Un verano lleno de momentos 2ª parte.Salir de vacaciones

Por fin llegaron los días de vacaciones para mí, días de dedicación exclusiva sin tener que pensar salvo en el instante presente: donde paramos, –mamá me hago pis-, donde comemos –mamá tengo hambre-…Si hay algo que me haga sentir plena es vernos a todos en el coche Bruna incluida y hacer millas, dejando atrás todo lo demás.

Este verano, es el primero después de seis años que no estaremos pendientes del teléfono, que iremos todo lo lejos que podamos sin miedo a tener que regresar de urgencia. Por primera vez no tendremos el corazón encogido con la preocupación y la pena del estado de salud de mi hermano pequeño ni el de Seve, -el muy querido suegro de mi hermano mayor-, ni la intranquilidad por el diagnóstico largamente postergado de la hija menor de mi amiga... 
Es muy fuerte, pero se me hace raro.Tengo la sensación constante de que me olvido de algo.
Del trabajo y las demás preocupaciones cotidianas, siento como voy abandonándolas a cada pocos kilómetros, dejándolas atrás en algún punto de la carretera dentro de nuestra misma provincia (no las dejo ir más allá) donde esperan pacientemente para luego a la vuelta, sin falta, una a una vuelvo a recogerlas y conforme me acerco siento como se van acomodando de nuevo en mi cabeza, ordenándose por prioridades: hay que pagar tal cosa, devolver o anular pedidos, llamar a este u otro sitio, preguntar por...¡Uf,qué ganas de aparcarlo todo por un tiempo!

Hemos hecho muchos kilómetros, pero ninguno de nosotros guarda la impresión de fatiga por la distancia recorrida, ni siquiera Eduardo que condujo los más de 5700 kilómetros que hemos recorrido en coche a los que hay que añadir alguno más que hemos hecho en tren.

                       

Durante el viaje hicimos paradas en distintas zonas de peaje y conseguimos nuestro objetivo que era dormir en Lyon.
A la mañana siguiente paseamos por sus calles más céntricas y desayunamos los  croissants de chocolate recién hechos más ricos que hayamos comido.
Subimos a la colina donde está La basílica Nuestra Señora de Fourviere que visitamos por dentro y por fuera y nos asomamos a las maravillosas vistas que desde muy cerca permiten ver a la ciudad tendida a los pies.





Estuvimos sólo unas horas por la mañana y nos enamoró. Siempre me han gustado especialmente las ciudades  con río, y esta además está llena de rincones bonitos. 
Se ve una ciudad tranquila y exquisita, una ciudad partida en dos por el Ródano a la que estoy deseando volver y hacerla objetivo de un viaje para conocerla, para vivirla... pero esta vez era sólo una parada como escala. 
Seguimos viaje hacia nuestro objetivo: Schonach en el corazón de la Selva negra alemana…




1 comentario:

  1. ¡Vaya viaje tan interesante y realmente largo¡ soy unos aventureros.

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