Normalizar y comunicar

A raíz del último post “Doctor Jekyll y Mister Hyde” he recibido muchas llamadas y correos privados solidarizándose e identificándose con las emociones que allí describo, todas y cada una las agradezco profundamente y trataré de contestar a cada correo porque cada uno tiene sus matices y cuentan sus vivencias, sus emociones –no siempre agradables - lo que ayuda muchísimo a no sentirse un bicho raro ya que lo que por lo que una pasa pasan muchas, muchísimas madres -adoptivas o no-, y de lo que me estoy dando cuenta es que entre las madres la mayoría de las que han adoptado no se atreven a comentar abiertamente sus angustias, sus frustraciones, ni sus sentimientos a no ser que sean de signo positivo.
Es una lástima porque compartirlo nos ayudaría a “humanizar” y a normalizar la adaptación, un proceso post adoptivo que cada día estoy más segura que es duro y difícil para todos, no sólo para los niños, Por supuesto que nos preocupa, nos angustia y duele en la adaptación los esfuerzos que tienen que realizar nuestros hijos ante tanta novedad, que nos afanamos por facilitar el apego y que velamos por que se fragüe y solidifique el vínculo que les haga sentir que pertenecen a nuestra familia y que nosotros les “pertenecemos”.
Pero estamos tan acostumbrados a mirar a través de la óptica del niño, que parece solamente considerar la adaptación, los problemas y vicisitudes del niño y no contemplamos ni nos atrevemos a escudriñar nuestros sentimientos, nuestras emociones ni nuestra propia adaptación, dando por hecho que tiene que ser así, y hasta creo que renegamos de nuestras dificultades y nuestros conflictos personales por temor a ser descalificadas como madres o como si negando esas dificultades o sufriéndolas en silencio fueran a disiparse solas, o buscamos en libros y tratados algo parecido al “Hemoal” que las alivie y encoja.
Cuando nos topamos con la realidad de la maternidad, con el día a día, con el cansancio y el abatimiento que puede llegar a producir una escaramuza tras otra y la sensación de haber entrado en una espiral insalvable, llena de tirabuzones que parecen devolverte al punto de partida, sin avance aparente, o cuando agotamos tácticas y estrategias, serviría de mucha ayuda el contar con las compañeras de adopción que tanto nos apoyamos en el proceso y que de pronto perdemos los apoyos y los contactos por falta de tiempo y por retraimiento,cautela o aprensión … y sobre todo por una tremenda inseguridad en este nuevo papel en el que nos estrenamos, tan trascendente para la vida de unos niños que nos han sido confiados y por los que tanto hemos esperado y luchado.
La puesta en común de nuestras preocupaciones, de nuestros problemas y de nuestros sinsabores puede llegar a aliviarnos, el saber que los malos momentos no son exclusivos nuestros, ni son provocados por nuestra torpeza o nuestra incapacidad, puede ayudar a relajarnos y a encontrar estrategias nuevas para conducir una rabieta o un indómito momento “estepario” de esos en los que no sabes cómo manejar una situación que a veces se pone desagradable.
Tenemos la suerte de haber recorrido un largo camino hacia nuestros hijos que nos ha hecho que sean niños muy deseados y queridos, y ese camino lo hemos recorrido y compartido con muchas madres que nos han apoyado y comprendido en nuestros bajones y nuestras emociones preadoptivas ¿Porqué no seguir abriéndonos a esos brazos que estoy segura están ávidos de ayuda y con ganas de ayudar?
¿Porque no aportar nuestras vivencias para quienes necesiten basarse en ellas para suplir su falta de experiencia?
¿Y Porqué no servir de incentivo para las que vienen detrás, para las más retraídas, o celosas de su intimidad que temen exponer sus problemas y aliviarlos?
Me gustaría animar a mis compañeras de foros, a las usuarias de la red en general a que abran sus ventanas emocionales y compartan no sólo lo maravilloso de la maternidad -que por supuesto que es genial compartirlo-, sino que compartan lo difícil y hasta doloroso que puede llegar a ser y que alejen sus miedos a que se sepa que tambien se pasa mal, que no todo es de color de rosa y no por quejarse por pasarlo mal o desesperarse, amamos menos a nuestros hijos porque n
o siempre es fácil y el no estar siempre a la altura de las circunstancias (o a la altura que creemos deberíamos estar) nos hace peores madres o personas.

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