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Maternidad. Conciencia y romanticismo.


Hace nueve años tal día como hoy aterrizábamos en Ust-Kamenogorsk donde comenzaría una nueva etapa de nuestra vida, de la de todos los que formamos desde entonces nuestra unidad familiar. Bueno lo de unidad vino más tarde, incluso hubo ocasiones en que creí que no iba a llegar nunca, pero llegó, aún no sabemos si para quedarse pero trajo una evidencia clara: el amor no es suficiente para criar a un hijo.
En los cuatro años que duró mi prematernidad me preparé a conciencia para las complicaciones que podríamos tener y no me refiero a las burocráticas, que también, me leí y seguí todos los blogs, foros, artículos, libros, revistas…incluso creé este, mi propio cuaderno de bitácora, en donde iba compartiendo pensamientos, reflexiones, y toda aquella información que me parecía de interés y que reflejaba mis miedos e ilusiones, mis dudas y un puñado de certezas erróneas que me acompañaron durante el proceso y mucho después.

He escrito y sigo compartiendo mucha información sobre adopción, y mucha de ella es sobre problemas y dificultades, en el proceso, en la vinculación, en el aprendizaje, en la escuela…y lo hago porque me parece necesario y porque aunque seguramente nada pueda evitarse, si puedes prepararte para lo inevitable. Creo a pies juntillas que esos “lo sabía” si de verdad estás preparada se vuelven menos dramáticos y más llevaderos. Da menos miedo si sabes, porque es posible que ese saber te haga más capaz de afrontar lo que sea que te toque afrontar.

Creo que ser padres es una tarea titánica y creo que todos los que nos lanzamos de una manera “consciente” a serlo, nos creemos más capaces, más competentes, o tenemos una idea más romántica de las cosas. 
 Hace años, en  la época en que nosotros adoptamos, hubo una verdadera oleada de ese romanticismo, llegamos a ser el segundo país del mundo en adopciones. Es cierto que por diversos motivos las adopciones han bajado, entre ellos seguramente se encuentre, la mayor y mejor información que se tiene sobre el tema, la concienciación de las dificultades que ser padres entraña, las dificultades de la crianza.
Y esa concienciación pasa por saber que los niños y niñas de colores se convierten en un arco iris de adolescentes, que muchos brillan mucho y que en esa etapa crucial para todos, aún sin proponérselo hay algunos que hacen mucho ruido, pero ese ruido no es mayor que el de otros muchos adolescentes. 
Sus mochilas, aquellas que arrastraban al llegar y que les colgaron para siempre en su infancia, tal vez no pese tanto o no sea tan visible en muchos chicos y chicas como esa etiqueta que a los nuestros les condiciona en todo,  destaca más, que brilla y cruje: su etiqueta de “adoptados”.

Por supuesto que hay niños con problemas y dificultades muy grandes, pero no son por ser adoptados, lo que les hizo daño les sucedió (también en la mayoría de los casos) antes de ser adoptados. El que hayan sido adoptados les tenía que ayudar a acabar con esos problemas y a superar las dificultades con el apoyo de maestros, vecinos, familia extensa, de la sociedad en general, aflojando el peso, arrimando el hombro, entendiendo, ayudando, aceptando, y no lastrando…

Cuántos niños no hay que sufren en su casa abandono constante, malos tratos y problemas domésticos silenciados, de familias rotas o resquebrajadas, con tensiones y disputas constantes viviendo un infierno en casa o con sus mayores demasiado ocupados, o desconectados de sus hijos. Padres y madres abandónicos, presentes pero ausentes, (tener un padre/madre presente pero ausente produce las mismas consecuencias que cuando está ausente por completo)  que forjan las vidas de esos niños y alforjan sus espaldas de una manera invisible. O mejor dicho insensible. Tenemos normalizadas tantas cosas… 

Seguro que son incontables, pero esos niños no llevan la etiqueta de adoptado, ni de abandonado cuando tal vez lo sean tanto o más que sus compañeros de clase etiquetados porque su mamá no es su madre de nacimiento, porque tiene diferente piel o diferentes rasgos.

De un tiempo a esta parte sobre adopción parece que no se oyen o se leen más que dificultades y problemas y creo que (aparte por la necesidad de saber, y de informarse familias y profesionales) también es porque es lo que más ruido hace, las buenas noticias no venden.

Pero con mi propia historia y la de mi familia, quisiera ayudar a aclarar que la adopción no es un problema ni los niños adoptables son un problema. El problema de los niños, de todos los niños, es la infancia que les haya tocado vivir y la gente que les toque a su alrededor, para bien o para mal. A los niños en general. 

Hace nueve años de manera consciente y-pero, aunque, sin embargo- romántica, me convertí en madre, me enamoré de dos niños pequeñitos que hoy uno me mira de frente y la otra ya me mira desde arriba con los mismos ojos limpios y profundos del primer día, y puedo decir que sí, que la crianza es difícil y el amor no es suficiente, que la oscuridad de lo que desconoces a veces me dió vértigo pero cada día siento que mi vida está llena de luz y de color y que pese a lo largo de ese camino recorrido, y a veces enrevesado (admito que yo misma me lío sola muchas veces)…estos nueve años se me han pasado en un suspirito.

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