Colecho

Hay rutinas y rutinas. Las mañanas aborrecen de rutinas, relojes que suenan siempre pronto, demasiado pronto, cuando las agujas de los sueños marcan el momento más plácido. 
Pero hay mañanas con rutinas mágicas de mimos, caricias y arrumacos.
Muchas mañanas minutos antes de que suene el despertador, mi compañero de proyectos, sueños y fatigas baja a desayunar a la cocina, él se encarga de despertar la casa mientras todos seguimos durmiendo... o parecido, también es una rutina esta de tratar de arañar minutos a la mañana. Al levantarse suele darme su almohada para que le suplante un cuartito de hora más, ese precioso cuarto de hora en que cerrando los ojos y los brazos alrededor del almohadón prestado, tras un profundo suspiro trato de volver a correr descalza detrás del último recuerdo de la noche que llaman sueños.

Desde hace unos años, muchas  de esas mañanas en el pasillo de casa justo después de que empiecen los golpeteos de cacharros en la cocina, suenan unos pasos teatrales muy parecidos a esos dibujos animados en los que el gato perseguía- andando sobre dos dedos de sus pies-,  a Piolín.

Casi acompañados del tintinear de campanillas (o en mis sueños confundo el repiqueteo de las tazas con aquella música teatral) se oyen unos pasos, cortitos, furtivos, que de puntillas se van aproximando y enseguida se detienen a los pies justo de mi cama. Yo los oigo enredada entre esos sueños de algodón pararse al lado de mis pies, solo un segundo, el tiempo de levantar la ropa de la cama y entonces un bulto se desliza sigiloso por debajo de las sabanas hasta mi almohada prestada,  la reemplaza de un empujón y acoplándose entre mis brazos -que ya lo esperan abiertos- y tras un susurrante “que a gustito…”, oigo cómo la respiración de mi hijo de 6 años casi instantáneamente se vuelve profunda y acompasada, un murmullo que me acompaña hasta que vuelve a empezar la mañana de prisas y demoras  con fuerte repicar de tazones  y “dateprisas”.

A veces no es por la mañana, sino del otro lado de la noche,  casi a mitad de ese sueño que -como tributo a la maternidad conquistada-, dejó de ser tan profundo,  cuando mi hijo  deambula entre mi consciente y mi inconsciencia  con unos  pasos diferentes, que no suenan furtivos sino miedosos, un “corroquemelaspelo” como si algo o alguien fuera a alcanzarle. Inmediatamente se pone en marcha el protocolo para pesadillas y malos despertares: advertido  el peligro y levantada ya de mi cama, tomo de la mano a mi noctámbulo hijo y juntos recorremos el camino de vuelta encendiendo cuantas luces sean precisas  y una vez a salvo,  alcanzada la cama del niño y con gran solemnidad sacudimos las pesadillas que se enredaron en su almohada, le damos la vuelta con sumo cuidado y  reposamos nuestras caras en el lado benigno y fresco retomando la noche muy apretaditos como no puede ser de otra forma en una camita de dimensiones  infantiles. Su cama acostumbra a acogernos también en noches de fiebre y sudores o toses de puñales en la garganta que impiden descansar…


Otras noches oigo sus pasos como de derrota o desilusión, no son los de puntillas, no son apresurados, son pasos de quien ha perdido un partido o una batalla. Llega mi desbaratado caballero a la orilla de mi cama como quien tras luchar contra la corriente escapa de una crecida o una inundación, e igual de mojado.
Entonces ya sé que tengo que sacar del armario una muda de pijama, rehacer su cama  deshacer el nudo de su entrecejo con un beso de buenas noches y enseguida puedo remar de vuelta hacia mi orilla porque él se queda seco, tranquilo y conforme en la suya.
Otras veces viene tan despacio que ni siquiera lo siento llegar. Me despierto al notar su calor apretándose a mí, como para llegar aún más al fondo de mi corazón, revolviéndose suavemente hasta que me convierte en corteza de corcho envolvente y noto que me necesita más allá de miedos o aluviones. Y le dejo estar, y a veces sus movimientos me desvelan o su calor me impide conciliar el sueño.  pero cuando las noches son de esa manera el cansancio no me pesa porque  lo disfruto a él, a cambio de dormir,  huelo su piel  y beso su pelo y oigo su respiración como un susurro y su manita que busca el hueco de mi mano y me gusta sentirlo así tan pequeño todavía, tan necesitado de  brazos y regazo, tan mío como él me siente suya.



 Y lo siento  como si juntos entre todas las noches y los días hubiéramos alcanzado por fin una cima de dimensiones soberbias. Ese sentimiento de pertenencia incondicional y rotundo -para mí-, es el territorio más valioso jamás conquistado.

Ni más alto, ni más claro

Carta de una madre a los profesores con ocasión del festival de fin de curso.


Estimados profesores:

En primer lugar quiero felicitarles, tanto a ustedes como a los niños por el festival de inglés de fin de curso. Fue divertido, todo salió muy bien, disfrutamos y pasamos un buen rato… sabemos el trabajo que es organizar a más de doscientos niños, las horas de ensayo, el esfuerzo que hacen  todos…


Estimados profesores y maestros, cuando me senté en segunda fila con mi máquina de fotos preparada , entendí de golpe porque estos festivales me hacen crujir los huesos y me ponen un nubarrón en la cabeza … de pronto pensé que ya sabía quién iba a presentar el festival, que niños iban a ser los protagonistas, quienes iban a estar en primera fila en el escenario durante toda la actuación , quienes iban a estar al fondo, en la última fila y en los laterales confundidos o medio ocultos por los telones y cortinas… fue triste cuando vi que acerté al cien por cien. En realidad no adiviné nada, solo me bastó recordar los seis festivales anteriores, porque siempre son los mismos… los de la primera y los de la última fila.


Estimados profesores, se cuanta es su ilusión y que quieren que todo salga bien por los niños, por ustedes, por el colegio… (El orden me da igual) y que por ello unos niños ocupan un lugar y no otro… y algunos jamás serán protagonistas en ningun festival.


Estimados profesores, los padres no otorgamos la Q de calidad a ningún colegio, no somos críticos teatrales… somos padres entusiastas que acudimos a ver a nuestros hijos… y si a alguno de los niños se le olvida lo que tiene que decir, o se tropieza o gira al revés los padres nos reímos y aplaudimos para animar al olvidadizo o al que se ha enredado… somos buenos espectadores.
Estimados profesores, les quiero sugerir una cosa… sean valientes y cojan a todos esos niños del fondo del escenario, a los invisibles y póngalos en la primera fila, denles los papeles princípiales o protagonistas… y si se les olvida el texto, si su inglés o euskera es pésimo o incomprensible, si se enredan, se tropiezan, si se les cae el sombrero o se les olvida lo que tienen que hacer … ¡qué importa!

Ustedes son docentes, nada más ni nada menos que docentes. ¡No pierdan la dorada oportunidad para educar que se da en un festival de fin de curso! 

Estimados profesores, los niños de la primera fila desde que entran en el colegio sienten que ellos valen, que saben hacer las cosas, que tienen su lugar… y lo saben porque se los dicen ustedes con su lenguaje no verbal, se lo dicen sus compañeros, los exámenes, las notas …
Los niños de la última fila, desde que entran en el colegio, sienten que no valen, que son de segunda, que no llegan a pesar de su esfuerzo, que son inadecuados… y lo saben porque se lo dicen sus miradas, sus imperceptibles gestos, sus palabras, sus prisas, y se lo dicen sus compañeros en el aula, en el patio… se lo dicen hasta las paredes del aula… y se lo dicen ellos mismos, que son muy listos y se dan cuenta de todo.


¡Maestros y profesores sean valientes¡ pongan en primera fila a todos estos niños que siempre están al fondo del escenario, invisibles y nerviosísimos porque temen meter la pata como siempre,  y estropearlo todo… demuéstrenles con hechos que confían en ellos, que si que valen, que son muy capaces, que les aceptan como son… y que si se les olvidara todo lo que tienen que decir, si se pisaran el vestido y se cayeran de cabeza… no pasaría nada… nada, porque les aceptamos como son y nos gustan así.


Estimados docentes, no olviden que siempre en la platea habrá un público de padres que aplaudirá a todos, y un grupito de padres que aplaudirá todavía más fuerte, si cabe… los padres de los niños que ayer como siempre estaban al fondo escenario… invisibles y muy muy nerviosos.


Aplausos también para ti, mi querida Itsaso.

http://cuadernoderetazos.wordpress.com/2014/05/30/festival-del-fin-curso-una-peticion-y-flores/

Pinturas de : ZOU CHUAN-AN.

Emilio Calatayud. El compromiso de un juez comprometido.

Ayer en Ganada y promovido por la asociación Afam (Asociación de Familias Adoptivas Multiétnicas),  Don Emilio Calatayud, juez titular del Juzgado de Menores nº 1 de Granada, dio una charla a padres adoptivos. En realidad fue una charla a padres que, como el mismo Don Emilo dijo "sois padres con circunstancias especiales”. "Padres - dijo-, cuyos hijos si cabe, son niños muy deseados, casi seguro que mucho más que muchos de los biológicos, pero cuya situación de adoptados les va a otorgar esa categoría de especial" por lo que tenemos que prepararnos para afrontarlas si se nos presentan.

Habló de niños y de padres, de sus sentencias y sus experiencias y lo hizo con su particular sentido del humor y su visión de una realidad tan cruda y tan amarga como puede ser la de los niños que se sientan en su banquillo, arrancando risas dibujando trágicas realidades.
Nos enseñó a distinguir entre cometer un delito  y ser un delincuente, un delito, nos explicó es algo que todos podemos hacer o haber hecho y va desde conducir con una copa de más, trapichear con falsificaciones de marcas (relojes, camisetas, comprar copias de Dvd, etc) algo que poco tiene que ver con ser un delincuente y nos trasmitió que el 80 % de los chavales que juzga cometen delitos pero no son delincuentes.Y del otro 20 % con perfil de delincuente tiene la convicción de que hay que molestarse en investigar qué historia tiene ese niño detrás. Y nos hizo ponernos en el lugar de los padres de los niños  delincuentes: “todos podemos ponernos en el lugar de los padres a los que han violado o asesinado a su hija, pero ¿y en el lugar de los padres de los que han cometido el delito...?” 
Nos contó muchas de las sentencias ejemplares que le han hecho famoso, por ser pioneras y poco convencionales: menores condenados a aprender a leer y a escribir,  a limpiar la zona del botellón, o el cementerio de su pueblo, a cuidar a ancianos o a tocar el tambor tras las procesiones de semana santa entre muchas otras.  Nos recordó que junto con los derechos de los niños existen unos deberes que se nos está olvidando inculcarles a la vez, en casa y en el colegio. Nos leyó el artículo 154 de la constitución pero sobre todo el, para muchos padres desconocido artículo 155. 
Nos advirtió de los peligros de las nuevas tecnologías, que se vuelven adictivas hasta el punto de modificar la personalidad de nuestros hijos y cuyo mal uso puede darnos muchos disgustos como padres y a ellos  por cometer delitos a  veces  por desconocimiento de que lo son.

Nos hizo la recomendación muy en firme de que hiciéramos firmar a nuestros hijos un contrato similar al de la madre americana le hizo firmar a su hijo cuando le regaló un iphone, para poder tener un control sobre ello, cada vez más  necesario.  

(Os lo reproduzco aquí para quien esté pensando en regalarle un móvil, una tablet o un ordenador a su hijo)

1. Es mi teléfono. Yo lo compré. Yo lo pagué. Yo te lo presto. ¿A qué soy genial?
2. Yo siempre sabré la contraseña.
3. Si suena, cógelo. Di «hola». Sé educado. Coge siempre, siempre, la llamada de mamá y papá.
4. Entregará el teléfono a mamá o a papá a las 7:30 de la mañana cada día de colegio y a las 9:00 de la tarde durante el fin de semana. Estará apagado toda la noche y se volverá a encender a las 7:30 de la mañana. Si no llamarías al teléfono fijo de alguien, porque pueden responder sus padres, tampoco llames o envíes mensajes al móvil. Respeta a las otras familias como nos gusta que nos respeten a nosotros.
5. No te llevarás el iPhone al colegio. Conversa y habla con la gente y con tus amigos en persona. Los días de media jornada, las excursiones y las actividades extraescolares requerirán consideraciones especiales.
6. Si el iPhone se cae, se golpea o se estropea, tú eres el responsable. Por tanto, asumirás los costes de la sustitución o de la reparación. Para ello ahorra dinero de tu cumpleaños o realiza otros trabajos: corta el césped, haz de canguro... Si el iPhone se rompe, tendrás que estar preparado.
7. No uses el iPhone para mentir, hacer tonterías o engañar a otro ser humano. No te involucres en conversaciones que sean dañinas para los demás. Sé un buen amigo.
8. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas nada a través del iPhone que no dirías en persona.
9. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas a alguien algo que no le dirías en voz alta y en presencia de sus padres. Autocensúrate.
10. Nada de pornografía. Busca en la web información que compartirías abiertamente conmigo. Si tienes alguna duda sobre algo, pregunta a una persona. Preferiblemente, a tu padre o a mí.
11. Apágalo o siléncialo cuando te encuentres en lugares públicos. Especialmente en restaurantes, en el cine o mientras hablas con otro ser humano. No eres una persona maleducada, no dejes que el iPhone cambie eso.
12. No envíes ni recibas imágenes íntimas tuyas ni de otras personas. No te rías. Algún día estarás tentado de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es arriesgado y puede arruinar tu vida de adolescente, joven y adulto. Es siempre una mala idea. El ciberespacio es más poderoso que tú. Y es difícil hacer que algo de esa magnitud desaparezca, incluyendo una mala reputación.
13. No hagas millones de fotos o vídeos. No hay necesidad de documentar todo. Vive tus experiencias. Quedarán almacenas en tu memoria para toda la eternidad.
14. A veces conviene dejar el iPhone en casa. Siéntete seguro de esa decisión. No es un ser vivo ni una ninguna extensión de tu cuerpo. Aprende a vivir sin él. Tienes que vencer el miedo a perderte algo que está ocurriendo y a estar siempre conectado.
15. Bájate música que sea nueva o clásica o diferente de la que millones de chicos como tú escuchan, que es siempre lo mismo. Tu generación tiene un acceso a la música mayor que cualquier otra de la historia. Aprovecha ese don. Expande tus horizontes.
16.De vez en cuando puedes jugar a juegos de palabras, puzzles y rompecabezas.
17. Mantén tus ojos abiertos. Observa el mundo que te rodea. Mira por la ventana. Escucha a los pájaros. Date un paseo. Habla con un desconocido. Pregúntate sin es necesario buscar en Google.
18. Meterás la pata. Te quitaré el teléfono. Nos sentaremos y hablaremos sobre ello. Volveremos a empezar. Tú y yo siempre estamos aprendiendo. Somos un equipo. Estamos juntos en esto.

Si queréis saber más sobre este contrato y su procedencia: http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20140110/abci-contrato-madre-iphone-201401091035.html


Nos habló de la necesidad de ser padres de nuestros hijos (no amigos, ni colegas) y ejercer como tales con cariño, firmeza y disciplina.
Recomendó a padres y maestros hacerse un buen seguro de responsabilidad civil porque los niños responden de sus actos a partir de los 14 años pero los padres también  pagando económicamente por los delitos que sus hijos hayan cometido, y si se cometen en el centro escolar, es el centro el que paga y si es bajo el cuidado o tutela de un profesor, es el maestro el que paga.

Pacto por el menor

Persigue y trabaja por conseguir un "pacto por el menor" en los que todos los elementos implicados en la infancia y adolescencia: padres, maestros, políticos y legisladores trabajen para conseguir una educación de los niños consensuada y cabal. 
Pide a los políticos que legislen con sentido común, y así nos habló de  la incongruencia de nuestro sistema legal cuando por ejemplo una niña de 12 años puede comprarse sin conocimiento de los padres la pastilla del día después pero no puede consentir relaciones sexuales, o una chica de 16 años puede abortar sin conocimiento ni consentimiento de sus padres pero no puede comprar tabaco o hacerse un piercing sin  su consentimiento  o un chico puede negarse a enseñarle las notas a sus padres" porque afecta a la intimidad" y en el centro donde estudie tampoco se las van a dar a los padres por idéntico motivo.
Así están las cosas.

Racismo:

El encuentro de padres con el Juez Don Emilio Calatayud fue promovido por AFAM, Asociación de Familias Adoptivas Multiétnicas, por lo que la mayoría de los asistentes compartíamos una preocupación común: el racismo.

En el turno de preguntas los padres y madres asistentes le pedimos que les hablara de los delitos de racismo en los jóvenes. Nos dijo que hasta ahora en Granada él no tiene constancia ni experiencias con delitos de esta índole a la vez que nos explicó que  las vejaciones son delitos y son sancionables. Si es en el colegio, el colegio es el que tiene que tomar medidas, si no lo hiciera debemos saber que son denunciables desde los 14 años.
Nos dijo que hay que hacer una política de sensibilización en la escuela y este juez comprometido se comprometió a que en todas las charlas que dé a partir de ahora en colegios e institutos va a tratar de este tema como su aportación a la educación y prevención, así como el compromiso de difundir la necesidad de sensibilización a través de su blog .

Los padres adoptivos agradecemos y contamos con su ayuda inestimable y además de lo interesante de la charla y lo que pudimos aprender con ella, gracias a este encuentro promovido por AFAM, contamos con una valiosa herramienta para la concienciación en la igualdad y tolerancia en las escuelas: la palabra y la pluma de alguien  a quien se escucha porque hablando de manera cercana y que se  entienda, sabe hacer llegar su mensaje.

Para quien quiera saber más, en Youtube hay numerosos vídeos que hablan de este carismático Juez.




Nuevo blog sobre adopción


El mundo de la adopción se ha hecho un poquito más accesible  con este nuevo blog del Instituto Familia y Adopción porque con el tendremos acceso a muchos temas que a veces no son tan fáciles de abordar, como es el de la madre biológica ( Madre ¿solo hay una?) "La voz de las madres biológicas" con el impresionante artículo de Brenda Padilla Ericksen "Cara a cara con la madre biológica", y muchas reflexiones y cartas sobre este tema tan hiperestésico para todos los moradores del planeta adoptivo. También información importante sobre salud, escuela, educación, bien estar, biología, y todo de la mano de profesionales expertos, nombres como Margarita Muñiz Aguilar, Arantxa Ruíz, Beatriz G. Luna, Eva Mª Gispert, Iolanda Serrano, Javier Monje, José Antonio Fuentes Najas,por citar sólo algunos ya que la lista es impresionante.


Instituto Familia y Adopción: generando una nueva cultura de la adopción.

La adopción es un proceso muy complejo en el que pueden intervenir muchas variables: condiciones de abandono del menor, consecuencias de la institucionalización, tasas de alcoholismo del país de procedencia, no seguimiento sanitario del embarazo, poco control de los contaminantes ambientales, etc.

El hecho de adoptar un niño del cual a menudo no se sabe nada o poca cosa, a menudo pone de relieve complicaciones de salud, autoestima, identidad, relación o escolarización.
Las familias creen que la adopción en sí misma ya cumple esta función reparadora ("el amor todo lo puede") y, a veces, no les resulta fácil reconocer las consecuencias de las pérdidas y falta de estimulación de estos menores. Los factores de riesgo antes mencionados están presentes con más frecuencia en estos niños adoptados, aunque estos problemas no sean intrínsecos al hecho mismo de la adopción.

El correcto desarrollo del adoptado en todo su potencial depende en gran parte de que la familia y el/la profesional que interviene acepte estas características y se prepare y forme adecuadamente para ejercer esta función reparadora.

El Instituto Familia y Adopción es un proyecto que nace de la voluntad de profesionales, adoptados y padres/madres adoptivos para ofrecer acompañamiento y asesoramiento en la adopción. Trabajando preventivamente para hacer conscientes a las familias adoptivas de su función reparadora y fortaleciendo el vínculo con sus hijos/as, su autoestima y su resiliencia. Asesorándolos y acompañándolos en cualquier duda, consulta o dificultad que tengan, ya sea de tipo médico, psicológico/emocional o de cualquier otro tipo.

Tengo que decir que estoy emocional y profesionalmente implicada en este proyecto en el que creo y que lo emprendo con muchísimas ganas y mucha ilusión, ya que me parece que es una ocasión para poder contribuir a hacer llegar la mayor información y los puntos de vista más diversos a madres que como yo están ávidas de información que nos ayude a conseguir que nuestros hijos puedan llegar a desarrollar el máximo de sus capacidades y para eso me parece que no hay mejor apoyo que el del equipo que está detrás del Instituto Familia y Adopción y que está haciendo un gran esfuerzo para llegar a más padres, a más adultos adoptados y profesionales implicados con este mundo complejo que es el adoptivo.

Además del blog, podéis encontrar todas las novedades e información en

La pagina web del Instituto:


En facebook: 


 En twitter:

@familiaadopcion


De manera particular y próxima deseo que os sea de utilidad, de ayuda y también de acompañamiento.






Charla con el Juez de Menores D. Emilio Calatayud Pérez.

En Granada el próximo día 21 a las 18,30:


El equipo de AFAM, os invita a participar en la próxima actividad programa:

Charla con el Juez de Menores D. Emilio Calatayud Pérez

Tratara el tema de conducta de menores y  hablará desde su punto de vista sobre los menores adoptados y sus familias.


La actividad se celebrará en el Centro Cívico Genil Manuel Cano, Bola de Oro, en la Avd. Cervantes. En Granada capital. El aforo de la sala es limitado. Confirmad vuestra asistencia con un mail a afamgranada@gmail.com 

Entendiéndonos, entendiéndolos.

Resumen de la charla coloquio con José María Herrera organizada por el Instituto Familia y Adopción 

http://www.familiayadopcion.com/
¿Cómo influyen las experiencias vividas con nuestros padres, madres, cuidadores, en el desarrollo de la personalidad?
La charla comenzó haciendo un recorrido por las distintas corrientes psicológicas para analizar las relaciones humanas y poder entenderlas y encuadrarlas en una corriente psicológica optando por la humanista corriente positiva, de Carl Rogers (1902-1987) para la que  toda persona  puede llegar a ser lo mejor que pueda ser porque  el organismo tiene una tendencia innata hacia el crecimiento personal, actualizando sus potenciales para conseguir su máximo desarrollo , lo que Rogers denomina “tendencia actualizante” que quiere decir que todos y cada uno de nosotros podemos llegar a desarrollar el máximo de nuestras capacidades. Igual que sucede con un árbol, porque sus raíces buscaran la buena tierra y el agua para poder desarrollarse como tal.

Lo que ayuda a la persona a desarrollar su máximo potencial es a través de la relación entre las personas, partiendo de la base en que la relación en si misma ya sirve de ayuda.

La relación de ayuda  es toda relación (cualquier tipo de relación)  en la que al menos una de las partes intenta promover en el otro el desarrollo, la maduración y la capacidad de funcionar mejor y enfrentar a la vida de manera adecuada, pero para ello se necesitan  tres actitudes:

Actitudes necesarias para construir una relación de ayuda:

La empatía
Empatizar es muy complicado ya que significa entender al otro desde el otro y no desde mí.
No se trata de simpatía, no es identificarse  emocionalmente con el otro, no es identificarse por “lo mismo”.
Es captar el mundo del otro desde el otro, teniendo en cuenta los sentimientos, las creencias, actitudes y opiniones así como la postura del otro, “desde donde habla” esa persona.

La aceptación incondicional
La aceptación como actitud.
Para promover una relación de ayuda hay que aceptar al otro sin condiciones, sin juicios críticos.
Esto no quiere decir que yo haría lo mismo o que estoy de acuerdo con cómo es la otra persona. Pero si que lo acepto tal y como es.
Porque si yo me siento aceptado, puedo explorar cómo soy, elegir libremente y crecer.
La aceptación incondicional lleva a una autoestima incondicional y empieza por nosotros mismos.
La aceptación condicional lleva a una autoestima condicionada. 
Si no nos aceptamos incondicionalmente no podemos aceptar incondicionalmente a nadie. si no nos sentimos aceptados incondicionalmente nuestra autoestima no será sana.
En nosotros también puede haber cosas que no nos gusten, pero las aceptamos.
Una autoestima sana lleva  a aceptarse y a aceptar al otro genuinamente.
Tanto la empatía como la aceptación incondicional necesitan de una autenticidad, de una coherencia.

La congruencia
Se tiene que dar en dos niveles:
Uno más externo con manifestaciones verbales y no verbales: Lo que decimos verbalmente y lo que expresamos con nuestro lenguaje corporal. 
Y uno más profundo en el que para que se de esa actitud de coherencia, de empatía y aceptación,  se tiene que enlazar lo que pienso con lo organísmico (lo que siento en las entrañas): Soy congruente cuando lo que pienso y lo que digo y lo que siento están alienados.
Pero esto resulta complicado puesto que hacemos las cosas desde la idea que tenemos de nosotros mismos.

La falta de congruencia.
Sucede cuando es diferente como somos y cómo creemos ser.
Ejemplo:
Si yo me creo una persona no agresiva y algo por dentro me coloca mucha rabia y si por algún motivo esa rabia aflora y me muestro agresivo, como yo no me creo que sea una persona agresiva, como no puedo admitir que soy agresivo, creo defensas de todo tipo, por lo que suelo culpar al exterior, al otro “es que me provoca”.
Si nos relacionamos con un niño y yo no soy agresivo (me creo que no soy agresivo) y algo de lo que hace o dice me sienta muy mal, filtraré esa rabia de manera que ni yo mismo sea consciente, intentaré aceptarle, empatizar, pero la rabia se me come y ni siquiera soy consciente de eso, algo me está impactando y no lo veo, por lo que necesitaré una gran capacidad de introspección para preguntarme ¿A mí qué me pasa?
Y el problema que nos encontraremos será que tenemos una parte de nosotros mismos que no queremos conocer, y que de ninguna manera queremos admitir que somos agresivos (“Yo no quiero saber que soy agresivo, no puedo saberlo”) porque resulta muy amenazante para nosotros el sabernos agresivos. Lo que provoca una enorme resistencia a esa introspección.
Cuando una parte de nosotros sale de forma inconsciente y no la podemos gestionar, al ser diferente de la representación que tenemos de nosotros, nos defendemos contra ello.
Cuanta mayor sea la diferencia entre el yo real y el que yo creo que soy, mayor problemática para poder brindar una relación de ayuda porque esto produce una enorme resistencia a la empatía a la aceptación incondicional  y a la congruencia.

¿De donde proviene esa diferencia entre lo que soy y lo que creo ser?
De un conflicto entre dos ejes fundamentales que son definitorios de la personalidad:
Necesito que me quieran y necesito ser yo mismo.

-La necesidad de ser uno mismo (para conseguir nuestro máximo desarrollo personal)
-La necesidad primitiva de que me quieran para sobrevivir, (“Si me quieren no me dejaran abandonado”) por lo que preciso del vínculo con el otro (conseguir “la mirada del otro” que es significativo para mí, de mis cuidadores)para subsistir. 
Estos dos componentes constituyen la personalidad, pero pueden ser incompatibles  y por supervivencia siempre que haya un conflicto entre ellas elegiremos la mirada del otro, por encima de ser uno mismo.

Por ejemplo:
Yo tengo un hermanito pequeño y le tengo unos celos terribles, cuando saco la rabia que me provocan esos celos mi madre me dice: “eres malo y no te quiero si haces eso”, ¿qué haremos? Entre ser como somos (con nuestra rabia y nuestros celos y perder la aceptación de la madre, elegiremos siempre la aceptación porque necesitamos a los otros para sobrevivir, a nuestros cuidadores. 

Todos creamos una identidad y tendemos a mantenerla toda la vida, manteniendo la consistencia de nuestras creencias personales sobre nosotros, lo que nos ayuda a sobrevivir y nos da estabilidad psicológica, aunque esta idea estática nos genere otro tipo de problemas.

Por ejemplo:
Si hemos crecido con la idea de “yo soy tonto”, inculcada por nuestras personas de referencia, esto nos va a condicionar a no intentar, a no probar muchas cosas, a perdernos muchas oportunidades, y da igual si hemos hecho dos carreras y tenemos un magnífico trabajo, se lo atribuiremos a circunstancias externas como por ejemplo a la suerte, porque estamos condicionados por la  idea que tenemos de nosotros mismos y esa idea es la que tenemos de la realidad y no modificaremos la idea interiorizada de que “soy tonto” porque de alguna forma es nuestro eje sobre el que hemos estructurado nuestra identidad. Si yo pensaba que era tonto y ahora pienso que soy listo pondré en juicio todos los demás conceptos que forman en bloque mi identidad poniéndome en riesgo, riesgo de no saber quién soy, me arriesgo a destructurarme.
La idea del yo funciona en bloque así que si yo siempre he creído que soy tonto y ahora descubro que soy listo…el resto de conceptos que forman la idea que tengo de mi mismo entran en tela de juicio, toda mi identidad se tambalea. Ante esto prefiero seguir pensando que soy tonto. Porque es la identidad (el saber quien soy) la que nos ayuda a sobrevivir, aunque se haya formado a través de la mirada del otro, un otro enfermo o dañado.

La visión de nosotros mismos es lo que más peso tiene en nuestra vida y todo lo vamos a construir y nos vamos a relacionar y vamos a vivir en función de esa idea, que tenemos de nosotros mismos, construida posiblemente sobre las ideas limitadoras de nuestras personas de referencia.

Todos tenemos una idea del yo falseada y desde ahí vivimos. 
Hay una serie de ideas que nos condicionan en todo,  en como nos relacionamos, qué nos atrevemos a experimentar a hacer etc.

Cómo se construye una personalidad ¿Qué sucede con un niño?

Las características del niño:

-El niño cree que su experiencia es la realidad.
Para el niño LO QUE VE ES LO QUE ES. No tiene filtros ni tiene capacidad de distinguir lo que está bien o lo que está mal: 
Si su padre le grita, el niño  no discrimina que es porque ha tenido un mal día en el trabajo. Si se  siente inseguro es que el mundo es inseguro.

-El niño tiene tendencia a desarrollarse en todas las facetas.
Reacciona a la realidad que tiene delante optimizando sus realidades en relación a ella. Tiene como algo innato la tendencia actualizante (desarrollo de sus potencialidades) y todo lo que encuentra que le ayuda a construirse lo valora como positivo (por ejemplo jugar, que sus padres le sonrían etc.) y lo que no le ayuda lo valora como negativo (como malo) igual que una planta cuyas raíces optaran por la tierra fértil y en donde la tierra no es fértil no se desarrollará.

La cuestión es ¿En qué entorno se desarrolla el niño?¿En qué entorno “ha caído”?
Si el entorno es sano no hay problema. Pero... ¿Y si no es sano?

Si el entorno no es sano el niño construirá su identidad en una realidad que no es normal pero que él aceptará como normal sin cuestionarla.

Cómo  nos desarrollamos: cómo construimos nuestra identidad.

Algo innato en todos para desarrollarnos es nuestra tendencia a diferenciarnos del otro.
Algo en mí me va a hacer construir la diferencia con los demás. Una conciencia individual de nuestra identidad.

Por edades:

Niño de meses: No hay idea de sí mismo, no hay diferencia.
2 años y medio: Empieza a decir “no” para diferenciarse de su madre.
6 años: Empieza un contenido psicológico, soy bueno, soy malo, soy bueno jugando al futbol  etc.

¿Cómo lo hacemos? 
Representando la realidad, la experiencia y dejamos como espacios en blanco, como "entre líneas", para vernos  a nosotros mismos interactuando con esa realidad: Juego a pelota y me veo a mí mismo jugando a pelota. Ese mecanismo mental de representarme en lo que hago, esa interacción con el entorno aumenta la consciencia de lo que soy, de quien soy.

Lo más crítico es que nuestra identidad, la del niño, la de todos, se crea a partir de mirarnos en espejo falsos. 
Si en la interacción con mi entorno -que es donde construiré mi identidad-, recibo mensajes de rechazo, si me dicen continuamente que "no valgo para nada”, me lo creo firmemente porque las informaciones falsas, para el niño son verdaderas.
Como uno se va viendo en la mirada del otro así vivirá y así se irá constituyendo su identidad.
Si nos revisamos a nosotros mismos y nos damos cuenta de cómo nos vemos y que aparte del porcentaje genético, toda nuestra identidad se ha basado en cómo me fui viendo en función de los espejos en los que me reflejé, en las miradas de personas sesgadas, nos daremos cuenta de cómo nos vemos y desde esa manera de vernos, hemos vivido. 

La necesidad de la consideración positiva de los otros:

Para conseguir la consideración positiva, que es lo que necesita para sobrevivir, para que le cuiden, el niño deja de escuchar sus propias necesidades para hacer lo que los demás le exijan y para ello se desconecta de lo que es, de lo que necesita para desarrollarse y hace lo que le exijan, sea lo que sea, -“yo valgo si hago lo que quieren los demás”-, aunque esas exigencias provengan de un entorno dañado y enfermo, él no discrimina si eso es lo normal o no, no tiene capacidades para dilucidar si está buscando la consideración positiva de un entorno enfermo, o dañado, si las exigencias, si la agresividad etc, es normal.  Él es la única que conoce.
Si el niño no llega a satisfacer nunca esas exigencias, si por mucho que se esfuerce no nota la consideración positiva, por parte de sus padres, edificará su identidad desde la creencia de que es un fracasado.
Ya de adultos podemos darnos cuenta de si crecimos en un ambiente dañado y como adultos podemos empezar a entender cosas que nos suceden que provienen de habernos desarrollado bajo la mirada enferma de nuestra persona de referencia.
Por ejemplo:
Si cuando yo estudiaba sacaba un 6 y mi padre –que no tuvo ocasión de estudiar- me exige un sobresaliente y yo percibo que o consigo eso o no voy a conseguir la consideración positiva, mi autoestima estará condicionada:" yo valgo mientras consiga lo que me exigen los demás".
Pero si yo no tengo la capacidad para ser el primero de la clase, por mucho que lo intente porque no puedo, interiorizo que soy un fracasado porque “no valgo”.
El problema es que pueden imponerme exigencias a las que no llegue, o pueden ser exigencias erráticas o puede ser que aunque consiga lo que me exijan nunca sea suficiente y acabo por creerme que no valgo para nada.

Consideración positiva de sí mismo. 
Mi estrategia para conseguir la consideración positiva es que, siguiendo con el ejemplo, si me exigen sacar buenas notas constantemente, termino por exigírmelo yo. Yo interiorizo lo que los demás me exigen como exigencia propia, y me considero positivamente cuando hago lo que me exigen por mí mismo. Para conseguir la consideración positiva de mis padres, para que me valoren.
A través de un criterio valorativo (lo bueno es lo que me consigue la consideración positiva y lo malo es lo que no me la da) acabo por incorporar las exigencias de mis personas de referencia como propias para evitarme conflictos. Incorporamos lo que está bien y lo que está mal en función de lo que los otros nos han exigido pero lo incorporamos como propio (En todos los niveles en los que sea que se den, los estudios, la sexualidad o lo que quiera que me condicione para conseguir aprobación)

Desarrollo de desacuerdo entre el YO y la experiencia
Si  estoy “construido” de forma que en mi idea del yo me tengo que ver como un triunfador y los datos de la realidad que hay en ese sentido apuntan a que no lo soy. Maquillo la realidad y me defiendo echando la culpa a los demás o a algo externo.

Contradicción en la conducta
De idéntica manera si mi conducta no cuadra con mi idea del yo la disocio o la trasformo, para mantener la idea que tengo de mi mismo (en el ejemplo de la agresividad :"Yo no soy así, la culpa de que me ponga de esta manera es del otro", “es que me provoca..." etc)
Hay incongruencia con lo que creo y lo que hago.

LA REINTEGRACIÓN

¿Cómo se consigue minimizar la distancia entre ese yo que creo ser y mi yo real? 

La primera estrategia sería la de valorar mi experiencia de forma menos condicional: Dejo de valorar mi experiencia como positiva cuando cuadra con la idea del yo y negativa cuando no cuadra con la idea del yo. 
Le quito peso a las conductas que no cuadran conmigo. “Ser agresivo es ser agresivo y si funciono así pues es lo que hay”
Tengo que poder aceptarme, no tengo que gustarme, sino aceptarme incondicionalmente. “Soy agresivo, vale, no me gusta pero lo soy”.

¿Y cómo se consigue esto? Consiguiendo una consideración positiva de una persona de criterio. De una persona que me entienda de verdad, (que empatiza conmigo). una persona que me acepte como soy sin reservas  y sin engaños. 
A partir de ahí  puedo yo considerarme positivamente y desmontar mis defensas, que ya no necesito y puedo reconstruirme.
Algo que se produjo desde una relación contaminante, que me obligó a construir defensas y estrategias de supervivencia, sólo se puede arreglar desde otra relación con otra persona que me permita ser como soy realmente.
Pero esa persona de criterio tendrá que tener las tres actitudes (empatía, aceptación y congruencia) para que me de el marco de seguridad que permita empezar a avanzar y desarrollarme.

APEGO  Y TRAUMA

Los niños nacen con las capacidades limitadas para la autorregulación, los bebés humanos dependen de la relación con sus figuras primarias de apego para sobrevivir, aunque esta relación sea inconsistente o insegura será la que diseñará el marco en el cual  el bebé desarrolla sus tendencias para la regulación de la activación del afecto para el resto de su vida.

Trauma:
son provocados por acontecimientos o situaciones inadmisibles que me desbordan y no puedo gestionarlo.

Si yo tengo una pérdida brutal y tengo un entorno seguro y una relación que me acoge y que me ayuda, lo supero. Pero si no tengo ese entorno ni esa relación, me supera. 

Apego traumático:
Si el apego es inseguro o tiene problemas o el propio apego es traumático, el niño generará estrategias de carácter que le ayudarán a compensar las necesidades no satisfechas, las fallas de seguridad, el maltrato, etc.
Estas estrategias tienen una intención adaptativa.
La estrategias de desarrollo van a ir en función de cómo y cuando se produzcan los problemas.

En la primera etapa de desarrollo se pone en juego la existencia y la seguridad.
Si en esa primera etapa, en el útero o poco después, hay algún tipo de trauma o de dificultad para poder desarrollarse, esto genera en el bebé una sensación de riesgo vital.  Ese trauma hace que el niño genere unas estrategias de carácter determinadas:
Cuando el niño se siente rechazado o no deseado por estar descuidado, no se ocupan de sus necesidades, puede ser víctima de abusos, etc. La  estrategia más común es la de retraerse, ("lo de fuera es terrible") aparta el mundo emocional e intenta controlar y blindarse en el pensamiento y de mayores tienen  la sensación de falta de pertenencia, de que algo en ellos no está bien, de inseguridad permanente. 
Si en esa primera etapa en el parto o poco después no ha habido problemas pero poco después el niño experimenta una ruptura de esas condiciones o  un trauma cuando siente que el cuidador no está ahí para atenderle.
Lo que le hace crear una estrategia de intensidad emocional, todo es extremo. Necesita siempre más, siempre está demandando y no se conforma nunca. Necesita sobre todo atención.
De adultos tienen las creencias de que sus relaciones han de ser intensas, que nada es perdurable si no todo cambiante y precario. "La vida no es estable". Tienen la sensación de que no pueden bajar la guardia y sufren una sensación de constante inseguridad. Tan demandantes son que acaban por  sufrir rechazos y vuelven a vivir lo que vivieron aquello que  les desencadenó el problema.

Todo el desarrollo gira en torno a la necesidad y al apoyo.
Con lo que cada uno se va estableciendo en una serie de ideas nucleares del tipo:
“Mis necesidades no van a ser satisfechas”, “nadie me apoya”, "tengo que hacerlo todo por mí mismo” adoptando la autosuficiencia como estrategia de carácter.
Cada cual adopta su propia estrategia de carácter por lo que en contraposición puede haber otra que sea completamente dependiente “yo necesito ayuda”, “no puedo hacer nada solo”.
Nuestra propia estrategia de carácter es muy importante para el fluir de la relaciones con nuestros hijos.
¿Qué pasa, por ejemplo, cuando nuestra estrategia de carácter es contrapuesta y se confronta con la estrategia de carácter de mi hijo?Un choque frontal.
Para poder ayudar al desarrollo del niño mediante nuestra relación tenemos que tener una importante capacidad de introspección, para averiguar qué nos sucede, porqué chocamos frontalmente con nuestro hijo,  pero además necesitamos ser empáticos y entender lo que el vivió, algo de lo que, a lo mejor, ni siquiera él es consciente. Tenemos que aceptarle incondicionalmente y tenemos que ser congruentes para convertirnos en sus personas de criterio y ayudarles a que se desarrollen.

La epigenética y actitudes parentales que fomentan una buena resiliencia

Por Eva Gispert
Directora-Socia fundadora del Instituto Familia y Adopción.

El pasado 29 de marzo Rafael Benito nos ofreció una fantástica charla/coloquio sobre epigenética : 
Mercedes Moya en su blog Al otro lado del hilo rojo ha hecho un buen resumen:

Antes y después de nuestra charla/coloquio varias ideas me vienen a la mente relacionadas con el proceso de la construcción de la persona, por ejemplo:
1. Herencias genéticas 
2. Rasgos y acontecimientos que van pasando de generación en generación (transgereneracional)
3. El momento de la fecundación
4. Vida intrauterina
5. La experiencia del parto
6. Los primeros meses/años de vida
7. Educación que recibimos de nuestros padres y el entorno 

Todos esos factores influyen enormemente en nuestra vida, forma de ser y de educar. Pero:

· ¿Qué peso tiene cada uno de ellos en nosotros? 
· ¿qué conocemos de ello? 
· ¿Dónde encontrar información de rigor e interesante que combine los factores , que nos aporte claridad y que se refiera a la realidad de las familias adoptivas? 
· ¿Está investigado y demostrado científicamente el peso que tiene de cada uno de estos factores?

Dichas preguntas me vinieron a mi mente a raíz de la charla/coloquio y cuando recordé la primera vez que vi a Rafael Benito en San Sebastián. Hablaba de cómo se desarrolla el cerebro según lo vivido, qué papel juegan los neurotransmisores, etc. Me encantó.

Estoy convencida de que estos factores y otros, todavía desconocidos influyen en nuestra forma de afrontar, superar y elaborar los retos y dificultades que se nos presentan en la vida (estamos hablando de la denominada RESILIENCIA).  
¿Cómo se sintió nuestra madre biológica durante la gestación?. ¿Cómo aceptó, deseó o rechazó este embarazo y los primeros días, meses, años de vida? Estos factores influyen muchísimo  (más de los que creemos).

Todo ello influye y condiciona, pero  no determina! Quedó clarísimo después de oir a Rafael Benito en nuestra charla/coloquio.

La calidad de la relación en los primeros años de vida constituye la fuente fundamental del desarrollo de la seguridad de base y de la personalidad. Los estímulos psicoafectivos en el desarrollo inicial de cerebro son los que facilitarán las SINAPSIS.

Mario Salvador, psicólogo especializado en Trauma y que tuve el placer de conocer en tanto que fue profesor en el máster de psicoterapia,  apunta que ya está demostrado que “los procesos traumáticos quedan enquistados en nuestro aparato neuropsicológico. El flujo natural de nuestra experiencia tuvo que interrumpirse para defenderse ante sucesos que fueron vividos como amenazantes”. El rechazo durante el embarazo, las dificultades en el parto, el abandono y la posterior institucionalización desprovista de estímulos físicos y afectivos son una amenaza para la supervivencia del niñ@.

La conciencia que tengamos de estos hechos, la inquietud por resolverlos, la confianza en que vamos a poder elaborar y los acertados recursos que sepamos encontrar, forman parte de la resiliencia.

Pero ¿Cuál es el factor que nos incita a movernos en un sentido u otro? ¿Por qué unos no paramos de buscar /indagar  para encontrar un solución/entender nuestras dificultades y problemas buscando cómo ser más felices y relacionarnos mejor con los demás? Y otros, por el contrario, ni siquiera se paran a mirar, creen que nada de lo que les pasa tiene que ver con ell@s y lo atribuyen todo a un factor externo (ya sea algo o alguien)?. ¿Es más feliz el que lo niega y va funcionando por inercia y tapando o sorteando lo que llega? ¿O el que se ocupa de mirar en su interior, crecer en conciencia y conocimiento sobre nuestro funcionamiento orgánico, neurobiológico, neuropsicológico tratando de crecer y superar lo vivido y que se va reeditado en el presente? ¿Por qué unos tenemos una predisposición y otros otra? La genética y la epigenética tiene que ver con en todo ello! Nos cuenta Rafael Benito.
Personalmente he elegido el segundo camino, el de aceptar el camino recorrido hasta ahora, disfrutar de lo ya aprendido, de lo que aprendo y encuentro en el presente!  Es esta búsqueda e inquietud por saber y crecer, la que me llevó a contactar con Rafael Benito con la finalidad de que nos aportara un poco más de claridad, saber, conciencia y rigor sobre esta maravillosa complejidad que es el ser humano; y su capacidad para ser feliz y construir nuestra resiliencia.

Es mi deseo y la de todo el equipo del Instituto Familia y Adopción compartirlo con vosotros: padres, madres, adoptados adultos y profesionales relacionados con estas familias; con el objetivo de que nos sirva a tod@s en ese camino hacia la felicidad que tiene mucho que ver con la RESILIENCIA.

Conclusiones más importantes de la charla/coloquio con Rafael Benito:

1. Disponemos desde el nacimiento de un programa que nos hace más resistentes o menos al trauma.
2. Aunque nazcamos con este programa, si a lo largo de la vida vamos desarrollando otras necesidades , éstas pueden cambiar nuestro cerebro. La vida puede cambiar mis genes y transmitirlos a mi descendencia.
3. Si yo heredo, por ejemplo, un transportador poco eficiente de serotonina debido a factores epigenéticos puedo cambiar mi predisposición a la ansiedad que comporta tener ese gen transportador poco eficiente.
4. Hoy también sabemos ya que también las emociones y las relaciones pueden influir a en los cambios epigenéticos.
5. El maltrato infantil puede cambiar la genética de los individuos. Y también cambia la dotación genética si las mamás, los papás, los cuidadores criamos con afecto y con calidad en la relación!  

Aquí está la clave para cambiar y reparar! : El trabajo que podemos hacer los padres para que tengan unos recursos y una imagen de sí mism@s diferente. ACTITUDES PARENTALES QUE FOMENTAN UNA BUENA RESILIENCIA.
En esto trabajaremos y profundizaremos en nuestra próxima charla/coloquio el 10 de mayo con nuestro psicoterapeuta especializado en trauma Jose M. Herrera: