
Hace 15 años comenzaba la larga travesía de un proceso de adopción que duró casi 4 años hasta llegar a nuestros hijos. Debido a la larga espera como muchas otras madres decidí abrir este blog que empezó siendo, como casi todos los blogs de adopción, un Cuaderno de bitácora en el que compartir todo lo referente a esa espera, el proceso previo, el viaje, el encuentro y luego los avatares de nuestra adaptación, mis anhelos e inquietudes como madre primeriza de dos niños de 2 y 7 años, todas las novedades y las primeras veces y sobre todo un tema recurrente que, como a muchas de las madres y familias adoptivas nos ha dado -y nos sigue dando- muchos quebraderos de cabeza: La escuela.
Esa escuela ajena a la realidad pasada y presente de nuestros hijos, tan cerrada a la hora de entender el porqué nuestros niños son desorganizados, dispersos, olvidadizos, impulsivos, y todo lo que se pueda derivar de unas funciones ejecutivas alteradas…
…”Funciones ejecutivas ”… es este un concepto que otras muchas madres no han tenido que aprender, que pertenece al campo de la neuropsicología y que he tenido que entender primero y explicar, con mayor o menor éxito a muchas maestras de mis hijos. Algunas veces mientras les hablaba de todo esto leía en sus caras la frase “pero qué rollo me estás contando…”
He sentido la falta de empatía de muchos docentes hacia mí, pero sobre todo y de forma recurrente, hacia mis hijos. Y nuestros niños, especialmente, necesitan de esa empatía y los padres tenemos que ser capaces de llegar emocionalmente a sus profesores, no para infundir lástima, sino para promover hacia nuestros hijos la atención sensible que necesitan.
Porque estamos hablando de niños y niñas que han sido víctimas de experiencias de abandono, maltrato, negligencia, institucionalización, experiencias traumáticas, cuando eran tan pequeños e indefensos que ni siquiera podían verbalizarlo, y aunque lo he comentado en cada tutoría, con cada maestra, o tutora, casi ninguna parece que terminara de creérselo, o al menos no he percibido que fueran conscientes de lo que significa.
A casi cada una de ellas (hablo en femenino porque todas en primaria fueron mujeres) les he explicado la desventaja con la que mis hijos llegaron al ámbito escolar, la huella que sus vivencias habían dejado en ellos y sobre todo en su cerebro, sus dificultades de desarrollo y la falta de vivencias básicas que les hacían estar en inferioridad de condiciones con sus compañeros, bien tratados, cuidados y estimulados desde el minuto cero de sus vidas, desde que sus madres estuvieron gestándolos, porque hasta ahí muchos de nuestros niños han sido tratados negligentemente o maltratados, como es el caso de los niños cuyas madres gestantes consumieron alcohol u otras sustancias durante su embarazo.
He intentado divulgar los problemas de la Adversidad Temprana con las herramientas que he tenido a mi alcance: Internet (webs y RRSS), charlas, libros, muchos artículos y tutorías recurrentes, pero mis hijos cruzaron las turbulentas aguas de la primaria sin apenas ayuda y comprensión, porque es difícil ver unas dificultades que no tienen rasgos físicos, porque la opinión general era que como aquello pasó cuando eran muy pequeños, (mi hija no tanto) ya lo habían olvidado…
Pero el cerebro no olvida, las huellas de la Adversidad sufrida en la Infancia Temprana están ahí, y hay que ayudar a sanarlas, y la escuela tiene que empezar a ser sensible con esos alumnos que necesitan profesionales que entiendan sus dificultades, que sepan detectarlas y establecer una relación con ellos que les ayuden en su desarrollo. Maestros/as que les ayuden a sentirse seguros y a confiar para que sean capaces de aprender. Porque los niños que han estado institucionalizados no tienen integrado el sentido de confianza y seguridad en el otro, porque todo el mundo les ha fallado, sus personas más importantes, de las que su vida dependía, les han abandonado, y a partir de ahí, suma y sigue.
Por eso necesitan unos docentes que les ayuden a sentirse valorados, porque tampoco tienen integrado el concepto de valía personal, y desde luego la colección de notas desagradables en sus agendas que he ido acumulando en esos años, con respecto a su atención y rendimiento, no les ha ayudado para nada en su autoestima ni les ha ayudado en su superación.
Tutoría tras tutoría he intentado ayudar a entender que ese niño que tanto le desconcertaba, no era un vago o un “pasota” sino que tenía una inmadurez neuronal que no le ayudaba a anclar aprendizajes establecidos para su edad y su curso escolar. Que ese niño, en lugar de ser problemático lo que le ocurría era que tenía un problema. Que esos cuadernos, fichas y lapiceros, ese trabajo no entregado o por terminar y, en definitiva, esos desencuentros diarios en el aula, necesitaban un trato específico. Pero sobre todo necesitaba que comprendieran que, lejos de ser culpable, es una víctima, y que no se puede educar a un niño que ha sufrido malos tratos con castigos, o que ha sufrido abandono con más abandono. No podemos dejarlo por imposible. Ni luchar contra él porque nos necesita como aliados.
Mis hijos cruzaron el umbral de la secundaria y llego la ESO y sus cambios hormonales, y los daños colaterales de una primaria deficiente en ayuda al desarrollo por parte de la escuela, y no os voy a mentir, si la primaria fue una batalla continua, la ESO es una lucha titánica, porque al menos en primaria tenía la posibilidad o la creencia de que a base de dialogar algo iba a conseguir, pero para nada en el instituto, amparados por la adolescencia, que es un saco sin fondo, pero en el que no hay cabida para traumas o diversidades ni necesidades específicas, a no ser que sean Necesidades Especiales.
Y bueno, mi hija ya está en la universidad, y lo ha sufrido, y lo ha penado, le ha costado mucho llegar aquí, y ha escogido la carrera de maestra con la idea de poder cambiar todo por lo que ella pasó. Mi hijo está en 2º de la ESO, justo en plena lucha titánica, y aunque a ellos ya no les va a servir, sigo intentando ayudar a cambiar las cosas para los niños y niñas que vienen detrás, para esas madres que lo están sufriendo o que lo van a sufrir. Por eso he formado equipo con María Martín Titos, (madre adoptiva, Experta en Intervención social y Atención a la Diversidad). Pilar González Moreno, (madre adoptiva, Maestra Especialista en Educación Infantil. Licenciada en Psicopedagogía) y Daniel Álvarez Santamaría. (padre adoptivo, Presidente de Adopta2, Graduado en Ingeniería Informática. Profesor de Sistemas y Aplicaciones Informáticas, y juntos hemos elaborado la DIFICULTADES DE APRENDIZAJE EN LA ESCUELA POR TRAUMA POR ADVERSIDAD TEMPRANA (T.A.T.) GUÍA PARA LA DETECCIÓN Y AYUDA para explicar las dificultades con las que muchos niños han de luchar cada día en el entorno escolar y en casa con las tareas, para intentar hacer ese cambio de mirada en los maestros y maestras para que entiendan sus dificultades, que sepan detectarlas y establecer relaciones reparadoras y que les ayuden en su desarrollo con estrategias específicas.

Llevamos mucho tiempo trabajando en esta herramienta, ya al alcance de todos (descarga gratuita) y creemos que puede ser muy útil porque es una guía muy visual y de fácil lectura que además ha sido supervisada por Juan de Dios Fernández Gálvez, Maestro y Orientador escolar y Profesor Colaborador Extraordinario de la Universidad de Granada, Jesús Domingo Segovia , Catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada.
Empieza a escucharse el concepto “Escuelas Sensibles al Trauma” que es donde esta guía se enmarca. Espero que os ayude, pero lo que espero de corazón es que consiga ayudar a vuestros hijos ahora y en su futuro. Porque es muy importante que en el ámbito escolar conozcan lo que significa Trauma por Adversidad en la Infancia Temprana y puedan desde la comprensión, ayudar de verdad a quienes lo sufren.