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Halloween, tarde de brujas.

Mi incursión en el mundo de las brujas siempre estuvo marcado por la factoría Disney, Creo que la bruja más típica, la bruja por excelencia es la bruja de Blanca Nieves,(me parecía terrible de pequeña y me lo sigue pareciendo ahora que entiendo más el tema de la rivalidad entre La Reina Grimhilde con la pobre Blanca Nieves), que además todos confundían con la mala malísima Maléfica –bruja de la Bella durmiente- y su sed de venganza.

Las Brujas de mi infancia.



Cuando era una niña me encantaba una serie de televisión que se llamaba “Embrujada”. No se me olvidan sus personajes: Samantha, Darrin, su hija Tabatha, Larry -el jefe de Darrin- y la malvada pero divertidísima Endora madre de Samantha, y de esa serie y por su delicioso recuerdo he usado alguna vez en internet el nick de Tábata y llevo en mi móvil desde que los móviles permitieron personalizar los tonos de llamada, la banda sonora de la serie.
Quien no ha pensado alguna vez que sería fantástico arreglar entuertos a golpe de movimientos de nariz o con un chasquido de los dedos. Nada metafísico, nada trascendental cosas como -por ejemplo-, al buscar desesperada un aparcamiento me hubiera encantado tener ese poder para recomponer la colocación de los coches que sin ningún miramiento al prójimo aparcan como si abundaran los huecos para estacionar, entonces…un golpecillo de nariz y los correría haciéndome sitio y acabando así mi suplicio de todas las mañanas, o un chasquido de dedos y el petardo que aparca ocupando dos huecos en el centro comercial se encontraría su coche con las ruedas hacia arriba, como escarmiento….
Ahora como madre y ama de casa saturada, también me hubiera encantado poseer el don maravilloso de Mary Poppins para ordenar habitaciones y organizar juguetes y ropas y tener su habilidad para transportar a los niños a mágicos mundos de un solo salto y para cambiar los sabores de un mismo frasco de jarabe en cada cucharada…

Ya lo se…Como romántica impenitente mi arraigada idea de bruja es estereotipada e inalterable y con el paso de los años contrasta y choca de frente con las brujas de moda o las de la festividad de Halloween, que estereotipadas también a su modo, vienen a despojarme de mi imagen idealista, aunque a estas yo prefiero llamarlas hechiceras, que suena más a lechuzas y a maleficios.
Yo nunca me disfracé de bruja, de princesa… ¡claro que sí! de niña con cualquier camisón largo de mi madre y luego más mayor con algún vestido de fiesta, o vestida para contraer matrimonio me sentí cual princesa. Pero de bruja …no, y aborrezco las veces en las que me he sentido adivina –o más bien agorera- y hasta sibilina y no precisamente bajo ningún disfraz.
Tal vez por eso cuando Eduardo apareció con un disfraz de diablillo para Nacho y otro de bruja para Diana, tuve la imperiosa necesidad de modificarlo. El de Nacho apenas lo toqué –me pareció perfecto y el más indicado para él –con él está para comérselo- y apenas le añadimos unos diminutos y simpáticos cuernecillos, un rabote de diablo y un tridente que compramos en los chinos, un bigotillo con perilla y unas cejas levantadas con trazos de mis lápices de maquillaje y quedó perfecto!

Pero lo de Diana se complicó, acabé haciéndole para recogerle el pelo, una especie de tocado exótico, con trozos de cordeles de colores, tiras de tejido también de distintos colores y un par de bandas de tul dorado que tenía de la pasada navidad, todo cosido a una goma de pelo y para remate le añadí una pequeña marioneta verde: un cocodrilo.
Luego con otras tiras de ese mismo tul hice una sobrefalda de vuelo abullonada y un lazo que remataba la cintura.

Diana estaba loca de contenta con su traje de “bruja-bella” y Cuando me puse a pintarla de bruja y sin proponérmelo acabó pareciéndose a aquella cantante de opera de origen coreano llamada Kimera, que fue más famosa por el secuestro de su hija Melody que por sus meritos musicales. Unas estrellitas acabaron por enmarcarle las cejas y sustituir a la clásica berruga. El resultado, escoba incluida, no tenía nada que ver con lo que había imaginado inicialmente pero quedó original y “muy disfrazada”.
En la fiesta del colegio había disfraces para todos los gustos, todos los niños quieren jugar al miedo que tanto miedo les da y todos los niños iban disfrazados y casi en su totalidad la estética era la del terror, otros hacían sonreír por la ocurrencia de sus padres ( a uno lo liaron en papel de cocina y esparadrapos a modo de zombi momificado) y si hubiera tenido que dar un premio se lo hubiera dado a una niña que parecía la de la película “Los otros”, tan bien disfrazada iba que mirarla daba autentico miedo.
Hubo también algunas madres con verdadero sentido del humor que se disfrazaron a conciencia y que pusieron mucho empeño en la fiesta, decoraron el pabellón con motivos propios de Halloween recortados en cartulina e incluso contrataron a un par de seudo-magos humoristas que pese a la mala acústica del recinto y los desmadrados niños, hicieron reir y entretuvieron por un ratito a niños y padres con su deslucido espectáculo, el merito es que les pagaron cocinando bizcochos y aportando bebidas e imaginación que luego vendieron en generosas porciones a un euro incluida la bebida. Yo probé un plum-cake que estaba realmente rico.
Lo pasamos bien, pese al miedo que pasó Nacho en algunos momentos con el espectáculo, que creo no entendía y pudimos disfrutarlo más al compartirlo con mi hermano y la que pronto será su esposa, a quienes mis hijos adoran
Pero bueno, quien me iba a decir a mi que tan poco amiga soy de apropiamientos indebidos de tradiciones ajenas, que me iba a meter tan de lleno en estos festivales, debo reconocer que me ha hecho ilusión pero también me he agobiado un poco, pienso que es porque me faltan tablas y me sobra tensión.
Es la primera vez que celebro Halloween y sigo pensando que, de seguir así, adoptando tradiciones extranjeras, acabaremos festejando el 4 de Julio, ya me veo a Nacho disfrazado de Abraham Lincoln, y pintando caras con barras y estrellas…

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