a su hermano a otra habitación en otra planta, para que no haya posibilidad de escucha y me preparo para recibir una avalancha de recuerdos de esos que nos dejan en carne viva...

-Mamá-me dice retomando la conversación en el punto donde lo dejamos, antes de hacer salir a Nacho- Yo tampoco te creo porque me has mentido.

Juro que mi sistema operativo cargado de adrenalina se puso a repasar en ese momento a toda velocidad, todas las carpetas, todos los archivos en busca de algún fallo o error que me hubiera hecho cometer  fraude en mi relación con mi hija…

-¿En qué crees que te he mentido?

-¡Tú no me dijiste que los reyes Magos  y el ratoncito Pérez son los padres!

Pues es verdad, le he mentido por omisión.




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