
-No mami, eso no me gusta.. esto..
Me dice con su lengua aún de medio trapo y me señala a la pantalla a mano derecha: “el patito feo”.
-Esto mami.
Pincho y no sé si es que estoy sensibilizada de más pero esta vez y de otro modo la historia me ha tocado el corazón...
Antes este cuento que todos conocemos me hablaba de un ser que estaba fuera de su sitio, que no se sabe porqué extraña razón salió de un huevo de otra camada que había ido a parar a aquel nido de patos. Salió diferente y ni su –se supone- propia madre lo entendía.
Recuerdo que en BUP un moderno profesor de filosofía usó esta historia para hablar de las personas “diferentes” que en los recién estrenados años ochenta era como se definían a las que tenían una opción sexual distinta a la convencional.

Con mi respeto sincero para todas las personas, tengan la opción sexual que tengan, se me formó de alguna manera la idea del homosexual liberado (como actualmente se suele decir “salido del armario”) como el feo patito convertido en hermoso cisne, de atormentado hombre gris a imponente drag queen,y hasta estaba convencida de que debía ser esta razón por el que se decía que un hombre Gay tenía pluma.
Eso sucedió en mi adolescencia y espero que no se me malinterprete, porque he intentado contar este episodio sin herir susceptibilidades.

Hoy en día socialmente superados aquellos prejuicios y normalizadas las opciones sexuales de cada cual, -no así las cuestiones raciales-, este cuento creo que sirve muy bien para explicar un concepto muy de moda : es un cuento sobre “diversidad”.
Pues bien, con mi hijo kazajo al lado yo he visto otro cuento, desde luego que todo se entronca alrededor de un problema de “identidad” y de aceptación de lo diferente, pero yo he visto por los ojos de mi niño un patito al que su mamá no quería, y que buscando desesperadamente una madre que lo quisiera acabó encontrando una familia que lo aceptó y lo arropó y se le veía tan feliz…tanto…

Así que el mismo cuento, como los colores de los que hablaba en otro post, puede ser interpretado de muchas maneras distintas.
Ahora en mi situación personal y con la lágrima que pendía de las pestañas de mi hijo mientras veía la película clavada en las entrañas, ese mismo cuento me habla de resilencia, de la capacidad que tienen nuestros hijos para reponerse de sus malas vivencias, para superar y dejar atrás el dolor emocional al que la vida les sometió.

Y es que-por ejemplo-, la risa de Nacho cuando corre que se las pela para que lo pilles en el parque, me hace olvidar aquel patosillo que se caía apenas dejarlo de pié por falta de fuerzas en sus piernas a causa de una nula estimulación y cuando lo miro ya no veo resquicio de rencor hacia la vida, es como si supiera que ahora está en el lugar al que pertenece.