¿No es acoso...? Es derribo.

Me gustaría empezar esta carta  diciendo queridos “compañeros” pero no puedo.

No sé cómo dirigirme a vosotros aunque si tengo claro a quienes me dirijo y porqué.

Escribo esta carta para darle voz a alguien que hoy está sufriendo lo que muchos niños en las escuelas, en los institutos, de forma silenciosa están padeciendo. Me lo ha pedido una madre, -de madre a madre-, para intentar parar lo que algunos dicen “son sólo cosas de niños”, pero que con las que día a día sin tregua, lastiman a su hija y que le están amargando la vida.

Con esta carta no voy a señalar a nadie,  pero si alguien se siente señalado que sepa que esa es exactamente mi intención y con ella espero hacer visible lo que parece que no se ve y que está a la orden del día, hasta le hemos puesto un nombre extranjero para actualizarlo, para disfrazarlo o encubrirlo más,porque parece invisible para muchos ojos adultos que están más cómodos mirando para otro lado o negándose lo que ven. La hipocresía es el velo de la malicia y puede dejar huellas muy profundas en unos ojos infantiles que a la fuerza están aprendiendo su significado. Luego más adelante ya nunca será invisible para ellos, incluso podrán olerla. Porque apesta.

Quiero en voz alta ponerme delante de todos esos niños que sienten el enemigo en quienes deberían llamar compañeros. Quiero creer, aunque ahora me cuesta, que entre esas paredes- las de la clase, las del colegio-, no hay nadie malo, malo de verdad, nadie que quiera hacer de verdad daño, pero no me explico las razones de ese aire viciado que a veces se respira. No llego a entender lo que provoca que niños y niñas esencialmente buenos cuando están fuera y solos, luego en el patio del colegio o en los pasillos o entre clases cuando están en grupo, se trasformen en personas… no, personas no, en seres hostiles que usan las palabras como afilados punzones atacando a quien menos lo merece, a quien debería estar más protegido, más incluido, al diferente, al que está triste, al que tiene un problema, o al que lo tiene por ir a la escuela. Porque cuando alguien se siente inseguro se vuelve vulnerable y basta que cualquiera que se hace fuerte parapetado entre otros, le señale su indefensión y desde esa artificial fortaleza, resalte lo que le aflige, lo que le preocupa, sus miedos o sus fantasmas, para que se vuelvan abrumadores, consiguiendo la dudosa hazaña de dañarle gravemente.

Reconozco que duele lo que decís, para eso lo hacéis, pero haciéndolo perdéis el epígrafe de de seres humanos, porque ser humano es tener la capacidad de pensar, amar, reflexionar, interactuar con otras personas y escoger la manera de hacerlo. Quien escoge la crueldad se deshumaniza.

Tal vez quienes haciendo esto se consideran normales tengan miedo a lo que ellos piensan que no es normal, que es diferente, da lo mismo que sea alguien de otra raza o de otro país o que vista o sienta de otra manera, que tenga una discapacidad o que su familia se haya roto o se haya formado de manera distinta a la suya. Cualquier cosa que no entiendan la rechazan y su forma de rechazarla es el desprecio y la ofensa. Esa incomprensión es en realidad ignorancia.

Los padres creemos que nuestros hijos están a salvo en el colegio. Pensamos que al colegio los niños van a remediar la ignorancia no la ingenuidad y para aprender a estar con los demás, a estar bien -se supone-, sean iguales o diferentes. Que se trata de formar personas, de edificar futuros, y en cambio parece que algunos sólo levantan muros desde los que arrojar palabras como piedras. Ojalá esta carta sirva para desmoronar alguno de esos muros.

Tal vez aún se esté a tiempo de conjurar algún valor arrinconado, de recordar aquello de “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”  y transmitir el coraje para decir “se acabó”, “yo- -ya- no- más…y tu tampoco”. Se necesitan muy pocos valientes para parar a muchos cobardes.

Ojalá lleguen estas palabras a algunos de los que ponéis las cosas tan difíciles a otras niñas o niños porque no habéis aprendido a poneros en los zapatos de los demás. Pensad que un día necesitaréis -seguro- que alguien se ponga en vuestros zapatos, y sentiréis en vuestras propias carnes toda la incomprensión con la que ahora tratáis de dilapidarles, porque no podréis esperar otra cosa, porque cuando seáis el débil, el preocupado, el triste, otros como vosotros ahora, planearan con su sombra sobre vosotros, intentando asustaros más, debilitaros más, entristeceros hasta llegar al límite. Y si en vuestra osadía llegarais a empujar a alguien más allá, hasta donde no se vuelve, disimularéis ante todos y ante vosotros mismos, intentando no saberos culpables. Pero no podréis. Ya ha sucedido.

A lo peor pensáis que la crueldad es un juego, como esos juegos virtuales donde los personajes no son auténticos y que os entretiene el jugar a perseguir y acosar incluso probar a pasar de nivel y lo contempléis como un pasatiempo con el que sentiros valientes y fuertes, aunque sea mentira.

Lo mismo algunos de vosotros tenéis miedo a que si dejáis de hacerlo, si dejáis de apoyar a los que lo hacen, los demás se vuelvan contra vosotros, os miren y descubran que también tenéis diferencias o heridas que escondéis haciendo el eco a las burlas. O aún peor, que penséis que esto no va con vosotros, los que no habéis insultado pero que tampoco habéis parado los insultos. Mirar para otro lado no os hace distintos… Ah!, se me olvidaba! de eso se trata ¿no? De no ser diferente.


Pues si de eso se trata ser iguales, qué suerte, pese a vosotros, el ser diferente.







Piedra, Papel y Tijera
Todos somos diferentes, pero la amistad nos hace iguales.
Posted by Etapa Infantil on Miércoles, 2 de marzo de 2016

Celebrar el compartir.

Hace un año vio la luz “Mariposas en el corazón. La adopción desde dentro”. Un libro que en realidad es la reflexión que cinco mujeres hemos hecho de nuestra maternidad adoptiva, en el que partiendo de un objetivo común: ser madres, cada una de las cinco volcamos nuestra experiencia poniendo énfasis en lo que más nos marcó  en nuestra lucha por conseguirlo.

Ser madre y sentirse madre son cosas diferentes, quien adoptó lo sabe. No es un juez o una administración la que te hace sentir madre de un niño que no ha nacido de ti. Eso queda patente en el libro, en cada historia. Está claro que son ellos, los niños y tú misma la que conquistas ese sentimiento, en ellos –si se dejan- y en ti, y  sientes que has llegado a conquistarlo cuando un buen día (no importa el tiempo que pase), te das cuenta de que todo en ti respira y emana maternidad. Técnicamente se dice que el vínculo se ha consolidado. Pero de tecnicismos están las familias adoptivas llenas y lo que más necesitamos es que nos ayuden a explicar y a entender las emociones que experimentamos esas personas de carne y hueso que pasamos por mor de la adopción de la sublimación a la realidad cotidiana.
Particularmente lo que más me costó fue vincularnos entre nosotros. Siendo como son ellos y yo personas cariñosas de formas y ávidas de cariño, sin faltar muestras de ternura y afecto, había una cosa que me costó mucho percibir en ellos: el sentir que de verdad les importaba. Sus palabras de cariño eran caricias necesarias, pero más allá de los besos, que aprendieron a dar conmigo yo necesitaba sentir que para ellos era algo más que una jefa de suministros o un facilitador, ambos son supervivientes y ambos tienen muy bien desarrolladas desde muy chicos las habilidades sociales necesarias para sobrevivir, y siendo consciente de la relevancia que ello tenía y admirándoles por eso al mismo tiempo, era eso mismo lo que me hacía sentir un vacío de contenido afectivo (que no afectuoso).
Hoy miro hacia atrás y sé exactamente el punto de inflexión donde todo empezó a cambiar. Lo volqué en el libro porque sé que muchas madres se han preguntado las mismas preguntas que me hacía yo y están tan asustadas como lo estaba yo entonces…

Uno de esos momentos en que sabes que se produce un avance en este sentido, un enorme paso, sucedió una tarde en que estábamos los tres en el parque y los niños andaban jugando en los columpios. Yo, que me estaba quedando fría, empezaba a resentirme de la garganta, así que busqué con la mirada algún sitio donde diera el sol y estuviera resguardado del viento que soplaba frío pese a lo brillante del mediodía. Localicé un parterre resguardado del viento y al que le daba el sol, un poquito más allá de donde jugaban ellos. Cuando iba para allá de pronto mi hijo se bajó del columpio y vino corriendo llamándome:

– ¡Mamá! ¡Mamá! ¡No te vayas, mamá!
–Pero si no me voy.
–Ven, ven, mamá. Ame la mano –y me condujo al banco más cercano a donde ellos estaban jugando–. Séntate aquí, mamá, ¿vale?

Y allí me quedé, helada de frío, pero con el corazón calentito, flotando en una nube, creo que en el rincón más umbrío y ventoso de todo el parque…

Lejos quedaron aquellas veces que en ese mismo parque mi hijo recién llegado y con paso inestable echaba a caminar justo en dirección contraria adonde estuviéramos, como si quisiera huir de nosotros y de todos sin mirar hacia atrás ni contestar, por muchas veces que le llamáramos. Al final no había más remedio que correr «atraparlo» y traerlo a regañadientes enfadado y berreando.

Poco a poco su actitud iría cambiando. Había empezado por pedirme que no me fuera sin él a la calle o a buscarme por la casa y traerse los juguetes adonde yo estuviera para estar conmigo. Hacía tiempo también que ya no se iba con cualquiera indiscriminadamente como al principio, diciéndome adiós con la mano como para que me fuera y lo dejara con quien quisiera que en ese momento le hubiera tomado en brazos.

Ese día del parque hacía más de un año que estaban conmigo y fue la primera vez que sentí que mi hijo necesitaba que estuviera allí, cerca, mirándole. Ese nuevo momento de pertenencia que vivimos dio paso a otras muchas señales que indicaban que en sus corazones también empezaba a germinar ese amor substancial y necesario.”

(Ni mudable ni provisional. Mariposas en el corazón. La adopción desde dentro.)

Recordar todo esto y compartirlo es mi manera de celebrar con quien lea esto, ese libro y todo lo que significa y contiene. Un libro que el día de mañana ayudará a nuestros hijos a entender nuestra historia y tal vez un poquito más a sus madres, un libro que me ha ayudado a ordenar emociones y sentimientos, a naturalizar muchas etapas que hemos tenido que superar y del que me siento muy orgullosa, porque es el primero que trata de adopción desde dentro, sin teorías ni tecnicismos, solo sentimientos, los de verdad, los de sentido positivo por supuesto, pero los dolorosos también. Como la vida misma, adopción en estado puro. 

Celebrar la vida juntos.


Querido hijo , querida hija, esta noche cuando os de el beso de buenas noches, el penúltimo del día, ese que os doy cuando estáis dormidos justo antes de acostarme, os diré otra vez a cada uno al oído y bajito “te quiero, para siempre”, y digo el penúltimo porque a veces cuando en plena noche me despierto, por la razón que sea, siempre me paso a observaros dormir, los dos tan sosegados, aprovecho ese sueño profundo que tenéis casi siempre para cubriros de besos, besos que sé que vuestro corazón y vuestro cerebro recoge, no ya y sólo por resarciros del tiempo sin arrumacos, sino de manera egoísta también por todo el tiempo que yo estuve sin poder disfrutaros.
Este mes cumplimos años juntos, años desde que nos conocimos, y después celebraremos también el aniversario desde que por fin empezamos a vivir todos juntos.
No sé quien, ni en donde, si en Kazajistán o en el cielo, -si es que existe más allá de vuestros abrazos-, decidió que estaríamos juntos. No sé qué casualidades nos congregaron aunque soy muy consciente de las causas que nos han reunido, esas cuyas emociones hemos tenido todos que trabajar, que dejar aflorar, y con las que hemos aprendido a convivir - las heridas emocionales tienen cicatrices tan grandes que a veces supuran o se abren sin avisar-,para llegar a ese punto mágico en el que todos nos encontramos bien.

Mi querida hija, sí,  ya has vivido la mitad de tu vida con nosotros, a ti te ha costado todo un poco más, a nosotros contigo menos. Tu forma de ser, tus experiencias, y las que no has tenido, tu yin y tu yang, la ingenuidad que habita en ti y que se escapa delatora por el rabillo de esos lindos ojos de almendra tostada dulce, han sido las constantes de nuestro viaje juntos. Cada vez que te miro me siento orgullosa y sorprendida  de la armonía de tu belleza. No deja de conmoverme tu devoción, tu necesidad de abrazos, esa avidez de cariño que no sacias nunca, todas las cosas que te configuran hacen de ti alguien esencial.  Ahora estás empezando a mirarme a los ojos a la misma altura y eso me permite descubrir muchos matices nuevos que aparecen en ti, que ya están aflorando que tú también estás descubriendo y que muchas veces ni tu ni yo sabemos recolocar. A veces pienso que cada uno de los rasgos del carácter de las personas es como una prenda de vestir que tenemos en el armario de nuestro interior, que si de pequeños asoma una manga apuntando maneras, en la adolescencia descubrimos que todas son talla XL y que es a lo largo de la vida con mayor o menor fortuna que vamos entallándolas, a veces zurciendo otras haciendo encaje de bolillos, para ataviarnos  a medida con las habilidades que vayamos necesitando.  Tranquila, tu fondo de armario es todo de alta costura.

Mi pequeño saltamontes, sigues queriendo ser mi bebé y eso me encanta, espero que te dure mucho porque siempre vas a ser mi “niño chico”, pero en cada abrazo ya beso la cima de tu cabeza sin apenas tener que agachar la mía y me estremece lo rápido que ha pasado este tiempo, sin duda también ese estremecimiento me lo provocan esos abrazos a los que tengo adicción y en los que vuelcas toda tu dulzura; invariablemente, cada vez que me abrazas pegas tu oreja a mi cuerpo, -hace poco a mi ombligo pero ahora ya llegas a oír mi corazón acompasado al tuyo-, y abrazado a mí te demoras unos momentos,  como si ese abrazo fuera un oasis en tu vida. Y tú mi torbellino eres en ese gesto, la persona que más paz me trasmite.

No sé si el abuelo de la luna, o el destino enredado como un ovillo de hilo rojo nos eligió , pero sí sé, mi querida familia, que yo os elijo cada día, que me levanto y acuesto por vosotros, por los tres, que disfruto más si lo que hago lo comparto con vosotros y que sois la causa de  todas las emociones que me invaden cada día, hasta nuestras guerras y guerrillas -que las hay y muchas porque la vida es dura y las reglas incómodas-, porque con ellas hemos aprendido a renovar los pactos y a firmar compromisos, y cada día (es lo bueno de vivir donde lo hacemos) siempre siempre sale el sol.

Es nuestro aniversario, celebramos el que para todos la vida dio un giro no por esperado menos sorprendente y pasamos a formar parte indivisible e incondicional de la vida de cada uno. Festejamos el aniversario del nacimiento de nuestra familia. Como todos los nacimientos fue un milagro. Nuestro milagro.

Os quiero hasta Kazajistán y volver, porque hasta que conseguimos tener lo que hoy celebramos, para mí Kazajistán llegó a estar mucho más lejos que la luna y el sol. 

De septiembre a septiembre.


Desde aquella noche, cuántas veces le he preguntado al viento qué hacer en cada decisión importante de mi vida, en cada proyecto, en cada fracaso. Cuanta pena contenida en ese vacío que notas cuando miras alrededor y apenas queda nadie que te sostenga, alguien tan del todo incondicional con toda la paciencia y sin apariencias con quien compartir si o sí las penas y también las risas, las propias y las de mis propios. Esas pequeñas y grandes cosas.
Cuánto daría por saber qué piensas de mí ahora que tengo la edad con la que te marchaste. Con tu serena sabiduría, qué me ayudarías a perdonarme y qué me animarías a hacer... Tengo también millones de "no hagas esto" que dejaste en mis oídos cuando niña y adolescente y que ahora ya no son tuyos, sino míos, y me toca recibir con  el mismo tono de fastidio los  “vale mamá lo que tú digas” y oigo a mis hijos con mi voz y mi postura de entonces y no te busco porque te llevo dentro, ahora soy madre como tú y te tomo el relevo en la rutina de este a veces ingrato trabajo de educar y te comprendo, ahora sí, desde este lado de la orilla, sí. Y la tuya es una de esas ausencias que crecen, porque te sigo necesitando, aunque últimamente me paso  la vida reencontrándome contigo, en el espejo, desde donde me miras, -cada día nos parecemos más-, en el reflejo de las pupilas de mis hijos que me miran para bien y para mal de la misma manera en que yo solía mirarte, a veces como si te tuviera una manía infinita, y otras con toda la sublime admiración que un hijo puede sentir por su madre. Y es ahí donde más te añoro, porque siento el vértigo de la responsabilidad y tengo miedo a no ser digna de esa devoción todavía infantil, como si fuera una impostora que recoge un premio que no le corresponde…Tu lo hiciste lo mejor que supiste pero no parecía que tuvieras que esforzarte y a veces a mi ¡me cuesta tanto!
De septiembre a septiembre, otro año a sumar de los que he vivido sin ti. Más de media vida con ese sentimiento de orfandad, de soledad no consentida, el hueco que dejaste no se llena con nada. Llevo más vida sin tenerte a mi lado –físicamente-, que la que pude disfrutar contigo, de ti. Y me pilló por sorpresa aunque era una partida anunciada . Sucedió una noche de las primeras de otoño que aquí siguen siendo noches de verano…
23 de septiembre 1988

Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!.

ANTONIO MACHADO

Campos de Castilla (versión de 1917).

Otra vez estamos en otoño.

Google me dice que este es el primer día de otoño. Donde vivimos apenas tenemos estaciones, aparte de las de servicio. Me da miedo el otoño. Es esta una de esas etapas que te sacuden la vida, te la mudan de hojas y te dejan pelado, emocionalmente desnudo ante los fríos de los inviernos más desoladores, más solitarios, los del corazón.

 A pesar de todo, siempre me gustó el otoño pese a sus zancadillas, pese a que en sus días se concentran mis despedidas más dolorosas. Pero también, con esos contrapuntos brutales que te otorga la vida para que la sigas admirando, mis mejores recuerdos, cuando la vida me ha hecho un antes y un después, también se han creado en esta estación de cambios, que cuando ha tocado cambiar ha sido a lo bestia.Tanto para mal como para bien.

Esperemos que en este otoño no haya que añadir recuerdos amargos al álbum de recuerdos. Cruzo los dedos (hasta los de los pies) para que sea un otoño tranquilo. Tengo confianza aunque esté algo desgastada a fuerza de desengaños, que este año en esta etapa de transición que es el otoño, para adecuar la naturaleza al frío sea suficiente con ir pasando de una en una y tranquilamente, las hojas del calendario y en cada aniversario no sea solo dolor y vacío el que recordemos.  28 años, desde la muerte de mi madre que se cumplen esta semana, cuatro desde la de mi hermano, ocho desde el cáncer felizmente superado de Eduardo…Que nos permita la vida y sus sorpresas que sus pruebas sean oportunidades y no tribulaciones. 
Para esperar lo mejor, voy a poner énfasis en los bonitos recuerdos que también han mudado todas las hojas a mi vida y la han renovado para bien:
 En noviembre me casé con el compañero de mi vida en un día maravilloso lleno de hojas amarillas del otoño granadino, en un otoño  a 7500 kilómetros de distancia me convertí en la madre de mis hijos, en otoño presentamos “Mariposas en el corazón”, otra vez con Granada como escenario…


Saludo este otoño con un brindis, porque este sea, para todos, un otoño  de esos que nos llenen la vida de colores, las fotos de sonrisas y permitan que sigamos con el corazón calentito arrimados a todos nuestros seres queridos, sanos y felices.

Tu hijo y el mío cumplirá años mañana.

Esta noche antes de que tu hijo y el mío cumpla 9 años, -siete de ellos conmigo-, y desde la oscuridad de un recuerdo que ni él ni yo tenemos de ti, quiero reservarte un hueco en mi pensamiento. Cómo no hacerlo en este aniversario de su alumbramiento, en este día en que celebraremos  que vino al mundo, porque lo trajiste tú. Pariste un ser que sin conocerte te quiere, que sin saber apenas de ti se preocupa porque no le olvides, por tus pensamientos y por tus sentimientos y que sin entenderlo, perdona el que no pudieras cuidarlo.
 Diste a luz a un ser lleno de luz, un ser especial como pocos que vive y hace vivir intensamente a quien comparte su vida, su espacio o su momento, que te hace mirar un mundo que ilumina con sus ojos y convierte en un sitio mejor y mágico, pero, ¿cómo unos ojos tan pequeñitos y oscuros pueden proyectar tanta luz? Te lo estoy contando y el corazón henchido de orgullo se me escapa por las manos que teclean. No puedo dejar de pensar que esos ojos provienen de ti, que nuestro hijo es como un muñeco de madera al que tú le diste la  vida que proviene de tu tronco, de un trozo de madera preciosa y noble, que le hace ser el muñeco más bonito y divertido del mundo y yo soy el carpintero que podrá darle forma, luchar porque no se convierta en marioneta de nadie, en un títere de la vida.
Soy muy consciente de que mis hijos son extraordinarios porque la materia prima de la que están hechos es extraordinaria. Si, con vetas y nudos que tal vez no les transmitieras tú, pero si tus circunstancias. Porque mis/tus hijos son producto de ti y de tus circunstancias, y ahora de las mías también, como lo es mi familia de la que formas parte, por eso esta noche antes de que tu hijo, el mío cumpla 9 años quiero enviarte un fuerte sentimiento de orgullo y de afinidad contigo, porque hoy celebraremos su nacimiento, celebraremos la vida que tu le diste. 
Es una situación de lo más extraña. Me duele profundamente el que no puedas disfrutarlo, pero al mismo tiempo entiendo que si tú estuvieras en mi puesto no hubiera habido un lugar para mí, yo no habría tenido hueco en sus vidas, ni tendría sentido como tú lo tienes para mí hoy. Y me siento un monstruo egoísta porque han tenido que sufrir el no tenerte para que yo haya podido disfrutarlos, amarlos y sentirlos tan míos, que daría todo por ellos, que lo estoy dando ya.

Ya no podría vivir sin ellos y no sé si tu puedes hacerlo, algo me dice que hoy en tus entrañas sentirás un hueco más profundo que esta noche en la que no puedo por menos que traerte a mi memoria vivamente como sé que lo estás en la de mis hijos que, por ser como son, por ser como tú, te honran.

Mercedes Moya.

Explicar la muerte a los niños

Mi hermano pequeño falleció en Noviembre del año 2012.

Nuestros hijos sabían que su tío Carlos estaba malito, no porque fuera evidente, que la mayoría del tiempo no lo era, salvo hacía poco tiempo, ni porque mi hermano se quejara jamás. 
Estaba hecho un campeón.

Unos días antes de marcharse fuimos a verle, al final si que le agotaban las visitas... pero no quiso perderse el truco o trato de Nacho y Diana y cuando la tarde posterior a Halloween le mandé las fotos de nosotros en casa disfrazados, enseguida me mandó un wasap para que fuéramos a verle y darles a los niños los caramelos que les tenían preparados...


Fuimos y pasamos un rato genial, Nacho inclusive le ayudó a pelar un caramelo "mira tito es muy fácil  ves?" y se lo puso en la boca con un cariño y una delicadeza que suele guardar para momentos que convierte en tiernos, entrañables e inolvidables.

El día que mi hermano se marchó mis hijos presenciaron sin remedio el trajín de médicos y ambulancias y luego mi hijo me explicaría: 
-Mamá, mamá!  “dos policías” se han llevado a tito Carlos, porque se ha caído y se ha hecho daño... hacían iiiuuu...iiiuuuu...
Le explicamos que no eran policías,sino médicos y que los coches eran ambulancias...
Al día siguiente de su muerte nos reunimos  a comer en nuestra casa y después del postre hablamos con Nacho y Diana.
En nuestro salón tenemos un cuadro de mi madre en el que está guapísima y mis hijos saben que ya no está y porqué, saben del cáncer y saben que también hay personas que luchan y le ganan, -como su padre- y  Nacho sabe que no está porque de luchar contra esa enfermedad  tan grave se le acabaron "acabando las pilas"...
-Sabéis quien es la mujer de ese cuadro?
-Sí, la abuela Petra, tu mamá, la de tito Pedro y la de tito Carlos..., dijeron al unísono.
-Eso es... y sabéis donde está?
- En el cielo!
Nacho dijo...”se le acabaron las pilas..."
-Eso es...
-Bien, pues tito Carlos se ha ido con ella, porque a él también se le han acabado las pilas.
Diana lo entendió enseguida y vino a abrazarse y me preguntó si no lo íbamos a ver mas... y mientras estaba sentada en mi regazo (qué grandota es) y dejaba fluir sus emociones, Nacho dijo una frase que lleva oyéndome mucho tiempo:
-“Aquí no se muere nadie!” (yo además solía añadir “está prohibido morirse!” ….cosas que una dice, coletillas…tontadas…)”No es verdad, tito Carlos se lo ha llevado la policía porque se ha caído y se ha hecho daño!”
-Se lo llevó la ambulancia porque estaba muy malito.
-Y después se le paró el corazón?
-Sí...
-Se le acabaron las pilas?
-Y está durmiendo?
-No, cariño se ha muerto…
-Y ya no respira más?
-No, ya no…

Diana llorando preguntó si “ya no estaba más “ y si “lo íbamos a ver más” y le explicamos que lo verían siempre que lo recordaran, que era muy fácil pensar en él y verlo.
-Y está con tu madre?
-Sí, que también es su mamá…
Y Nacho dijo:
-Quiero jugar a un video juego!
Lo dijo con tal desparpajo, que nos hizo relajarnos a todos. No fue un “no quiero saberlo” sino más bien como diciendo, “vale,…entonces está bien.”
Luego cada día vendrían las preguntas de y ya no está más? Y no lo vamos a poder llamar?
Y Diana preguntando cómo era morirse, si se dejaba de respirar, si era como dormirse y si tito Carlos podría soñar….
Y cuando llamamos a tita Ana por la noche, para saber cómo seguía, Nacho le preguntó que si estaba triste porque tito Carlos se le había apagado el corazón..
Y esta mañana sin más me ha vuelto a preguntar si ya no lo vamos a ver…
Con Dianan hablo mucho y me pregunta todo lo que se le pasa por la cabeza y yo trato de contestarle y me ha visto llorar, ella sí ha visto a mi hermano malito, en los últimos días, y sabía de mi preocupación y sabía porque a veces no volvía a dormir a casa o me iba después de darles de cenar acostarlos y regresaba tarde, muy tarde.
No sé si se lo hemos explicado bien o no,nada había preparado, en estos casos a veces puede que los manuales sirvan de ayuda, pueden ser una referencia o a veces tienes que dejar que tu intuición sea la que dicte como hacerlo, porque la verdad es que la vida cuando no se presenta fácil, resulta tan difícil de explicar cómo la muerte. 





 

Monica, de la fundación Izas la princesa guisante madre de Izas e Ixeya me ha hecho llegar esto, ella sabe lo que es, lo que supone, tener que tratar de explicar lo inexplicable.
Yo traté con mis palabras de consolarla a ella, de acercarme un poco a su dolor,desde el que yo ya conocía, pero ahora releyendo lo que le escribí en aquel post "la sombra del dragón era negra y alargada" me doy cuenta de lo lejos que me encontraba...

Cómo ayudar a los niños  en la muerte y el duelo por un ser querido


Fuente: New York University Child Study Center
Fecha de publicación: 15/11/2012
La muerte de un abuelo, un padre, un hermano o un amigo es un trance por el que se puede pasar durante la niñez. No se debe ocultar la realidad a los niños ni protegerlos de la muerte, pero sí ayudarlos en el proceso de duelo. Te explicamos cómo.
La muerte, para un niño, significa algo más que la pérdida de la presencia física de la persona. También puede sufrir algunas pérdidas secundarias:
  • Pérdida (y cambio) de su identidad o la personalidad. Puede cambiar, además, su rol en la familia.
  • Pérdida (y cambio) de la seguridad en sí mismo, tanto a nivel emocional como físico.
  • Pérdida (y cambio) del significado de algunas cuestiones. El niño puede reestructurar y reevaluar las metas y los sueños de su vida.
Los niños suelen expresar su dolor ante la muerte a través del comportamiento, de las emociones, de las reacciones físicas y de los pensamientos. Su respuesta depende de varios factores: el tipo de muerte, la reacción de sus padres o personas cercanas, su personalidad o incluso la estructura y la relación entre los miembros de su familia. Los problemas de aprendizaje o patologías de salud mental pueden resultar ser un factor que complique la reacción del niño o del adolescente en estos momentos de dolor.

En todo caso, se puede ayudar a los niños a sobrellevar el duelo de diferentes maneras. Ten siempre presente la edad del niño, la situación y el contexto de la muerte:
  1. Dile la verdad al niño. Ocultarles información confunde a los niños y acaban por desconfiar de lo que se les cuenta.
  2. Sé simple y directo. No uses eufemismos del tipo “se ha quedado dormido” o “lo hemos perdido” cuando te refieras a la persona que ha fallecido.
  3. Tranquilízale si sugiere de alguna manera que tiene la culpa de la muerte. Este es un sentimiento recurrente en los niños.
  4. No ocultes tus emociones y explícale qué sientes tú. Esto le ayudará a comprenderse a sí mismo. Guárdate los sentimientos más intensos y dramáticos para los momentos privados en presencia de otros adultos.
  5. En la medida de lo posible, déjale participar en las rutinas del hospital, si se trata de una persona enferma, o asistir al funeral. Le ayudará a comprender mejor la muerte.
  6. Anímale a que hable y haga preguntas acerca de la muerte. Pídele que te explique cuáles son sus sentimientos y pensamientos.
  7. Consuélale siempre que manifieste alguna emoción fuerte.
  8. Déjale que se exprese. Por ejemplo, sugiérele que escriba y plasme lo que siente en un diario personal o que lo haga usando cualquier otra expresión artística.
  9. Acepta y normaliza las expresiones de emoción del niño.
  10. Habla con él o ella siempre que le haga falta.
  11. Ofrécele apoyo extra en sus tareas escolares y sus obligaciones sociales durante el periodo de duelo.
  12. Intenta comprender cuál es su manera de hacer frente a la muerte.
  13. Habla y busca el apoyo de otros adultos (profesores, entrenadores, monitores…) que estén en contacto con el niño.
  14. Controla la respuesta del niño en el tiempo. Tras el primer año después de la pérdida, un 10% o un 15% de los niños puede sufrir problemas, principalmente en forma de depresión. En caso de necesidad, hay que consultar a un especialista en salud mental.
  15. Explícale que conservar los buenos recuerdos que ha vivido con su ser querido, y mantenerlos, le ayudará en el futuro.
Los niños, al igual que los adultos, experimentan la pena y el dolor a su manera. Los sentimientos cambian con el tiempo pero, en ocasiones, el proceso de duelo continúa durante toda la vida. Sin embargo, a medida que pasan las semanas y los meses, el enfoque emocional intenso y los sentimientos pierden importancia ya que se restablece el equilibrio en la vida y, sobre todo, los niños y adultos refuerzan los recuerdos positivos.

Fuente FAROS Sant Joan de Deu:
http://faroshsjd.net/item.php?id=2482&hash=31e77694905f37de4d9d5cb39a5cbf8b&idioma=1#.UKTMNeu_gGo.facebook


(Gracias Monica por el enlace)







Dando alas a nuestros hijos.

Acaba de ver la luz el cuento"¿De qué color es mi mariposa?"

Se trata de un cuento para ayudar a los niños a explicar su adopción de una manera sencilla, franca, natural.

 Valentina, su protagonista,  es una niña que habiendo sido adoptada y estando perfectamente integrada en su casa y en la escuela, un día tiene que contar la historia de su familia en el colegio, como deben hacerlo todos los demás niños, y Valentina no hubiera tenido problemas en contarlo pero de pronto, se siente insegura porque un niño le ha dicho que sus padres no son sus padres de verdad…

No es una fábula, no es ficción, nuestros hijos han de enfrentarse a situaciones parecidas con frecuencia: “tu madre te abandonó”, “ tu madre no te quería”, “esa no es tu madre de verdad, esa es tu madre falsa” “esa es tu madre postiza”, más aún si las diferencias étnicas  son acusadas, esto les debilita y les hace sentirse incómodos cada vez que toca hablar de la familia en círculos como la escuela, el equipo de: gimnasia, natación, futbol, baloncesto, judo, aikido (táchese lo que no proceda).

Las madres lo vivimos con frecuencia, a veces los niños lo comparten y otras tenemos que adivinarlo. No es difícil, regresiones, irascibilidad, malos comportamientos, retraimiento,  y con un poco de suerte y mucha mano izquierda, terminamos enterándonos, pero ¿qué pasaría si nuestros hijos pequeños pudieran contar su historia de una manera fácil, si ponemos en valor su biografía y además les inculcamos lo maravillosamente especiales que son?

Si desde pequeños normalizamos ese trozo de su vida que ha resultado diferente, le quitamos hermetismo y les dotamos de palabras, les invitamos a que se sientan importantes,  les recalcamos que fueron muy deseados y les mostramos que su realidad tan sólo es distinta y que pueden hablar de ello con seguridad, poco a poco irán adaptando sus respuestas a su momento madurativo, pero con una base de confianza que les ayude a construir una autoestima fuerte y sólida.

Este cuento ha nacido de las sinergias que nos impulsan a trabajar para dotar de herramientas a los niños que las necesiten para poder contar su historia, ayudándoles a ponerla en valor, empezando por nuestros propios hijos.

María Martín Titos tuvo la idea, y quería elaborar una historia que narrara las dificultades y trabas con las que nuestros hijos tienen que lidiar y además le hacía ilusión que fuera un cuento trabajado en equipo y cuando me presentó la historia para que la elaboráramos…Se produjeron una serie de “coincidencias”, de esas “casualidades” que hacen que las cosas se hagan realidad necesariamente. Por ejemplo a las dos nos gustaba el mismo nombre para la protagonista y la visualizamos de forma muy similar. María además dio nombre a la mariposa que su imaginación había dado vida y yo di vida a la mascota de la protagonista a la que sin tener ni idea la llamé como la primera mascota que María había tenido… Ella en Granada y yo en Almería pero de nuevo fue tan fácil trabajar juntas en esa maravillosa idea suya, elaborarla y realizarla, que enseguida quisimos hacerla realidad.
Así coincidimos en pedir su colaboración de Iratxe Serrano para el prólogo y que fue la primera persona con la que quisimos someter a prueba nuestra historia, como pedagoga, y adulta adoptada, quisimos conocer su opinión y no pudo ser mejor. Y para las ilustraciones contamos con Mª José Sánchez Megía,  que aunque su profesión está relacionada con el mundo de la arquitectura, su vocación creativa fue la que  dio color y vida a Chano en ¿Yo tengo dos mamás?Y que ha trabajado mucho junto a nosotras para que Valentina y su mariposa Monarca tuvieran vida y color en el papel, esa expresividad tan especial que ha conseguido y esa magia que ha sido capaz de plasmar en cada escenario, en cada momento de nuestra historia.

Hemos hecho un gran esfuerzo, han sido muchas horas, muchas reflexiones, muchas risas también, muchas horas robadas al sueño, las tres madres adoptivas con dos hijos cada una y sin parar unas vidas agitadas ya de por sí. Pero creemos que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Estamos muy orgullosas y sobre todo convencidas de que este cuento ha de llegar a la escuela, a los niños, adoptados o no, para que entiendan y normalicen la adopción. Tema que abordamos en "¿De qué color es mi mariposa?" sin ambages y estamos convencidas de que esta historia tendrá, como dice María, alas para volar muy alto y muy lejos.

Mercedes Moya.



Asumir primero para ayudar a asumir después.

Cuando emprendí el camino de la adopción  hace 10 años una de las cosas que creía tener más claras era que yo sería la única madre de mis hijos. Hablaba con otras madres adoptantes y decíamos cosas como “madre es la que cría”, “madre es la que cuida”, “madre es la que ejerce”…  y buscábamos juntas en aquella larga espera una manera de nombrarla.Buscábamos maneras de referirnos a ella cuando nuestros hijos nos preguntaran. Sabíamos que llegaría el momento.¡Pero ignorábamos tantas cosas!
Entonces todas teníamos como tatuado el “madre no hay más que una”. Ahora sé que en adopción esto no es así. Pero hay que asumirlo y no es fácil.
Después de tener a mis hijos, tuve que evolucionar, tuve que afrontar desde muy pronto la existencia e importancia de su madre biológica porque ella estaba en el corazón de mi hija y no podía eludirla, ni apartarla, ni mostrarles mis sentimientos encontrados con ella.Tuve que hacer una labor de  transformación que casi ha sido una metamorfosis.
Y con cada uno de mis hijos ha sido distinto, pese a ser hermanos biológicos sus vivencias, su actitud y reacciones han sido muy diferentes. Como en casi todo, lo que me sirve para uno no me funciona con el otro.
En AFAM  Asociación De Familias Multiétnicas (Granada) me han pedido que cuente cómo ha sido ese viaje
 Será en Granada el día 14 de mayo a las 16:45h en el Centro Cultural Caja de Granada.
Hablaremos, si os apetece, de esa trasformación, de ese recorrido desde “la señora que te tuvo en su barriga” a “tu madre de nacimiento”.
Estoy deseando compartir mi experiencia y conocer y aprender de las de otras madres.

Un árbol, dos hijos, dos libros.

Según dicen para tener una vida plena hay que plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro…pero yo creo que lo que de verdad lo que la hace plena es cuidar ese árbol, velar y luchar  por ese hijo y compartir ese libro.
Tengo la suerte de poder compartir un cuento y un libro, los dos van por la segunda edición en menos de un año y eso me hace sentir muy contenta, porque los dos tienen vocación de acompañar y ayudar.
 Primero nació el cuento “¿Yotengo dos mamás?”  Nació de la necesidad de ayudar a mi hijo a asumir la tremenda noticia de que antes que yo tuvo otra madre, la que lo trajo al mundo, la que “lo tuvo en su barriguita”. Fue un momento duro, días en los que mi hijo pequeño recorrió un camino que le llevó de la mano desde la perplejidad, a la inseguridad y hasta la desconfianza. De pronto su mundo que había vuelto a ser seguro, confiable y predecible se hundió bajo sus pies. Para nada sirvió que manejara de maravilla el vocabulario adoptivo. El enterarse de que tenía otra madre distinta a la única que conocía, que no pudo cuidarle y de la que nada recordaba lo desestabilizó del todo. Y cómo única ayuda posible para que mi hijo saliera de ese bosque oscuro lleno de dilemas en el que el corazón se le había sumido, nació ese cuento, fue producto de la intuición y resultó mágico, le ayudó a salir de él mismo y de su bosque de dudas y miedos.

“Mariposas en el corazón. La adopción desde dentro”, vino casi inmediatamente después y me dio la oportunidad  de compartir para ayudar y acompañar a otras familias que pudieran atravesar idénticas circunstancias y detallar este importante capítulo en la vida de mi familia y otros más que conforman las experiencias que he vivido con y por mis hijos, experiencias intensas con los protagonistas de mi vida, los que me han enseñado todo lo que sé y voy aprendiendo y que sólo ellos podían enseñarme. En el capítulo titulado “Para siempre”, aporto mis vivencias personales y familiares sobre esa figura tan difícil de encajar en el puzle que es la madre de nacimiento de mis hijos, una pieza sin la que el puzle no estaría completo, haciéndole su sitio todos hemos encajado mejor. Pero eso lo he aprendido después, cómo tantas cosas que estoy aprendiendo.


Por eso este año el día del libro para mí va a ser tan especial, y doy las gracias a la Librería Picasso por invitarme, porque voy a poder compartir con quienes quieran hacerlo, esos dos trocitos tan importantes de mí.
Y tengo un árbol crecido y dos hijos creciendo y yo voy creciendo con ellos.

CUANTO CUENTAN LOS CUENTOS

Los cuentos son cómo un idioma especial que entienden todos los niños, de hecho cuando no logro llegar a mis hijos, cuando mis explicaciones son atendidas como si "recitara" jeroglíficos en un idioma extranjero, recurro a los cuentos y noto como los jeroglíficos hablados se vuelven palabras y los sonidos tomaran el ritmo y cadencia de la música del flautista de Hamelín, me siguen y me escuchan.

Me encantan los cuentos, leerlos y escribirlos. Desde pequeña me inventaba cuentos que
leía a mis muñecas –y a mi oso polar de peluche- a la hora de acostarles igual que mi
madre hacía conmigo, ella también se inventaba cuentos, o hacía versiones divertidas de
otros que anduvieron por su infancia, ”La ratita presumida y el pobre ratoncito Pérez” era
uno de mis favoritos, uno de esos cuentos que van sumando pasos y personajes a cada
movimiento que la resolutiva ratita tenía que hacer para conseguir el cucharón de su
vecina para salvar al pobre ratoncito Pérez que estaba “metidito y cocidito” en su olla…
Escribir es una gozada, darle forma a una idea, observar por donde empieza y acaba, cómo va tomando forma y vida propia una historia y luego exponer lo escrito a oídos de mis hijos supone un reto que me hace cosquillas cada vez que sucede. La hora de la verdad, los dos en la cama mirándome y prestándome  toda la atención. Ese momento es una primera vez y cómo todas las primeras veces tiene el brillo de lo nuevo y las sombras de la duda de si gustará o no. Los niños son implacables pero también los espectadores más agradecidos, sus reacciones la mejor medida y la prueba del algodón del calado de la nueva historia. A veces se duermen, a veces no pueden ni quieren hacerlo y me demandan que lo relea una y otra vez. Jueces y parte…

Me gusta escribir cuentos, leérselos a mis hijos y verlos ilustrados es una sensación indescriptible. Tengo la suerte de contar para ello con dos ilustradoras que me conocen y a las que me unen lazos invisibles de amistad admiración y cariño.

María José Sánchez Megía me empujó a publicar de su mano y por sus dibujos “¿Yo
tengo dos mamás?”, una historia muy íntima que ha llegado a la casa de muchas familias
para dar color y palabras a situaciones complicadas de recuerdos o de explicaciones
necesarias.

Y muy pronto  -ya está en maquetación- “¿De qué color es mi mariposa?” con sus
preciosas ilustraciones y una historia mágica escrita a medias con María Martín Titos (con
la que también comparto el libro coral Mariposas en el corazón. Laadopción desde dentro”) y con el prólogo de Iraxte Serrano.
Un cuento que nació por que necesitábamos ayudar a los niños a explicar su historia de
adopción y a poner en valor su historia. ¡Estamos deseando tenerlo ya publicado en
nuestras manos! ¡Qué nervios! Vivir ese momento mágico de tener encuadernado el resultado
de tantas horas, de tantas puestas en común, de tantas risas y de tantas discusiones también. Pero seguro que va a merecer la pena, cada minuto dedicado, cada
idea llevada a la práctica, cada corrección y cada hora quitada al sueño. Porque ha quedado fantástico. Muy pronto lo veréis.

Y mi otra ilustradora Esperanza Noguera, artista y perfeccionista que da a luz y atesora
cada ilustración como una obra de arte, que nunca ve acabada su obra porque siempre
tiene una nueva idea, una nueva inspiración que hará que sus acuarelas aporten más vida
y más sentido a mis personajes. Me habla de ellos como de seres vivos, como de mis seres queridos –y lo son-.

Yo le doy tiempo y ella me devuelve arte, emoción en cada línea de su pincel, cada trazo, cada mancha tiene un porqué cada vacío está lleno de argumentos. Su versión de Tatiana (que en realidad es mi hija Diana) es una maravilla, ha captado su esencia, su carácter, su delicada forma de habitar este mundo.

Hoy es el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil y mis hijos ya se encuadran en los dos
conceptos, mi pequeño que espero que siga muy infantil durante todo el tiempo que los nuevos tiempos lo permitan y mi Princesa de las uñas de fresa bailarina de vocación con bambas y leggins que se pregunta por el sentido de la vida de las matemáticas o relexiona sobre su particular relación con la comida…

Esta noche estrenaremos un cuento, ya estoy nerviosa por el fallo de mi querido e implacable jurado.


Pase de la película "LA ADOPCIÓN". Pase en Almería 11 de abril

Hay tantos procesos de adopción como niños adoptados y adopciones no conseguidas y cada uno cuenta con unos matices, con unas vivencias que tienen en común los sentimientos, la soledad, la impotencia, la desazón, el miedo.
No es fácil tratar de explicar lo que lleva a una pareja a miles de kilómetros persiguiendo un sueño a cambiar las perspectivas, mudar los límites y formar parte como una ficha en un sistema oscuro y viciado donde el único comodín es el dinero. Qué es lo que les mueve a superar obstáculos y a poner en peligro la estabilidad personal, emocional y conyugal, a sellar viejas rencillas familiares y a descubrir resentimientos ocultos. No es fácil que alguien entienda que el deseo de ser padres puede más que la razón, que el miedo o la prudencia. Pero Daniela Fejerman consigue explicarlo, y lo hace contando una historia que trasciende más allá de la pantalla, que te hunde en la butaca a medida que ves cómo sus protagonistas: Natalia y Daniel interpretados por Nora Navas y Francesc Garrido con un trabajo actoral soberbio que se traduce en cada gesto, en cada mirada, a cada frase, van hundiéndose en un proceso pervertido, van forcejeando con una burocracia corrompida, extraviando sus expectativas por despachos y consultas de cínicos funcionarios de los que dependen sus esperanzas, esas que no llegan a perder aun cuando lo creen ya todo perdido, esas que les mantienen en aquel país y les obligan a no cejar en el empeño que casi les descompone como personas y como pareja.
Quiero volverla a ver. La primera vez me sentí tan identificada con la historia que la viví intensamente como si reviviera muchas de mis propias vivencias, y espero en la próxima ocasión poder poner distancia y disfrutar  de cada matiz de la película, de su luz, que es casi otro personaje, de sus diálogos y de esas señas de identidad del buen cine de autor que tanto me gusta.
La película es una historia no sólo de adopción o de PROCESOS VICIADOS es una historia de superación de lucha y de denuncia.
Quien asista a la película y conozca el mundo que describe no podrá sino asombrarse de cómo  se materializan situaciones que casi pueden llegar a ser, en según qué países, generalidades, y quien desconozca el ambiente y la trama que envuelve a la historia que, sin remedio involucra al espectador, no podrá por menos que reconocer que ha asistido a un relato impresionante, casi un documento gráfico de lo que en muchos países sucede con los niños que viven bajo protección de un sistema nada fiable. Desde la negativa comúnmente aceptada de conceder un niño sano a adoptantes extranjeros, hasta la comercialización de los sentimientos filiales. Y que consigue mantener la intriga del desenlace hasta el último momento en el que el escenario vuelve a ser el mismo desde donde parte la historia.
No os la perdáis.
 Mercedes Moya