Hay rutinas y rutinas. Las mañanas aborrecen de rutinas, relojes que suenan siempre pronto, demasiado pronto, cuando las agujas de los sueños marcan el momento más plácido. Pero hay mañanas con rutinas mágicas de mimos, caricias y arrumacos. Muchas mañanas minutos antes de que suene el despertador, mi compañero de proyectos, sueños y fatigas baja a desayunar a la cocina, él se encarga de despertar la casa mientras todos seguimos durmiendo... o parecido, también es una rutina esta de tratar de arañar minutos a la mañana. Al levantarse suele darme su almohada para que le suplante un cuartito de hora más, ese precioso cuarto de hora en que cerrando los ojos y los brazos alrededor del almohadón prestado, tras un profundo suspiro trato de volver a correr descalza detrás del último recuerdo de la noche que llaman sueños. Desde hace unos años, muchas de esas mañanas en el pasillo de casa justo después de que empiecen los golpeteos de cacharros en la cocina, suenan unos pas...