
Antes de nada y para que se entienda el caso tengo que aclarar que una de las mayores obsesiones que tengo como madre –solo una de ellas- es la seguridad en el baño, en la bañera principalmente, no soy capaz de dejármelos solos ni un segundo y menos cuando están en el agua por poca que esta sea, ni al pequeño de dos años y medio ni a la mayor, pero la seguridad del pequeñin que aún es muy torpe y muy movido me preocupa especialmente.
Un día estaba en casa de mi vecina Teresa una de las mejores y mas participativas cooperantes de la “ONG SOS MADRE PRIMERIZA” y me pregunto “ya tenéis pato?” Y antes de que pudiera responderle –o mejor dicho preguntarle qué era eso- me prestó lo que ella llamó “pato”, y efectivamente era una especie de flotador rígido que imitaba a un pato con cara ojos y hasta con patitas de pato. Y me fui a casa tan contenta yo con mi “pato” esa misma noche lo usé por primera vez,
bañé a los dos niños juntos y como tengo verdadero terror a que el pequeño –que no se está quieto- se hunda o le pase algo en la bañera pues le planté su pato –que me costó metérselo – de puro rígido a Nacho no le hizo ninguna gracia verse insertado en aquel artilugio pero tanto le gusta el baño que aunque protestó-y como suele protestar por casi todo-,no le hice caso y al final se sentó con lo que su ignorante madre creía que era un flotador antivuelco.
Al día siguiente le comenté a Eduardo que había que devolverle el pato a Teresa y comprar uno mas grande para Nacho porque ese se le quedaba un poco “encajado”.
Lo dejé en el aseo de la entrada, para devolverlo en la primera ocasión que tuviera a Teresa.
Nuestra casa es una vivienda unifamiliar y tenemos un aseo en la planta baja pero cada vez que hay que poner a hacer pis o caca a Nacho solemos subir al piso de arriba al baño de los críos donde está el “reductor de water”: una tapa mas pequeñita con dibujtitos de Winnie
the poh. Ahora estamos intentando quitarle el pañal a Nacho por el día y le ponemos a ello cada cierto tiempo, porque rara vez lo pide, así que en una de esas veces en que le tocó a su padre llevarlo, y cuando salieron los dos del aseo, le comenté a Eduardo la conveniencia de comprar otro reductor para el water del aseo y con cara de extrañeza me enseño el water donde estaba perfectamente encajado el pato de Teresa…¡Lo que tomé por un flotador antivuelco era un reductor de water con forma de pato! ¡Con razón se me quejaba el pobre!, cada vez que lo recuerdo incrustado en aquella rueda rígida de plástico duro… y menos mal que nunca lleno mucho la bañera porque lo mismo ni flotaba!
Son anécdotas de novata, que me hacen sentir muy torpe y hasta ridícula, porque una vez puesto el “pato” en su sitio estaba clarísimo lo que era, ¡Todavía me estoy riendo!
Un día estaba en casa de mi vecina Teresa una de las mejores y mas participativas cooperantes de la “ONG SOS MADRE PRIMERIZA” y me pregunto “ya tenéis pato?” Y antes de que pudiera responderle –o mejor dicho preguntarle qué era eso- me prestó lo que ella llamó “pato”, y efectivamente era una especie de flotador rígido que imitaba a un pato con cara ojos y hasta con patitas de pato. Y me fui a casa tan contenta yo con mi “pato” esa misma noche lo usé por primera vez,

Al día siguiente le comenté a Eduardo que había que devolverle el pato a Teresa y comprar uno mas grande para Nacho porque ese se le quedaba un poco “encajado”.
Lo dejé en el aseo de la entrada, para devolverlo en la primera ocasión que tuviera a Teresa.
Nuestra casa es una vivienda unifamiliar y tenemos un aseo en la planta baja pero cada vez que hay que poner a hacer pis o caca a Nacho solemos subir al piso de arriba al baño de los críos donde está el “reductor de water”: una tapa mas pequeñita con dibujtitos de Winnie

Son anécdotas de novata, que me hacen sentir muy torpe y hasta ridícula, porque una vez puesto el “pato” en su sitio estaba clarísimo lo que era, ¡Todavía me estoy riendo!